(La expectativa de la ciudadanía por el cambio - fue tal - que acabó votando por Evo Morales, esperanzada en que éste, iba ha acabar con las viejas prácticas políticas)

Por: Eduardo Campos V. (*)

Estos días, un nuevo escándalo que se ha generado en las esferas del gobierno. El mismo tiene que ver con los “avales políticos”, que han estado circulando, para facilitar que militantes del partido de gobierno, accedan a puesto de trabajo en la administración pública. Resulta totalmente contradictorio, que habiendo centrado su oferta electoral el MAS, en la lucha contra la corrupción (lo que en definitiva permitió su victoria), ahora se vea envuelto en escándalos tan emblemáticos de las prácticas corruptas. Las denuncias finalmente han provocado que, el propio MAS, expulse a algunos militantes y a otros, les pida que se sometan a la justicia ordinaria, renunciado a su fuero parlamentario.

En todo caso, el tema no es tan sencillo como pretenden hacer ver algunos jerarcas del gobierno. No se trata, simplemente si algunos de sus militantes, cobraron o no, por los avales. La corrupción no está, en el precio de los avales, sino en los avales mismos. Al margen del monto que recauden por los “certificados” para acceder a la función pública, los avales en si mismo, son la prueba de que se utiliza el tráfico de influencias para encaramarse en el poder y apoderarse de fondos públicos. Ésta, es una práctica, típicamente corrupta que la ciudadanía, con su voto en las pasadas elecciones de diciembre del 2005, pensó que se había superado.

En el pasado reciente, más allá de las grandes equivocaciones en políticas públicas que los gobiernos de turno implementaron y que, muchas de ellas, acabaron perjudicando al país en términos económicos, la ciudadanía identificó al tráfico de influencias y los negociados, como las prácticas políticas, que no estaban dispuestos a seguir soportando. Ese convencimiento colectivo, es lo que en definitiva permitió que Evo Morales y su partido (el MAS), alcance el porcentaje histórico de 54% para acceder al gobierno. Fue, el malestar generalizado de la ciudadanía - contra la corrupción - el que acabó castigando a los políticos que siempre se “cotearon” las reparticiones públicas, lo que posibilitó el voto mayoritario a favor del actual gobierno.

La ciudadanía, asumió esa decisión, al margen de las cualidades de la candidatura masista para el ejercicio del gobierno; conciente de que su credibilidad era más importante que su capacidad. Todos (o casi todos) sabían – y por supuesto que ahora como mayor claridad - que Evo Morales, nunca fue un extraordinario estadista, como equivocadamente pretenden hacerlo aparecer, sus más cercanos colaboradores que forman ese círculo de poder detrás del trono. Al Presidente Morales, si algún atributo fuera de toda duda se le reconoció, fue el de representar la expectativa de cambio de la sociedad boliviana: por su origen, por su consecuencia, por su simpleza y sus muestras de austeridad. En los últimos años, ante la crisis del sistema político que provocaron los partidos tradicionales, Evo Morales acabó constituyéndose como la representación simbólica del cambio. Fue ese atributo que le dio el triunfo. Por ello – la ciudadanía - lo menos que esperan de su gobierno, es consecuencia con los principios éticos y morales que permitieron su asenso al gobierno. Es ese compromiso, entre los electores y el mandatario, que hoy se pone en duda, cuando desde el propio gobierno se implementan mecanismos para “asaltar el poder”. La ciudadanía, entonces acaba preguntándose: ¿Y de que sirvió votar él, si todo sigue igual?

Una de la diferencia cualitativa entre éste gobierno y los anteriores (al margen de otras de índole política y técnica) básicamente se fundó en la alta credibilidad que la ciudadanía tenia (o aún tiene), respecto de la honradez del mandatario. Los avales políticos, malogran esa imagen emblemática y sitúan al gobierno, entre aquellos otros que consideraron el Estado como un botín de guerra.

En general, los avales políticos (como un mecanismo de premiación), nacen en la cabeza de los líderes, para controlar a sus bases. Son decisiones que les permite premiar a los militantes, en una suerte de compromiso de lealtad, en los que comprometen los recursos públicos. Los avales políticos (como una práctica de corrupción) no se superan sólo con expulsiones y purgas de militantes; pero aún, si sólo se lo hace con militantes de base. No es culpa de ellos, en todo caso, mas bien, los militantes resultan siendo las victimas de esa forma de organizar que imponen los “jefes”.

Los avales políticos, son los que permiten - por ejemplo - que un prensista de profesión, acabe de presidente de la principal petrolera estatal del país (y ahora de su sucesor); los avales políticos, son los que facilitan y soliviantan que grupos familiares se encaramen en las principales instituciones del Estado; los avales políticos, son los que posibilitan que una persona responsable de varios sucesos violentos en los últimos meses, ahora este gozando de vacaciones pagadas en el país de las maravillas. Eso y muchas cosas más, permiten los “avales políticos” y son prácticas que la sociedad boliviana, confió que se iban a superar.

La expectativa de la ciudadanía por el cambio - fue tal - que acabó votando Evo Morales, esperanzada en que éste, iba ha acabar con las viejas prácticas políticas. Como están las cosas, todo parece indicar, que la lucha contra la corrupción, no pasó de ser una promesa electoral.

*) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es