La conducción de YPFB
el 3 feb En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Carlos Miranda Pacheco*
Con todo lo acontecido, la pregunta que se hacen todos: ¿Qué es mejor, un técnico o un político?
El sector hidrocarburos, desde que se decide que el Estado nuevamente tome un rol protagónico, se ha convertido en una especie de trituradora de carne. Desde fines de 2003, hasta la fecha, han pasado por el sector ocho ministros del ramo y seis presidentes de YPFB. Un promedio de ministro nuevo cada seis meses y lo mismo cada ocho con el presidente de YPFB. Dinámica alarmante. Al mismo tiempo, durante todo este período, se le han ido asignando mayores y más importantes tareas y responsabilidades a YPFB.
Con la habilidad que se ha hecho evidente en estos últimos tiempos de convertir frases y/o slogans en verdades o destinos inconmovibles, se repite una y otra vez, que las reformas del sector son para que YPFB participe activamente en todas las actividades de la cadena productiva del sector. Explorar, producir, transportar, refinar y comercializar toda la producción de hidrocarburos. En palabras simples: que YPFB sea una empresa petrolera totalmente integrada.
A lo anterior se suman ahora los 44 contratos firmados con las empresas petroleras en el país. YPFB debe recibir toda la producción de petróleo y gas y comercializarla. El manejo de esos ingresos no es muy conocido y lo trataremos de explicar. Las compañías mensualmente informarán a YPFB los volúmenes que han producido, y los montos que su venta ha representado. Obtenido el visto bueno de YPFB, conjuntamente instruirán al(a los) comprador(es) el depósito en cuentas separadas, primero el 50 por ciento del total para que sea acreditado como regalías, participaciones e impuestos a favor del Estado boliviano. Del restante 50 por ciento, una fracción no determinada será depositada a favor de la compañía por concepto de los gastos que ha incurrido para obtener la producción vendida. Esos gastos incluyen lo gastado en la exploración previa a la producción. Naturalmente, esos gastos, denominados Costos Reembolsables, deben ser previamente aprobados por YPFB. La mayor parte de los contratos permite pedir como Costo Reembolsable hasta el total de ese 50 por ciento restante. En unos cuantos casos se fija un porcentaje como tope. De existir todavía un saldo de ese 50 por ciento, mediante fórmulas pactadas en los contratos se efectuará una retribución a la empresa, por concepto de utilidad y/o ganancia. Finalmente, cuando se anule el “sure tax” que existe actualmente para petróleo y minería en la Ley 843, habrá una participación para YPFB. En términos concretos y simples, YPFB debe efectuar el manejo de más de 2.000 millones de dólares al año, de los cuales la mitad es para las prefecturas, alcaldías, municipalidades, etc.
Para cumplir todas esas funciones, YPFB debería contar con la organización, y fondos equiparables con esas responsabilidades. Lamentablemente no es el caso. La Ley 3058 le quitó todos los fondos que la anterior legislación le asignaba, y le impuso una organización completamente ineficiente al fragmentar de inicio una empresa que estaría reconformándose. Como ingresos, YPFB cuenta con la sobretasa a los campos de San Alberto y San Antonio que deben sumar algo más de 200 millones de dólares. El 1 de febrero cuando los contratos entren en ejecución, YPFB deja de percibir esa tasa. La otra fuente de ingresos representará las utilidades del mayoreo de combustibles.
Como se puede ver, estamos en una gran confusión. Queremos que YPFB haga todo y casi no tiene fondos. En ese torbellino está la selección de su máxima autoridad, que debería servir para que pueda trazar un curso razonable de acción.
Está claro que lo primero es lo primero. YPFB prioritariamente debe supervisar la ejecución de los contratos, coordinar la exportación de gas a la Argentina sin descuidar la del Brasil y el consumo interno, terminar las negociaciones con Andina, Chaco, Transredes y las refinerías y la compañía logística. Esa agenda ya es lo suficientemente amplia y llena de complicaciones para estar planeando gerencias operativas en todo el país.
Con todo lo acontecido, la pregunta que se hacen todos: ¿Qué es mejor, un técnico o un político?
Por la presidencia de YPFB han transitado en diferentes épocas individuos de ambas categorías, con resultados discutidos. Un solo caso se perfila nítido. La presidencia de José Paz Estenssoro. Ese hermano de un Primer Mandatario, condujo YPFB a sus mejores logros que todavía quedan en el imaginario popular de la empresa estatal paradigmática.
José Paz Estenssoro no sólo era político, también tenía un sólido conocimiento de la industria, al haber estado entre los primeros bolivianos que pasó un período de entrenamiento en la Argentina, después de la nacionalización de la Standard Oil. Ese ex presidente combinó esas dos características para edificar una empresa en tiempos de desenfreno político como el actual, convirtiéndose en una valla casi infranqueable a la intromisión política y recurriendo a los servicios técnicos más calificados de ese entonces.
En síntesis, la historia nos enseña que el presidente ideal sería un técnico con fuerte soporte político. El no llenar los dos requisitos lleva a situaciones como las que se produjeron con el último presidente de la empresa.
*Carlos Miranda P.
es ingeniero petrolero, fue superintendente de Hidrocarburos.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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