“Yo tengo un sueño”
el 10 sep En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Gary Antonio Rodríguez A.*
Martin Luther King Jr., activista negro estadounidense, pronunció en 1963 uno de los mejores discursos de la historia, destacando en él la célebre frase: “Yo tengo un sueño”. Y su sueño se tornó en una hermosa realidad: la sociedad estadounidense cuenta hoy con prominentes científicos, pensadores, militares, artistas, empresarios y políticos de color, siendo un vivo ejemplo su Canciller quien —“Cum Laude” en Ciencias Políticas; Maestría y Doctorado en Estudios Internacionales; y seis Doctorados Honoris Causa, de por medio— conduce la política exterior de EEUU. Naturalmente, el cambio no se dio mágicamente, sino por un mayor acceso a las oportunidades, entre ellas, a la educación.
Luther King no fue un líder improvisado. Formado en Sociología; Teología y con un Doctorado en Filosofía, fue también un humilde Pastor Bautista, con un carácter pacifista basado en la doctrina de “resistencia pasiva” y “desobediencia civil” del filósofo Henry David Thoreau, inspirador de Gandhi.
Luther King no sólo “tuvo un sueño”, sino que se educó y espiritualmente se preparó para no caer en la soberbia luego de llegar a la Presidencia del Consejo Directivo de la Asociación de Cristianos del Sur, y del Congreso de Igualdad Racial. Como hombre de paz, siempre se negó a emplear la violencia para conseguir el objetivo de igualdad que perseguía, haciéndose merecedor al Premio Nobel de la Paz en 1964, cuatro años antes de ser asesinado.
“Yo tengo un sueño” formó parte del discurso pronunciado en la “Marcha a Washington por Trabajo y Libertad”, el 28 de agosto de 1963. En esa ocasión, instó a sus seguidores a que pelearan por su libertad, sin amargura y sin odios; con creatividad, pero sin violencia física; y les señaló la necesidad de hacer alianzas con los blancos, siendo que su destino estaba amarrado al de ellos.
Luther King sentenció entonces que “…algún día cada valle será elevado, y cada colina y montaña serán hechas llanas; los lugares más ásperos serán aplanados y los lugares torcidos serán hechos rectos…”, hablando del orgullo y la altivez y —siendo bíblica tal profecía— efectivamente se cumplió en el tiempo.
La Asamblea Constituyente recibió del IBCE en febrero pasado una propuesta, un sueño: “…aspiramos a ser un país productivo, con altas tasas de ahorro e inversión, generador de empleos y exportador de productos con alto valor agregado…en el que se multipliquen y aseguren opciones de presente y de futuro para nuestros hijos y para las generaciones sucesivas…un país en el que todos nos sintamos seguros y contribuyamos a vivir una nueva cultura de honradez, responsabilidad, solidaridad, tolerancia y respeto a las leyes…una nación con un destino común en cuyo espacio vital nos movamos como somos, diversos y múltiples…” ¿Se podrá cumplir este sueño, sin víctimas de por medio?
*Gary A. Rodríguez A.
es economista y gerente
general del IBCE.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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