Crecimiento revolucionario bonsái
el 4 oct En: ECONOMIA Y SOCIEDAD - sin comentarios

Gonzalo Chávez A.*
Las autoridades gubernamentales han comenzado a reconocer que el crecimiento económico, en el año que termina, estará entre 3 y 4 por ciento. Algunos datos irrefutables del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) confirman los informes oficiales. En el primer trimestre del 2007 el producto sólo creció al 2,01 por ciento. El año pasado, en el mismo periodo casi llegamos al 5 por ciento. La misma tendencia se prevé para el segundo trimestre. La producción de sectores claves de la economía también se ha desacelerado. Minería, hidrocarburos y soya registran tasas decrecientes. De yapa, la inflación sigue en ascenso y salvo alguna magia de Harry Potter, no llegará al 10 por ciento hasta fin de año. Bolivia cambia, cambia de dígito en la inflación y en el crecimiento. El primero para arriba y el segundo para abajo.
Estos resultados no son nada alentadores para quienes habían anunciado una magistral cátedra de economía revolucionaria que dejaría boquiabiertos a los satanases neoliberales. Hasta ahora, las winflas. No pasa nada empanada. En la cancha, lo que se observa es un michi crecimiento que muestra que no se aprovechó el espectacular contexto comercial y financiero mundial que está enfrentando Bolivia. En materia de empleo, se reempaquetó los programas de emergencia. Estos resultados parecen confirmar el mote que desde la calle le han puesto a la administración económica oficialista: Gobierno tortuga, lento pero con una concha enorme. Pero un gobierno no puede vivir de su suerte, sino de las políticas públicas que implementen una revolución productiva. Esta fue la expectativa que crearon y mucha gente les creyó. Cabe recordar que a los gobiernos, como a los equipos de fútbol, no se los juzga por las causas justas que defienden, sus medidas de impacto o sus bonitas jugadas en medio de la cancha que entusiasman a la hinchada. Lo que importa son los resultados concretos en materia de crecimiento, generación de empleo y reducción de la pobreza. En estas áreas, el Gobierno no ha metido ningún gol. Y a medida que pasa el tiempo, las barras se impacientan por el incumplimiento de las promesas. ¿Será un problema de tiempo; sólo han transcurrido, digamos, los primeros quince minutos del partido; el equipo se está asentando y ensamblando, reconociendo la cancha? ¿El DT tiene todavía varias jugadas magistrales en la plancha? O al contrario, ¿será el planteamiento estratégico y táctico que no funciona? ¿Y si vamos por mal camino, repetiremos lo de siempre. Jugamos como nunca, perdemos como siempre contra el desempleo y el hambre? Quiero pensar que estamos en el primer caso. Sereno moreno, ya vienen los verdaderos cambios, todo esto era sólo pirotecnia ideológica para desorientar al enemigo. Si éste fuere el caso, es necesario reencaminar varias políticas para que la revolución le llegue a la gente.
A continuación presento algunas ideas cuya secuencia no significa prioridad. Una primera cosa que la actual gestión económica tiene que reconocer, como alguna vez se dijo en un debate político en Francia, es que no tiene el monopolio del corazón y menos aún de la razón. Buena parte de la sociedad boliviana apuesta al cambio, y existen muchas formas de implementar las deseadas transformaciones. Hay que tener mucho cuidado con la tentación de pasar del sabio consejo de que: “uno debe creer en todo lo que es verdad”, a la majadería de: “en todo lo que yo creo es verdad”. El espejo no es buen consejero en economía. El Gobierno debería impulsar un pacto productivo con las regiones y los principales actores económicos, tanto del área urbana como rural, oyendo a todos y aprovechando el arco iris de propuestas que ciertamente surgirán de este encuentro.
La agenda política está más enredada que pulpo en garaje. Quién sabe si se tienden algunos puentes productivos con Santa Cruz o Tarija, se podría avanzar en los temas políticos. Segundo, el foco de las políticas públicas debería concentrarse en los temas productivos. El Banco de Fomento no es suficiente, se requiere políticas industriales específicas. Para comenzar, toda exportación no tradicional que esté vendiendo más de 5 millones de dólares, analizando caso por caso, debería recibir algún tipo de apoyo. Aquellas actividades que son las campeonas en la generación de empleo deberían tener prioridad. Similar estrategia se podría implementar para los productores volcados al mercado local.
Tercero, la política social debería ganar mucho más espacio en la agenda pública, un programa como hambre cero, al ejemplo de Brasil, podría propiciar un reencuentro entre los bolivianos en base a la solidaridad.
El pobre desempeño de la economía que se vislumbra este año no debería alegrar a nadie. Llevamos demasiados años bajo el síndrome del crecimiento bonsái, con o sin revolución. Existe un contexto externo fabuloso, como nunca el sector público cuenta con recursos.
La ch’ampa guerra política nos está haciendo perder grandes oportunidades. El país debe reencontrarse y el primer camino podría ser un pacto productivo. La iniciativa la tiene nuestro Gobierno.
*Gonzalo Chávez
es economista y su blog es http://chavezbol.blogspot.com
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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