Carlos Miranda Pacheco*

Entre los errores de la empresa estatal en el pasado está el pésimo manejo de estaciones de servicio que hoy se están reviviendo.
A principios de mes, con gran despliegue escenográfico, en el Salón de los Espejos del Palacio de Gobierno, nuestro Primer Mandatario, acompañado del ministro del ramo y presidente de YPFB, hizo el anuncio de las inversiones que se realizarán este año en el sector de hidrocarburos, indicando que superarían los 1.400 millones de dólares.
De llevarse a cabo, sería la mayor inversión efectuada en el país en un solo sector, en un solo año y, por su magnitud, requeriría una eficiencia y eficacia administrativa estatal hasta la fecha desconocidas en nuestro país. Esperemos y veamos.
Días más tarde, YPFB amplió la información, presentando un listado de cifras como Inversiones Directas de YPFB en el Plan de Operaciones (POA) 2008. Esas inversiones alcanzan a 182 millones de dólares. Conocer esa información es bueno, malo, triste y preocupante.
Es bueno, porque al fin se sabe algo de lo que están pensando en YPFB. El ente estatal se asemeja a una fortaleza medieval amurallada por la desconfianza y prejuicios de sus ejecutivos, que rehusan proporcionar información sobre el funcionamiento de la empresa y tienen amedrentado a todo el personal para que haga lo mismo.
En el listado de inversiones del POA de YPFB, llama fuertemente la atención que el 47% está destinado a la comercialización de productos. Así, tenemos 71 millones de dólares para rehabilitar 43 estaciones de servicio, y como una aparente complementación de lo anterior, la compra de 70 cisternas y más de 164 vehículos de supervisión, alcanzando a otros 12 millones.
Es malo, muy malo saber que YPFB dedicará casi la mitad de sus inversiones y probablemente su tiempo y esfuerzo, a rehabilitar y poner en funcionamiento 43 estaciones de servicio. Por lo visto, los responsables de la empresa no conocen la historia de YPFB.
La empresa estatal tuvo grandes logros y también grandes errores y fracasos. Uno de ellos, el más notable, fue el pésimo manejo de estaciones de servicios. Esa actividad se convirtió en un foco de corrupción casi sin límites. Las estaciones de servicio fueron la presa fácil y más deseada de los militantes del partido de turno, dirigentes sindicales, familiares de jerarcas de turno, militares, etc. Naturalmente, las estaciones eran rudimentarias y proporcionaban servicio pésimo. Con mucha facilidad parece que nos olvidamos que hace unos 15 años no existían estaciones de servicio que atiendan en la noche, que para cualquier viaje se debía llevar consigo un bidón de auxilio o correr el riesgo de comprar gasolina con agua en algunos lugares de la carretera del eje central. En otros caminos, ese auxilio ni existía. El detentar la concesión de un surtidor era un negocio pingüe, tan bueno que permitió subcontratar el manejo a otras personas, con un canon fijo de alquiler. Calidad y volumen exacto eran conceptos ausentes para los carburantes que el consumidor adquiría. El caos era tan grande, que YPFB mismo, a mediados de los 80, inició la campaña para privatizar el servicio. La llegada del Sistema de Regulación Sectorial con la Superintendencia de Hidrocarburos fue la que logró establecer el sistema del que ahora gozamos. Estaciones espaciosas, limpias, 24 horas de atención y sujetas a controles de calidad por inspectores de la superintendencia.
Con esos antecedentes, visité la primera estación rehabilitada por YPFB. Confieso que lo hice con gran curiosidad, y algo de esperanza. Curiosidad, porque de acuerdo con el plan de YPFB, se piensa invertir 1,6 millones de dólares en cada una, donde ya se dispone del terreno. Suma casi estratosférica, tomando en cuenta que el costo promedio por estación está entre los 300 a 400 mil dólares, de los cuales el terreno representa casi la mitad del costo.
Grande fue mi desilusión. Esperaba algo no visto en Bolivia y comparable con las grandes estaciones del exterior, donde la venta de carburantes es una actividad más entre otras: supermercado, bancos, restaurantes, etc., todo en un ambiente moderno y acogedor, operada por gente impecablemente uniformada, que ofrece gentilmente cambio de aceites, revisión de llantas y, si es necesario, su cambio y otros servicios. No encontré nada ni parecido. Es un predio de buenas dimensiones, con un piso de cemento remendado, como el abrigo del célebre ´aparapita´ de Jaime Saenz, desolado, en el cual están tres bombas de expendio nuevas, operadas por tres personas que todavía no tienen contrato de trabajo con YPFB, modestamente vestidos y manejando las ventas y el dinero en una forma tan primitiva, que enternece. No tienen ni una pequeña mesa, mucho menos una calculadora, así que el dinero y el cambio entra y sale de sus bolsillos. Utilizar tarjetas de crédito es algo que nunca han escuchado. Dentro de esa precariedad, los funcionarios son humildes y cuidadosos con el dinero que temporalmente entra a sus bolsillos, en espera de los ´jefes´ que recolectan los ingresos cada 12 horas. Con enorme tristeza recordé el dicho azerbaijano: ´Cuando se maneja miel con las manos, no se puede impedir que alguien se lama los dedos´. Ya veremos.
Pero, mirando las paredes que limitan la estación, quedé impresionado por las gigantografías muy bien realizadas a todo color, proclamando la nacionalización, el encuentro del campo Huacaya para abastecer Argentina y así sucesivamente. Uno no deja de recordar la profusa propaganda visual de la revolución soviética y al mismo tiempo salen a la mente las imágenes de los jerarcas de gobierno entonando el Himno Nacional con el puño izquierdo en alto y la mano derecha en el corazón. Realmente, estamos viviendo unos anacronismos delirantes.
Volviendo a la realidad, lo preocupante es ese énfasis en rehabilitar estaciones, que son casi innecesarias, el país cuenta con 449 estaciones repartidas en las ciudades y tramos carreteros, fruto de la oferta y la demanda. Las fallas de abastecimiento no son por falta de estaciones, sino por falta de productos. Como en el país la política se ha convertido en el arte de aparentar, la rehabilitación de estaciones de servicio será la excusa para tener muchos vehículos nuevos con el rombo de YPFB y 43 áreas de exposición de gigantografías políticas, amén de muchos ´azerbaijanos´ que aparecerán como hongos.
*Carlos Miranda P.
es ingeniero petrolero.