De autonomía e independencia
el 27 abr En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Agustín Echalar Ascarrunz*
Los masistas han logrado consolidar entre su gente, e inclusive en buena parte de la opinión pública, que la idea de una separación de Santa Cruz de la patria decimonónica es una aberración sin nombre, a tal extremo de que proponer un federalismo en Bolivia, o su variante más moderna: la de las autonomías, suena también a pecado nefando.
Independientemente de que, como buen boliviano, no me gustaría ver a mi patria desmembrada, independientemente de que quisiera seguir sintiéndome en mi país cuando vaya a Santa Cruz, lo cierto es que el derecho a la autodeterminación, a la mayor autonomía posible, a la mayor independencia posible, es no sólo inalienable sino que una aspiración absolutamente natural. Perverso es querer ser gobernado por otros, perverso es querer que las políticas que determinarán la vida de uno sean diseñadas en la punta de un cerro, lejos, muy lejos de donde uno vive; y más perverso aún es querer que el dinero que se genera en la zona donde uno vive sea administrado, y en algún caso arrebatado, por un gobierno central. Desde el otro lado, pretender que la parte más pobre de un país tenga hegemonía sobre la parte más rica, es simplemente no entender la dinámica de la historia.
A lo que me voy es a que la lucha de los cambas es genuina y honesta, y no porque haya una sombra de separatismo deja de serlo. Es más, la implementación de la autonomía no es sospechosa porque disfraza una intención federalista (a fin de cuentas, ¿dónde está la diferencia entre un sistema federal y uno autonómico, digamos: entre el tipo de gobierno alemán y el español?). Más bien, la postura intransigente, de no reconocimiento de ese elemental derecho de autogobierno de una región, es la que hace peligrar la unidad del país.
Santa Cruz no tiene por qué sentirse acomplejada por una posible ruptura de la unidad del país. Quien debe estar verdaderamente preocupado por la responsabilidad que le toca es el Gobierno central, y la batalla por la unidad del país no se puede ganar ni enviando movimientos sociales ni tropas a la ciudad del Piraí. De lo que se trata es de lograr enamorar otra vez a la región del proyecto Bolivia.
El Gobierno ha hecho en estos meses todo lo contrario; ha atacado frontalmente a la región, primero, con el tema del IDH, luego con el del aceite, ahora con el congelamiento de cuentas; hasta da la impresión de que se está buscando una seria confrontación. Y repito, si es que se da el peor escenario, si es que después de 182 años de sufrida existencia, la patria se quiebra, la culpa no estará en las 4 (0.0.0.0, lea la cifra como le dé la gana) familias cruceñas, sino en don Evo, que de tanto admirarse a sí mismo, de tan convencido de merecer el premio Nobel de la Paz, se olvidó de fijarse en la dirección de las aguas y en el caudal del río.
*Agustín Echalar A.
es periodista independiente.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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