"Descolonización" educativa

Jorge Lazarte R.*
La educación es, probablemente, la parte más ideológica y central de un proyecto constitucional ya ideologizado. Se entiende que así sea, pues el sistema educativo es el que debe ´socializar´ a las generaciones actuales y futuras en la orientación ´hegemónica´ del proyecto.
En la caracterización de lo que debe ser la educación hay una veintena de atributos que cubren todo un espectro suficiente como para que todas las partes encuentren alguna variable con la cual sea posible identificarse (Art.78.I, II, III, IV). Pero hacer un listado no es lo mismo que construir una estructura.
La unidad de base se encuentra en el Preámbulo, redactado con acentos cosmogónicos, donde todo el mal parece provenir de los ´funestos tiempos de la colonia´. Entonces, curarse del mal es terminar con la herencia colonial. Esto es lo que se pretende hacer en el proyecto con lo que se llama educación ´descolonizadora´, cuyos ecos se replican cuando se dice, además, que será ´liberadora´, ´revolucionaria´, y de ´liberación social´ (91.II). El mismo postulado de ´fortalecer´ la ´conciencia social crítica´, que puede pasar por anodina, tiene otras resonancias si recordamos los contextos del pasado en los cuales esta fórmula tenía su sentido. Todas estas expresiones son más propias de un estilo político panfletario que de una Constitución Política del Estado, que se supone es el documento jurídico más importante de un país.
´Descolonizar´ no es un concepto ni categoría de conocimiento con un sentido preciso. Es una herramienta ideológica cuyo uso puede ser extensible a todo lo se quiera condenar como ´neocolonialista´. En principio, todo puede ser calificado de colonialista si no forma parte de las ´tradiciones´: las instituciones, la justicia, el derecho, la medicina; la educación, la religión, el saber ´occidental´, el calendario, las mentalidades, el arte, la literatura, las palabras, los gestos, las miradas, los sentimientos, todo puede ser calificado de ´colonialista´, de acuerdo con el momento, los resentimientos, estados de ánimo, cálculos políticos y las necesidades del poder (el ´juicio al Estado colonial´ ha conducido al absurdo de eliminar a la ´república´, como forma de organización política). La virtud de la ideología es su ductilidad en el combate, como lo ha sido en el pasado ser calificado de ´comunista´ o de ´fascista´. Todo y nada a la vez, pero útil para estigmatizar en todas las direcciones.
En esta tarea depuradora no estará sólo el Estado ´plurinacional´ monocromático sino que el mandato constitucional comprometerá a la ´sociedad´, es decir, a las ´organizaciones sociales´ que compartirán la ´tuición plena´ (77.II) sobre el sistema educativo. Esto es mucho más que participación, es poder sobre el proceso educativo que para el caso puede tener la figura de ´vigilantes´, que rápidamente pueden mutarse en ´comisarios´ en la tarea del ´control social´ de ´denunciar´ (243.9), toda orientación educativa o pedagógica, no conforme con la nueva hegemonía convertida en ideología del nuevo Estado.
La ´descolonización´ en una convocatoria a la acción. Es la intolerancia persecutoria en camino de erigirse en norma constitucional de un Estado ´total´ embarcado en la ´descolonización´, en lo más profundo de la dignidad humana, que es la conciencia y la libertad de pensamiento, así sea verdaderamente colonialista. Es el Estado convertido en fuente única de sentido.
El componente ´descolonizador´ reduce a nada todo lo que en el mismo capítulo hay de rescatable, como es promover la equidad, la no violencia y los derechos humanos (y no ´incorporar´ su ´vigencia´, como dice el texto en su redacción desaliñada).
Esta consigna ´descolonizadora´ con sabor de cruzada es contraria al ´fomento´ del ´civismo´ (79) y pervierte el sentido de ´interculturalidad´ al condenar a una de las partes de ´neocolonial ´solamente por aceptar, por ejemplo, la matriz educativa de la Constitución Política actual (que sólo por mala fe o por ignorancia puede ser calificada de ´colonialista´); o por defender los valores ´occidentales´.
En estas condiciones, la educación ´integral´ que se pregona está más próxima de la educación ´integrista,´ que de una educación abierta, tolerante y orientada a formar recursos que le permitan al país responder exitosamente a los desafíos que plantea el mundo actual. Todavía los países mejor armados están en este proceso, reorientando su herencia histórica para dar el salto hacia adelante y no al revés, que es exactamente lo que les es funcional para reforzar su situación dominante.
Todo esto no tiene nada que ver con la educación democrática y moderna, que es lo que necesita el país, organizada sobre la base de cuatro principios: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir y aprender a ser, como lo señalara hace algunos años la Comisión Delors proyectándose al siglo XXI. De todos modos, no es menos importante señalar que la propuesta pone fin a la educación nacional reemplazada por la educación ´plurinacional´ (77.II) no coherente con el principio de educación ´unitaria´ (78.I). Por lo tanto, su objetivo será desarrollar la ´conciencia plurinacional´ (90.III), (esto es reforzar la adscripción a ´naciones y pueblos´) y no la pertenencia a la nacionalidad boliviana, que es el vivir juntos en una ´patria´ común.
La educación superior, que no es precisamente un dechado de virtudes, quedaría al abrigo de la ´descolonización´ gracias a sus incontrolables movilizaciones que impusieron que el texto constitucional actual sea mantenido.
La educación ´integral´ que se pregona está más próxima de la educación ´integrista,´ que de una educación abierta, tolerante.
*Jorge Lazarte R.
es analista político y asambleísta constituyente
Democracia, Equidad y Desarrollo





















manuel-rodriguez dijo
Muy interesante artículo, la educación moderna y progresiste necesita de significativos cambios y una definitiva liberación de yugos ancestrales.
Saludos.
22 Marzo 2008 | 12:25 AM