Por: Éricka Brockmann Quiroga *

El Gobierno ha instalado una lógica que no se compadece de los problemas cotidianos de la gente.

El ajedrez de las movidas políticas se complica. Si hasta hace unas semanas el Gobierno parecía estar muy cómodo con un Tribunal Constitucional deliberadamente descabezado, súbitamente la figura ha cambiado. ¡Cómo no hubiesen deseado contar con este máximo órgano de control constitucional cuando el Prefecto cruceño decidió acelerar y convocar al referéndum ratificatorio de su estatuto autonómico! De pronto, la torre de control constitucional se hace imprescindible para unos y no tan urgente para la “media luna”. Bajo el impecable argumento del silencio administrativo expresamente establecido en la ley del referéndum, la iniciativa se da por aprobada dado que el Tribunal no se pronunció de oficio en el margen de tiempo establecido por ley. ¿Qué el Tribunal está sin quórum y no estaba en condiciones para actuar? ¡Poco interesa! Los autonomistas retrucan con vehemencia acogiéndose al principio jurídico de que “nadie puede alegar un error propio a su favor”, ya que no puede cobrarse a su iniciativa la incompetencia o deliberada omisión de un Congreso que no se pone de acuerdo para llenar las vacancias del Tribunal. Una por otra. Fue el turno de la “media luna”.

Por ello no es casual que el Vicepresidente decida convocar al Congreso para debatir políticamente la ilegalidad de la movida cruceña, colocando en el centro de la escena y al apronte a alfiles y caballos congresales. A estas alturas, ¿de qué vale tratar las supuestas ilegalidades de esta convocatoria, si ésta surge como respuesta táctica y estratégica radicalizada en su contenido a los también cuestionados procedimientos ilegales y arbitrarios del oficialismo para viabilizar una propuesta constitucional que hace aguas?, no olvidemos el pronunciamiento contundente de la Federación de Asociaciones Municipales observando la Constitución de Oruro y las voces que suman deslegitimándola.

El organismo electoral apela a la consabida imparcialidad administrativa y viabilizadora de los comicios, aludiendo que no puede pronunciarse sobre el fondo de los problemas jurídicos subyacentes en los más de 17 procesos demandados que se alinean en su potencial agenda anual. El Presidente pierde la calma y con su usual incontinencia verbal insinúa a sus peones defender su proceso de “cambio” con movilizaciones y con armas dejando en mal pie no sólo el intento de enfriar sus desinteligencias con el país del norte luego de la serie novelera sobre “espionaje”, sino también el discurso de su revolución democrática pacífica.

En este complejo tablero de movidas políticas, queda claro que las posibilidades de jaque de uno u otro bando son múltiples e interminables. El problema es que mientras se diseñan y planifican las jugadas, a mi criterio, de manera insulsa e inútil el Gobierno ha instalado una lógica que no se compadece de los problemas cotidianos de la gente. Tampoco entiende que con los que deberá lidiar este año no tendrá el efecto anestésico de la bonanza económica, la lealtad étnica y tolerancia ciudadana del pasado reciente.

Pese a la iniciativa de los autonomistas, no se avizora que bando alguno gane la partida. En la jerga de los aficionados, esto tiene un nombre: tablas. En la política prefiero denominarlo “empantanamiento catastrófico”. ¿No será hora de dar por finalizada esta partida de concurso de ilegalidades que no nos llevará a ninguna parte? ¿Por qué no empezar una nueva partida tomando en cuenta las lecciones aprendidas? Vivimos un “paréntesis táctico” cuyas consecuencias podemos lamentar. Tarde o temprano el diálogo deberá reinstalarse en busca de consensos mínimos y certidumbre.

* Socióloga y politóloga

erikabrockmann@yahoo.com.