Ahora: ¡nada se mueve!

Iván Arias Durán*
Hace un año estábamos preocupados porque un grupo de “robespierre” andinos, controlando importantes espacios de poder estatal, amenazaban con la instauración de un “régimen del terror” a la cabeza de los “montañeses” cocaleros por lo que neoliberales, k’aras, blancoides e instituciones occidentales iban a pasar por la “guillotina” de los usos y costumbres dominantes en la originaria y plenipotenciaria Asamblea Constituyente (AC). Se pregonaba que un nuevo pachacutec había empezado, la revolución se había iniciado, que el pasado había sido derrotado y debía ser enterrado, que las transnacionales serían echadas a patadas, que nacería una nueva patria con nuevo nombre, nueva bandera, nuevo himno, nuevos departamentos, nuevas instituciones. En fin, todo se movería y volveríamos a nacer por lo que nos llevaron a lógicas de confrontación étnica, regional, política y social.
Ha pasado año y medio de la gestión gubernamental y hoy, los que despertaron los demonios del odio se hallan enredados en los caminos a seguir: la guerra o la paz. El Presidente, bajo el argumento de no romper equilibrios históricos, ha sido el primero en ponerle límites a la AC: la sede no se mueve, la Policía no se mueve, las Fuerzas Armadas no se mueven, los departamentos no se mueven, la política económica no se mueve, la bandera no se mueve, el himno no se mueve.
Este viraje, a los que defendemos la democracia, la institucionalidad, la inclusión y el Estado de Derecho, debe alegrarnos y nos corresponde apoyarlo. El país pide con urgencia cordura, unidad, concertación y progreso. Ha pasado el tiempo del radicalismo discursivo porque las palabras no detienen la inflación, esa que golpea los bolsillos de la gente. Los bolivianos hemos aprendido por experiencia de los ochenta que sólo la racionalidad en la economía, la concertación en la política y la certidumbre en la inversión privada son los remedios antiinflacionarios.
Sin embargo, los “jacobinos” indigenistas y los “chavistas” que fracasaron en los setenta en implantar la dictadura del proletariado, no están derrotados o marginados del control del aparato estatal. Son los que impulsan y se deleitan con los cabildos, ya que así se mantiene la lógica de la calle y la guerra. Por ello, se puede apreciar desde el Gobierno una peligrosa dualidad: hay bloqueos que se reprimen (cooperativistas mineros) mientras otros se alientan (masistas de Tarija); se concerta con la oposición para elegir magistrados, pero no se pacta con los empresarios; se habla de democracia pero se propone la reelección vitalicia y se pregona la unidad del país pero se alienta la conformación de 36 naciones.
En vez de movimientos telúricos, terremotos, que sólo dejan desolación, la historia nos ha demostrado que es mejor transitar por la senda de las reformas antes que por la marea de las revoluciones. Poco a poco están aprendiendo que Bolivia tiene 182 años y que en la gestión pública no se puede construir con la boca y el dedo, sino que ésta es el arte de lo posible y que los cambios van por la seducción y no por la violación.
*Iván Arias D.
es experto en descentralización y es parte de www.columnistas.net.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















