(En 1974 el presidente de los EE UU, Richard Nixon, tuvo que renunciar a su mandato por el caso Watergate)

Por: Eduardo Campos V. (*)

Hemos conocido en pasados días, con preocupación (pero creo que no la suficiente) el caso de espionaje gubernamental que vigila, persigue y controla los pasos de periodistas, políticos y otras personas de la vida publica de nuestro país. La respuesta de los funcionarios responsables de explicar la situación, ha sido patética: No saben nada. Ahora resulta que ellos (los que están llamados por ley a controlar el orden público) desconocen los hechos.

Si fueran otros personajes, si este gobierno fuera otro, hasta les podríamos creer. Sin embargo, por más ingenuos que nos consideren, resulta difícil aceptar las explicaciones que dan. ¿Uds. creen que hombres formados dentro de la doctrina marxista, leninistas (y por supuesto stalinista) no se hayan visto tentados en aplicar los métodos de control que tan eficientemente manejan en Cuba y ahora en Venezuela? Todos sabemos que parte del éxito del régimen cubano, se base en el control policiaco que ejerce. La ciudadanía cubana, está virtualmente sometida por una gigantesca red de control realizada por cientos de agentes que escudriñan la vida privada de las personas en busca de opositores. Ellos (los del régimen castrista) camuflan esas acciones, como parte de planes de de salud y educación – dicen muy exitosos - que se exportar a países bajo su influencia.

Esas prácticas de control social, son los mecanismos que han heredado de la KGB (servicio de inteligencia y espionaje de la extinta URSS), misma que en los años 60 y 70 fueron exportadas a Cuba. Bien se sabe que en eso de espiar y controlar a los ciudadanos, nadie como los agentes de la KGB, los que durante décadas, hasta 1985 fueron el pilar del régimen soviético.

Fidel Castro se mantiene en el poder por cerca de 50 años y no es una novedad que la base de su poder sea ese terrorífico aparato burocrático que controla todo. Son cientos de ojos al servicio del estado que se entrometen en la vida privada de las personas, para garantizar que nadie este en desacuerdo. ¿Si fuera tan democrática la vida política de Cuba, cómo se puede explicar que el poder – que dicen le corresponde al pueblo – este siempre en manos de ellos mismos? Sin el control policiaco, que tan exitosamente aplican, la dictadura en la isla fuera ya historia.

Pero esto de espiar y controlar a la ciudadanía, no es una novedad, lo han hecho antes, aquí y allá. Es parte de las prácticas de los gobiernos totalitarios o con pretensiones de serlo - por lo menos – de los poco democráticos. Sólo como ejemplo: ¿Cómo creen que emboscaron a los mártires de la calle Harrington, en la dictadura de García Meza? o ¿cómo lograron secuestrar al padre Espinal? Sin duda alguna, sobre la base de informes de inteligencia, tan “inocentes” y comunes, como pretende hacernos creer el Senador Peredo. Es pues toda una impostura sostener que son practicas corrientes.

En el plano internacional, uno de los casos más emblemáticos de espionaje gubernamental es el famoso caso Watergate. En 1974 el presidente de los EE UU, Richard Nixon, se vio obligado a renunciar a su mandato, cuando se estableció su participación en espionaje a sus opositores. La historia cuenta que Nixon ante un conjunto de disposiciones legales que limitaban la autoridad del presidente y la eventualidad de tener un congreso dominado por sus opositores (los demócratas), opto por formar una jerarquía de mando casi secreta, concentrado el poder en la Casa Blanca.

De una manera accidental, el 17 de junio de 1972, la policía arrestó a cinco personas que habían entrado de manera clandestina en las oficinas del comité nacional del partido demócrata, ubicadas en el hotel Watergate en Washington, con el fin de intervenir los teléfonos, detención que dio inicio a una investigación. En principio, la Casa Blanca negó cualquier participación en el incidente, pero la intensa investigación realizada por Woodward y Bernstein, publicada por el Washington Post, puso al descubierto la implicación de prominentes miembros del gabinete en actividades ilegales y el intento de tapar el asunto.

Cuando se supo que grababa sistemáticamente todas las conversaciones que tenían lugar en la Casa Blanca, Nixon fue conminado por el Tribunal Supremo a entregar todas las cintas o a enfrentar un juicio de procedencia o impeachment. Nixon escogió la primera opción. Las grabaciones revelaron que el presidente estaba directamente involucrado en el asunto. A pesar de la evidencia, Nixon negó públicamente las imputaciones; pero al final se vio obligado a admitir su participación en el escándalo. El 9 de agosto de 1974 renunció a la presidencia.

Su sucesor, Gerald Ford, le otorgó el perdón por cualquier delito federal en el que hubiera podido incurrir. Pero la decisión de Ford no benefició al resto de los involucrados, pues varios de ellos fueron juzgados y encarcelados. Nixon se libró de la prisión pero su imagen quedó manchada para siempre.

En nuestro medio, no podemos esperar tanto, creo que nos podríamos conformar con que no lo sigan haciendo. Ojala que el ministro Rada, envés de hacerse hacer spots para mejorar su imagen malograda, se dedique a controlar a sus subalternos.

*) Director A. C. Cramer
educamposv@hotmail.com

www.lacoctelera.com/educamposv