Antagonismos humanos y el bien común

Por: Guillermo Bedregal Gutiérrez *
El bien común valedero sería la nueva Constitución, aprobada y sancionada por y para todos los bolivian@s. El tiempo presente está cargado de pasiones que enturbian el raciocinio y pisotean la paz democrática por la cual nuestra patria ha luchado y lucha con persistencia y voluntad, porque sólo del razonamiento puede surgir un espíritu común y compartido para la convivencia y el mutuo respeto que abominen la violencia y aparten definitivamente el odio, el revanchismo y la incomprensión. Las discrepancias democráticas propias de cualquier sociedad han logrado construir una cultura de tolerancia y respeto recíprocos. Lamentablemente en los últimos tiempos se han impuesto los excesos verbales que desencadenaron violencia, dolor y muerte. El antagonismo sale de sus cauces legales, atropella al otro y por esos remanentes sombríos del desamor conducen al país al borde del abismo. Es tiempo de rescatar el bien común, el que en la presente coyuntura tendría las siguientes características: a) El bien común expresa el bien de la comunidad y se concreta en bienes comunes, que son concreciones de aquel bien, de los que se benefician todos. b) El bien común es el bien de todos y de cada uno. No es la mera suma de voluntades o preferencias particulares, ni se identifica con el bien totalitario de un todo. c) El bien común es dinámico y vital. No es una entidad estática e ideal, sino que está arraigada en una realidad política concreta, que se mueve, que cambia, que aspira a fines y bienes; a perfeccionarse, en tanto que comunidad formada por personas humanas, por bolivian@s. El bien común, como fin, es sinónimo de búsqueda que posibilita la actualización de bienes concretos. El bien común actual y valedero para todos sería la nueva Constitución, aprobada y sancionada por y para todos los bolivian@s. Un mal irremediable sería la sectorización dogmática de ese texto básico sobre el cual no podría reposar el bien común. d) La búsqueda de bien común se emprende sobre la base de valores/principios éticos universales que son los que movilizan la acción humana. Además el bien común posee una moralidad intrínseca; no es un simple conjunto de “ventajas y utilidades”, sino que implica aspiración a la rectitud en el sentido aristotélico del término de vida de las personas, lo que hace posible la comunión en el bien vivir. La justicia y la rectitud moral se consideran parte del bien común, de allí que ésta exija el desarrollo de virtudes a los ciudadan@s. Un texto de la Constitución parcializado y sectario jamás podrá ser referente institucional para vivir bien, para compartir un destino común de nuestra Patria. Si persisten en trasladar nada menos que la Constitución a los antagonismos, las pasiones y los maniqueísmos que exuda el texto propuesto por el MAS, jamás podríamos construir la paz democrática y los valores humanos (derechos y deberes) afirmados en la majestad de la ley de leyes que no es otra cosa que la armonía social, la equidad económica y la libertad. * Ex ministro, congresal y dirigente del MNR
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