Jimena Costa Benavides*

Hace algún tiempo, más allá de cada día alegrarme de haber nacido aquí —donde aún hay tanto que hacer—, me pregunto si existe alguna lógica en las decisiones que toman las autoridades y los actores estratégicos de la política, especialmente el Gobierno nacional, aunque no sólo él.

Si se trata de ejemplos, recuerden un MNR que optó por Michiaki Nagatani y renunció a articular/rescatar su propia base orgánica; piensen en una ADN que en lugar de ceder el poder a los pitufos prefiere desaparecer; recuerden a Samuel Doria Medina tratando de negociar con el MAS en la Asamblea Constituyente, olvidando que sus bases no son masistas; recuerden a Jaime Paz y Óscar Eid resistiéndose a la democratización interna hasta quedarse sin MIR… Podríamos seguir, pero lamentablemente la lista de errores políticos no es exclusiva de los partidos, vayamos al momento actual.

Branko Marinkovic pensó que apoyando la ´capitalía plena´ de Chuquisaca debilitaba al MAS, pero separó a Santa Cruz de La Paz; los unionistas pensaron que pateando indios se volvían héroes locales y amplificaron la imagen de racistas de los cruceños, más aún cuando su propio alcalde —Percy Fernández— alude a ´los indios´ en algunos de los cabildos. El error de Santa Cruz hoy, es ofrecer 1.000 bolivianos de salario como si fuera una campaña usual, y el peor error es haber iniciado una inflación de expectativas alrededor de la autonomía que siempre corre el riesgo de no poder ser cumplida.

Pero quien lleva la delantera —por mucho— en esto de los autogoles es el Gobierno nacional: desde la protección a dos paraguayos acusados de asesinato, a la repartija de cheques regalito de Chávez, los errores son muchos, pero algunos son peores que otros, por ejemplo, el decapitar el Tribunal Constitucional.

Nada sería eso. Desde el 28 de febrero, el Ejecutivo se ha propuesto —como muchos otros bolivianos— ingresar al libro de Récords Guinnees por ser el Gobierno que más acciones cometió en su propia contra y a favor de los adversarios: aprobar el referéndum constitucional cercando al Congreso, engañando a los representantes de oposición, pegando diputadas, pagando grupos de choque fue sólo el inicio. Cuando la Superintendencia de Telecomunicaciones decidió ´regular´ a los medios era un pésimo momento político, cuando prohíben la exportación de aceite también, la llantina al Alba también, pero la congelada de cuentas a una semana del referéndum ya es el colmo.

Como no sirve de nada decir que eso no debió hacerse bajo ninguna lógica política, porque nadie escucha, he decidido ir por la otra vía: voy a sugerir una lista de estupideces que pueden ayudar al Gobierno a seguirse autodestruyendo, y alguna otra idea para que el prefecto Costas dificulte su fantástico avance.

Al Gobierno: Lleven grupos de choque, provoquen hasta lograr sangre, dicten estado de sitio, declaren sediciosos al Prefecto y al presidente del Comité Cívico y llévenlos a Curahuara de Carangas, mantengan la línea dura y denle manija al ministro Arce. Todo eso les ayudará a desgastarse al extremo y en el corto plazo.

A los autonomistas: Apliquen al 100% el estatuto al día siguiente. Sólo eso bastará para que el Gobierno se reponga y ustedes sean los malos de la película.

*Jimena Costa B.
es analista.