Ecos del Carnaval cruceño
el 14 feb En: SOCIEDAD Y CULTURA - sin comentarios

Manfredo Kempff Suárez*
El Carnaval cruceño es maravilloso, incomparable, es lo que se ha venido a denominar la ´fiesta grande´ de Santa Cruz y cuando uno no asiste por algún motivo extremo, se queda con una verdadera nostalgia, como si no hubiera cumplido con su deber, como si el año lo estuviera empezando mal, con la pata izquierda. Así me he sentido yo este año, un poco desencantado.
Pero con todo el cariño por la ´fiesta grande´ parece —y da mucha pena— que a los carnavaleros se les ha ido la mano en violencia y en suciedad. Han emporquerizado la ciudad, sobre todo el tradicional casco viejo. Nuestro querido Dominicus ha escrito una nota en El Deber, que la he podido confirmar ´in situ´. Los que se llaman ´cambas de corazón´ se han dedicado a destruir la parte antigua de la ciudad con un salvajismo que raya en lo intolerable. Tenemos que ponernos la mano en el pecho y reconocer que algunos carnavaleros deberían ir a parar a un calabozo. Unos por abusivos y otros por cerdos.
A ojo de buen cubero, por qué no todas las comparsas tratan de imitar, por ejemplo, lo que son y hacen los Haraganes. Esa comparsa legendaria de jóvenes cincuentones que carnavalean desde hace 40 años cuando los viejos Haraganes les cedieron, oficialmente, su nombre. Esos Haraganes sí que le han rendido tributo al Carnaval cruceño, como otras comparsas también. Pero los Haraganes han estado fuera de serie. No sólo que compitiendo con comparsas de muchachos han sacado el primer premio en el Corso, con su carro donde estaba el Macaco Mayor y el Macaco Menor y el ´¡Por qué no te callas!´ del Rey de España, sino que antes ya habían ganado el primer premio con la Media Luna y con el Mojón Autonómico.
Iniciativa, creatividad, amor por su pueblo, y mucho trabajo es lo que practican los Haraganes y se han ganado el respeto y la simpatía de los cruceños. Hoy tienen gran peso en nuestra comunidad porque, además de su comportamiento en las Carnestolendas, ahora inauguran su nueva sede social en pleno centro de la ciudad, rehabilitando una vieja casona —en el casco viejo, por supuesto— que ha sido ya declarado patrimonio arquitectónico.
Es así como Ivo Kuljis, Carlos Aponte, Wálter Kreidler, Zvonko Matkovic, Pedro Yovhio, Claudio Mansilla, Ernesto Monasterio, Mario Kempff (negociador de fuste), y muchos otros que ya no puedo nombrar por razones obvias, impulsan algo que es una real fraternidad, es decir, un grupo de amigos que se tratan como hermanos y actúan de esa manera. La Municipalidad cruceña debería premiar a quienes hacen obra y castigar a los badulaques que salen a pegar puñetazos y embarrar nuestro pueblo. Para cerrar con broche de oro, los Haraganes lucen uno de los taquiraris más hermosos de Santa Cruz, con lo que contribuyen también al folklore.
*Manfredo Kempff Suárez
es escritor y diplomático.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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