La riqueza de las regiones
el 14 ene En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Humberto Vacaflor*
No hubo antes un escenario que los bolivianos hayan observado con tanta ansiedad y con tanto deseo de que produzca soluciones inteligentes como observaron la mesa que marcó el debate del Presidente con los prefectos de departamento el lunes 7 de enero.
Estaban reunidos el Presidente con mayor legitimidad de esta era democrática con los prefectos que habían sido elegidos por primera vez por sus regiones, maduras ya para la descentralización y las autonomías. Se vio a un Presidente en proceso acelerado de maduración. Y se vio a unos prefectos, con excepción de tres, muy seguros de lo que decían y de las regiones a las que representaban.
La sobriedad del prefecto cruceño correspondió al rol que juega su departamento. Es el líder de la resistencia nacional ante el proyecto de los radicales masistas. No necesitaba decir mucho; su región lo dice todo: muestra a los bolivianos una manera moderna y laboriosa de encarar la vida.
El prefecto paceño reveló al país que hay paceños y paceños. Habló en nombre del departamento más rico de Bolivia, si se toma en cuenta todo lo que produce, además de los ingenuos rubros que figuran en las estadísticas oficiales. El departamento que genera la mayor producción de coca del país, y de sus derivados también. El que cobija a los empresarios del “gran poder” del comercio y el transporte. Pero también el departamento que es la cuna de los aymaras, y de los ideólogos más radicales del gobierno. El departamento boliviano más cercano al Perú, tanto que comparte con ciudades peruanas el GLP subvencionado por el Estado boliviano. Tenía mucho que decir el prefecto paceño, y lo dijo.
El prefecto pandino habló en nombre de la Bolivia heroica pero olvidada. De un departamento que no tiene una economía subterránea como casi todos los demás. El heredero de los héroes que frenaron a los brasileños hace cien años, pero que todavía no tienen puentes para comunicarse con los bolivianos. No importa lo que haya sido en su vida política, un pandino siempre habla con autoridad y con dignidad.
El tarijeño habló como debía hablar el representante de una sociedad esencialmente agrícola que, de pronto, se ha convertido en el punto de atención de todo el país y de la región, debido al gas natural. Un departamento tan descuidado por los gobiernos centrales como Pando y Beni. Un departamento que jamás recibió el producto de las riquezas naturales que se explotaban en otras regiones, pero que ahora debe compartir con todos los demás el producto de su efímera riqueza natural. Un departamento que está viviendo su cuarto de hora, único y pasajero, y que necesita poner los cimientos de su futuro.
El cochabambino habló en nombre de un pueblo que comparte el territorio con el poder de la coca y sus derivados del Chapare, origen de una economía subterránea similar a la paceña. El tono mesurado de sus palabras reflejó el difícil equilibrio que se vive en la ciudad que los cocaleros quieren convertir en su fortín.
Y el Presidente habló, por momentos, a nombre de todos los bolivianos, salvo cuando se dejó dominar por sus mañas de dirigente sindical. Fue, por momentos, enternecedor. Lástima que sus socios capitalizadores, porque quieren capitalizar los votos que él obtuvo, no quieran dialogar.
*Humberto Vacaflor G.
es periodista.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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