Javier Medina*

Así como no podemos estar despiertos, yendo y viniendo, las 24 horas del día, sino que necesitamos dormir; así como la vida humana no sería posible si todos fuésemos varones, pues precisamos de la mujer para reproducirnos y viceversa; así como los líquidos para circular, requieren de estructuras sólidas y, en general, si sólo existiera la energía fermiónica, el universo se estaría expandiendo indefinidamente y no se podrían formar las galaxias, los soles, los planetas; de igual modo, si sólo existiera la energía bosónica el universo no se podría expandir y terminaríamos en el instante anterior al Big Bang; del propio modo, las sociedades, la política, en realidad, todo, está constituido por ambas energías: el movimiento y el reposo; lo centrífugo y lo centrípeto; sístole y diástole, inspiración y expiración, estructura y función, posición y movimiento, chacha y warmi, jampi y layqa, yin y yang: ritmo. La vida es ritmo. El ritmo es el efecto que produce la complementariedad de energías opuestas y contradictorias. Esta es la lección más básica que nos proporciona el conocimiento de la materia y de la historia que tampoco puede escapar a E = mv2.

Entonces, ¿de dónde proviene esa tendencia de cierta intelligentsia a fijarse en una sola polaridad y, encima, a absolutizarla: “Movimiento de movimientos”? Es notable esa ceguera, pues si algo ha avanzado y ha sido divulgado masivamente, en los últimos 20 años, son los estudios neurológicos acerca de la estructura del cerebro humano; la diferenciación de las funciones de los dos lóbulos cerebrales y su complementariedad; o los estudios de biología cognitiva de la Escuela de Santiago que gracias a Maturana y Varela, más allá de la gnoseología clásica, absolutamente abstracta, nos hemos informado acerca de qué pasa, en el acto de conocer, desde que un fotón incide en la retina y los neurotransmisores se ponen en red, etc. ¿Qué significan estas miradas simplistas y unidimensionales? ¿De dónde provienen? ¿Por qué en la era de la información y el conocimiento hay bolsones de ciencia decimonónica como si no hubiera un nuevo paradigma científico, de cuyas aplicaciones tecnológicas, sin embargo, seguramente se sirven?


Se trata de los últimos relictos de un pensamiento monoteísta, de segunda generación: secularizado cuando no ateo. En ambos casos, empero, la convicción es la misma: sólo existe el Uno. No hay Par, Yanantin como dicen los quechuas. De ahí la tendencia unidimensional a enfatizar sólo una polaridad. Significativamente, Movimiento de movimientos es una hipérbole muy típica del Monoteísmo semita, como Cantar de los cantares; siguen esa lógica: Unidad en la diversidad, Estado unitario plurinacional. Es decir, someter al Otro al imperio del Uno, como accidens. Eso simbólicamente. Desde el punto de vista del software, este pensamiento sigue anclado en el Principio de Identidad: movimiento es igual a movimiento; no puede haber reposo: su contrario complementario. Principio de No Contradicción: si es movimiento entonces no puede ser reposo, si es reposo entonces no es movimiento. Tercero Excluido: una tercera posibilidad no existe. De ahí su fundamentalismo integrista: Hegemonía; no coexistencia complementaria de diferentes: Yanantin, Paridad, complementariedad de opuestos.
La teoría de los movimientos sociales, el último intento del monoteísmo colonial por extirpar las idolatrías indígenas: su Estado Yanantin: Diarquía, está perpetrando, en este momento, un etnocidio con sus aliados, como otrora hicieran los misioneros. Uno, está pugnando, desde el Estado, por convertir el Pachakuti: el tercer ciclo de rebeliones andinas anticoloniales, en una Revolución europea. Dos, ya ha logrado un politicidio: ha hecho desaparecer a las Autoridades Originarias, que conducen esta rebelión anticolonial y anticapitalista, y en su lugar se han colocado las viejas vanguardias de izquierda, como se ha evidenciado en la Asamblea Constituyente. También está en marcha un economicidio: “Capitalismo andino amazónico”, que consiste en minimizar la Economía de Reciprocidad, la lógica del don: la posibilidad de una civilización post monoteísta y post capitalista, de Suma Qamaña, por un improbable Estado industrial en los comienzos mismos del tercer milenio.
¿Podríamos pensar, por ventura, el dictum de Niels Bohr: “Una verdad profunda es un enunciado, cuyo opuesto también es una verdad profunda”? ¿O para ello ya hay que estar fuera del paradigma monoteísta del Uno?
*Javier Medina
es experto en pueblos indígenas.