Los movimientos tradicionales
el 3 feb En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Puka Reyesvilla*
Aunque por sentido común me he cuidado de no emplear la denominación al uso, cuando no queda más remedio, echo mano del entrecomillado para referirme, como lo haré a continuación, a ese artificio elevado a la categoría de estrella del programa dentro del reality show que estamos viviendo: los “movimientos sociales”.
Hecha esta precisión, desde hoy los llamaré movimientos tradicionales, de modo que en el futuro, cuando mencione esta denominación, se sabrá a lo que me refiero. En todo caso, el abusar de ciertos recursos del lenguaje, en la onda nominalista, permite poner en evidencia la facilidad con la que se pueden asumir como reales los absurdos más delirantes.
Soy consciente de que el adjetivo “tradicional” no calza en el concepto que pretendo modificar nominalmente, básicamente porque tal concepto carece de sustancia, aunque en su nombre se cometan toda clase de arbitrariedades; luego, volvemos a los fuegos de artificio.
Hago uso, además, de la misma treta de quien tuvo la rentable —en términos políticos— idea de calificar como tradicionales a los partidos que sostuvieron la democracia boliviana, más allá de ciertos comportamientos de algunos de sus operadores. Ésta ha sido para mí la idea política más exitosa de los últimos tiempos porque, en la medida en que se le fueron incorporando una infinidad de mitos asumidos como verdades incontestables (fácilmente rebatibles pero, como todo mito, jodidamente resistentes), hizo efecto en la subjetividad de la gente.
Sucede que cuando se aplica lo de “tradicionales” a los partidos siento lo mismo que al escuchar a un locutor calificar como “clásica” una canción de hace tres años. En sentido estricto, ni aquellos lo son porque no ha transcurrido una longevidad considerable, diez o más generaciones, desde su aparición, ni ésta se gana el derecho de ingresar en tal clasificación por pura nostalgia. Ahora, que su uso recurrente les otorgue otro sentido, es otra cosa. Sin embargo, partidos como el PSOE tienen más de 100 años y a nadie se le ocurriría colgarles el sambenito de “tradicionales”, cosa que, por lo demás, no tiene necesariamente que ser tomado por el lado despectivo.
O sea que si se acepta y se valora negativamente lo tradicional con relación a los partidos, no estoy haciendo más que aplicar el mismo criterio respecto de los “movimientos sociales” que se supone –con carácter provisional— son los sustitutos de aquellos. ¡Qué rápido que se han hecho “tradicionales”!, es decir, como se entiende por acá, más violentos, autoritarios, intolerantes, sediciosos, revanchistas y prebendalistas.
Convertidos en el comodín de un gobierno confundido en ellos y que, a falta de talante democrático, los manipula como único expediente para sostener su cada vez más “chavista” proyecto político. Menos o más tradicionales, los partidos son los instrumentos idóneos para el desarrollo de una democracia en serio, por lo que se hace imprescindible la reposición de un sistema que los promueva.
*Puka Reyesvilla
es docente universitario.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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