¿POR QUÉ EL DIALOGO NO PROSPERA?
el 27 abr En: POBREZA Y DESIGUALDAD POLITICA Y DEMOCRACIA ECONOMIA Y SOCIEDAD articulos de EDUARDO CAMPOS VELASCO - 1 comentario

(Sin una agenda previa y precisa, que exprese los principales y urgentes problemas del país, cualquier escenario de dialogo está destinado al fracaso)
Por: Eduardo Campos V. *
Una y otra ves, se han frustrado varios intentos de arribar a acuerdos que permitan resolver la crisis que vive el país. Todos hablan de la necesidad de lograr acuerdos, pero – también - se hace muy poco para conseguirlos. En todo caso, indudablemente es el gobierno el principal responsable de esta situación. ¿Cómo llegar a acuerdos, si de manera sistemática mantienen una actitud de confrontación? Es el gobierno que dice una cosa y hace otra. Sin embargo, ese accionar contradictorio del gobierno – en nuestro criterio - no es la única causa que está impidiendo el dialogo y por supuesto la concertación. Más allá de la evidente poca voluntad que tiene el gobierno para alcanzar acuerdos, la falta de una agenda previa y clara que exprese los principales y urgentes problemas del país, impide encontrar salidas a la crisis.
El dialogo no prosperará con una agenda abierta e imprecisa, como tampoco podrá llegar a resultados, si se circunscribe por ejemplo, tan sólo a compatibilizar los estatutos autonómicos y la constitución masista. Así, en un caso, por abrirse mucho, como en el otro, por cerrar demasiado, el dialogo se convierte en un escenario estéril. Por otra parte, si esa agenda no incluye lo urgente y lo importante, tampoco servirá de mucho.
Eso es lo que ha venido sucediendo de manera invariable en los últimos tiempos. Comenzando por la propia constituyente (escenario por excelencia de dialogo y concertación), la falta de una marco referencial de acuerdos (que debió definirse en una pre-constituyente) impidieron arribar a los consensos necesarios que permitan el nuevo pacto social. Más adelante los “encuentros” patrocinados por el vicepresidente (una clara maniobra política), acabaron polarizando aún más las posturas, precisamente por no tener una agenda concreta y concertada. En enero de este año, la reunión del presidente y los prefectos, aún cuando generó mucha expectativa, también acabó diluyéndose en la improvisación. Posteriores intentos - ya en un escenario fuertemente polariza - no han pasado de simples declaraciones de “buena voluntad”, sin llegar siquiera a reunir a las partes.
Entonces uno se pregunta: ¿Por qué el dialogo no prospera en este país?, ¿Qué es lo que impide que los bolivianos podamos ponernos de acuerdo? Con claridad se puede concluir que se debe a la inexistencia de una agenda previa, precisa y concertada. Todos los intentos que se han realizado hasta ahora, has estado basados más bien, en la voluntad política (factor subjetivo), antes que en elementos de la realidad (factor objetivo). Es así que los “encuentros” sirvieron para que las partes expresen lo que les interesaba y convenía y no lo que se requería hacerlo, convirtiendo esos escenarios, en un verdadero “dialogo de sordos”

En ese contexto el gobierno, apremiado por los sucesos que se avecinan a partir del 4 de mayo, finalmente ha vuelto a recurrido a la iglesia católica, “recogiendo” sus propias palabras - de no hace mucho tiempo atrás - cuando sostenía que la iglesia estaba para salvar almas y no para resolver los temas políticos. Felizmente – como era de esperar – la iglesia católica ha asumido el reto. Sin embargo - como están las cosas - es muy poco lo que puede hacer; sobre todo, cuando a la par - el mismo gobierno – se empeña en impulsar acciones en contra de sus adversarios. Pero además, para empeorar las cosas – en un franco estado de “desesperación” – arremete contra la propia iglesia, el último arbitro imparcial de un posible encuentro.
Pero volviendo al tema de fondo - como lo dijimos líneas atrás - el dialogo no se da, principalmente por la falta de una agenda previa y precisa. No es la calidad del árbitro, no es la falta de voluntad política, es la falta de una agenda, lo que nos tiene enfrentados e inmovilizados. La pregunta entonces es: ¿Cual puede ser esa agenda?
La sensatez nos dice que no se puede partir ignorando los problemas estructurales de la sociedad boliviana e intentar – por el contrario - resolver temas periféricos o apenas coyunturales. Nuestros problemas no están, ni en el proyecto de constitución del MAS, ni en los estatutos autonómicos. Nuestros “verdaderos” problemas, son la pobreza, la desigualdad, la baja producción y productividad, sumadas a una escasa inserción a los circuitos económicos mundiales. Es la combinación de esos factores, lo que nos sitúa como uno de los países más atrasados. Entonces, debiera estar claro que tanto, una nueva constitución, como cualquier estatuto regional (departamental) deben considerar esa realidad y partiendo de ella, intentar revolver el presente y el futuro de los bolivianos. No será compatibilizando normas jurídicas (estatutos y constitución) que resolveros los problemas del país. En todo caso, es a la inversa, los estatutos y la constitución debieran convertirse en instrumentos para resolver nuestros principales problemas.

Por otra parte, si en lo estructural, somos una sociedad pobre, desigual, con baja producción y un escaso acceso al mundo moderno; sufrimos también de una debilidad institucional y organizativa que acaban cerrando el círculo de subdesarrollo en que nos encontramos. La desinstitucionalización y la desagregación social, están impidiendo que resolvamos los temas estructurales y a su vez, estos contribuyen a que no podamos superar los bajos niveles de organización e institucionalidad.
El cuadro se complica, cuando nos damos cuenta que sumado a lo anterior, existe una evidente incapacidad prepositiva en términos ideológicos y políticos para visualizar un norte, una salida, un horizonte de futuro. Ese factor propositivo e interpelatorio que organiza la “construcción del sueño colectivo” – en cualquier sociedad - es responsabilidad de las elites intelectuales, de sus vanguardias. Son ellas (los partidos, los niveles académicos, la intelectualidad en general) las que deben entender, interpretar y proponer las soluciones que requiere su colectivo (la sociedad) y no – como esta sucediendo – al revés; que es la sociedad desagregada y corporativizada, la que marca el rumbo de los acontecimientos.
Como verán, más allá de la buena o mala voluntad que expresan las fuerzas contendientes, existen otros factores, lamentablemente no resueltos que impiden que el dialogo derive en acuerdos. Sin agenda clara y precisa que exprese los principales y urgentes problemas del país, no será posible que las diversas visiones de la sociedad boliviana (que por ahora, apenas son una suerte de “bosquejos”) lleguen a acuerdos que hagan viable la construcción de un futuro en democracia, con equidad y desarrollo.
Director de A. C. Cramer
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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