Gonzalo Chávez A.*
Dado que están de moda las consignas en el país, la primera parte del título de esta columna podría ser la voz de mando nacional en el tema de la inflación. El Gobierno debería dejar de ver fantasmas conspiradores debajo de todas las piedras que encuentra en su camino, y la oposición dejar de pintar diablos en las paredes. ¡Sereno, moreno! La entrada recién comienza. En los temas políticos, el Gobierno está más enredado que pulpo en garaje. En términos económicos, no debería hacer más olas. No hay que olvidar que la inflación puede ser un juego muy peligroso, donde si el demonio sale de la botella, todos salimos perdiendo.
Sostengo que no estamos tan sólo frente a un salto en los niveles de precios, más o menos pasajeros, originados en algún problema de oferta o demanda. Enfrentamos un fenómeno mucho más complejo y de carácter institucional que debemos entenderlo mejor. Mi hipótesis es que estamos viviendo un cambio en el régimen de administración de una variable central como es la inflación. Es decir, una mudanza en el régimen monetario.
Después de la hiperinflación de mediados de los años 80, que destruyó el peso boliviano de entonces, la geografía de precios relativos se reconstruyó usando como referencia el tipo de cambio. Las personas y las empresas comenzaron a establecer los precios de sus productos y servicios en dólares. Fue el origen de la dolarización de la economía. El barco de la inflación fue anclado en el tipo de cambio. Esta variable no sólo ayudó a la reconstrucción de la estructura de los precios relativos, sino que también ordenó las expectativas de los agentes económicos.
El plan de estabilización de 1985 sólo estableció el régimen institucional a este proceso, creando el Bolsín y adoptando políticas monetarias y/o fiscales contractivas. Durante todos estos años, el ancla cambiaria fue fundamental para consolidar la estabilidad. En los últimos tres años, el régimen monetario también buscó apoyarse, en lo que técnicamente se conoce como inflation targeting. O sea, el Banco Central establecía una meta de inflación para alinear expectativas de la gente y ordenar los ajustes de precios relativos. Esta política se reforzaba con la promoción de la independencia del ente emisor. En el 2007, por ejemplo, se estableció una inflación del cuatro por ciento. Este régimen monetario, basado en el ancla cambiaria y en la inflación meta, funcionó bien hasta el año pasado.
Como resultado del ingreso masivo de dólares a la economía boliviana, vía exportaciones y remesas, el tipo de cambio nominal comenzó a apreciarse y dejó de ser un macro-precio de referencia para el resto de los precios de productos y servicios. Es decir, fue perdiendo su cualidad de ancla y obviamente, también, perdió su condición de señalizador de expectativas. El mercado y los agentes económicos buscaron otras anclas para la inflación, sin éxito. El precio del pan, la gasolina, o las Unidades de Fomento a la Vivienda (UFV) son, aún, algunas de las candidatas. Es en este proceso de transición de régimen monetario en el que nos encontramos. Las autoridades monetarias están queriendo anclar la inflación a las UFV, en especial para los ahorros de las personas. Este es un camino posible pero si los demás precios relativos, en especial los salarios, también se indexan a las UFV, estaremos creando las condiciones para que surja un fenómeno económico que se conoce como inercia inflacionaria, cuando la inflación se repite como un eco. El aumento de precios del presente repite, como mínimo, la inflación del periodo anterior y así sucesivamente. Y si además se dan choques de oferta, como los provocados por El Niño, la inflación se acelerará y será muy difícil romper con su inercia. Ahora es posible también que el nuevo régimen de administración de la inflación sea exitoso y los niveles de precios bajen. Esto depende, en gran medida, de la recuperación de la confianza y la credibilidad de las políticas macroeconómicas.
Para terminar quiero pasar a un comercial. He inaugurado un blog. Por favor no se asuste, no es el nombre de un bar o cosas peores. Un blog es un espacio en la internet que permite el intercambio de ideas y comentarios en línea. Según wikipedia, el diccionario de la red, “un blog, o en español se entiende también como una bitácora, es un sitio web periódicamente actualizado que recopila cronológicamente textos o artículos. El término blog proviene de las palabras web y log (‘log’ en inglés = diario)”. Mi blog se llama Villazón Business School. La economía al alcance de todos. La dirección en la web es http://chavezbol.blogspot.com/ El blog surge para hablar, bien, mal o regular, sobre economía y otras hierbas socio-políticas. Intenta crear un espacio para un debate sano y crítico. Escribir diariamente me atemoriza, pero también es cierto que tomarle el pulso a la realidad económica en dosis homeopáticas hace que las cosas parezcan menos complicadas, así que los espero en el ciberespacio. Si es complicado copiar la dirección de arriba, simplemente mándeme un correo electrónico y le contestaré con las coordinadas del sitio y podremos seguir discutiendo de la inflación y otras maldades.
*Gonzalo Chávez
es economista.
chavezbol@hotmail.com