Horst Grebe López*
El conflicto en Huanuni y las diversas dificultades que impiden modificar el régimen tributario aplicable a las actividades mineras, están poniendo de manifiesto las profundas deformaciones estructurales que caracterizan a este sector, y que se presentan también en otras actividades económicas como resultado de la ausencia de estrategias sectoriales de transformación y desarrollo que caracterizó a las políticas neoliberales aplicadas a lo largo de las décadas pasadas. Incluso los más conspicuos defensores de dicho enfoque reconocen ahora que la ortodoxia neoliberal adoleció de una visión estratégica y que la estabilización de la macroeconomía no fue suficiente para impulsar crecimiento con equidad. Ya no resulta novedoso por tanto embestir contra puertas abiertas. Lo que corresponde, en cambio, es llamar la atención sobre el carácter excepcional de la presente coyuntura y las enormes potencialidades que encierra para emprender nuevos rumbos sin necesidad de adoptar medidas traumáticas.
La bonanza imperante en las cuentas fiscales tendría que facilitar por ejemplo un enfoque más rico y matizado con respecto a las políticas tributarias adecuadas para los diferentes sectores e industrias, cada uno de los cuales ha sido deformado por las políticas pasadas y por las desiguales capacidades de sus agentes, lo que ha dado lugar a la agudización de las heterogeneidades estructurales que caracterizan su desempeño. La política tributaria tendría que cumplir por consiguiente, en primer lugar, con la función de establecer incentivos conducentes a superar paulatinamente las disparidades organizacionales, gerenciales y tecnológicas de este sector, donde coexisten por de pronto empresas y cooperativas en condiciones sumamente diferenciadas.
Un segundo objetivo tendría que consistir en promover la generación de valor agregado en las diferentes etapas de la fundición, la industrialización básica y el procesamiento manufacturero de los diferentes minerales.
Cabría proponerse, en tercer lugar, el estímulo a la transformación organizacional y el mejoramiento financiero, tecnológico y comercial de un sinnúmero de cooperativas que hoy operan en condiciones precarias y son víctimas propicias de las empresas rescatadoras, además de la autoexplotación que se infligen como consecuencia de las expectativas que generan las elevadas cotizaciones internacionales de los minerales.
El excedente minero potencial tendría que canalizarse por último también en parte hacia la reorganización y potenciamiento de las instituciones estatales que lo conducen, y sin cuyo concurso estratégico será difícil que el Estado ponga en práctica políticas apropiadas con visión de largo plazo.
Me limito por de pronto a este elenco de nuevos objetivos de una política tributaria racional para el sector minero, con miras a dejar constancia en este momento de que sería lamentable que las presiones sociales y el clientelismo induzcan a la adopción de un esquema de tributos mineros que persiga únicamente un aumento de las recaudaciones fiscales a corto plazo e introduzca involuntariamente incentivos para acentuar aún más las disparidades estructurales del sector, con el efecto adicional de que se podrían perjudicar las inversiones necesarias para su modernización en forma.
*Horst Grebe L.
es economista.