(Las visiones totalitarias, siempre encuentran justificación para sus acciones, en escenarios de pobreza, desigualdad y fragmentación. Sin embargo, y pese a ello, la democracia es sin duda, la única vía de construcción social y política que puede posibilitar cohesión, equidad y desarrollo)

Por: Eduardo Campos V. (*) 

En los últimos años, los acontecimientos políticos y sociales que se han precipitado - uno tras otro - nos han acostumbrado a vivir en constantes sobresaltos, haciéndonos perder de vista que Bolivia (como sociedad) tiene retos históricos fundamentales no resueltos, mismos que al paso que vamos, amenazan con agudizarse antes que resolverse.

Bolivia, vive una de las crisis más intensas de su historia. Esta crisis no sólo involucra al ámbito político, como muchos creen. Por debajo de la evidente pérdida de legitimidad y representación del sistema político - aparentemente resuelto con la elección de nuevos gobernantes y representantes - subsisten condiciones estructurales objetivas que no están siendo abordabas debidamente. Ni con la urgencia que ameritan y menos con la responsabilidad que debe hacérselo. En términos concretos, Bolivia arrastra una dramática situación insostenible de pobreza que involucra al 63% de su población, con un 37% que vive en situación de extrema pobreza. Los niveles de inequidad, están entre los más altos del continente, concentrando el 60% del ingreso, en el 10% más rico de la población y sólo el 1% del ingreso en el 10% más pobre. Por otra parte, pese a que las condiciones internacionales son extraordinariamente favorables, la inserción de muestra economía al mercado mundial es muy baja y dependiente de los recursos naturales.

Pobreza, desigualdad y baja inserción en el mercado mundial, parecen irresolubles, cuando - además – se producen procesos de una constante pérdida de cohesión social (fragmentación). Tanto en términos étnico culturales (irresponsablemente impulsados en los últimos tiempos), como territoriales (las asimetrías de las regiones del eje respecto de las periféricas), procesos que encuentran en los enfrentamientos del ámbito político, nuevos motivos para ahondarse antes que resolverse. En un escenario así, de gran desigualdad y pobreza, con procesos de fragmentación social en curso, la democracia se enfrenta a innumerables problemas para avanzar y consolidarse. Son estas condiciones particularmente críticas, las que permite el afloramiento de posturas totalitarias, tanto en su versión fascista de derecha, como aquellas populares colectivistas. Ante la imposibilidad de alcanzar entendimientos, ante la virulencia de los enfrentamientos que se suceden, paulatinamente las posturas dictatoriales toman carta de ciudadanía, haciéndonos creer a todos, que esa es la única vía para darle orden y coherencia a la sociedad. Pero estas posturas no nacen por generación espontánea, tiene sus raíces en las propias imperfecciones de la democracia. En sociedad como la nuestra, por una parte, el voto como el mecanismo de otorgación de representación y legitimidad del nivel político, casi siempre se encuentra mediatizado por partidos clientelares o populistas, mismos que basan su éxito, más en consignas movilizadoras que en argumentos racionales. Así, los partidos con una baja disciplina programática, indistintamente de que sean tradicionales o nuevos, tienden a ser un agregado de intereses particulares o corporativos que están lejos – precisamente por ello – de representar y peor aún, de resolver los problemas de las mayorías (los pobres). Así, la política se convierte en el mecanismo mas expedito para apropiarse de los beneficios que brida el poder, olvidándose de la responsabilidad colectiva con sus electores. Así, lo hacen por igual – como lo estamos constatando - partidos de derecha y populistas, consolidando roscas familiares y corporativas en los más apetecidos sitios del poder. Cuando está en riesgo ese poder que han alcanzado, cuando se cuestiona lo que hacen y se les empieza a pedir cuentas, afloran esas iniciativas totalitarias, buscando mantener el control que paulatinamente lo van perdiendo por sus propias acciones y que no encuentran otra manera de mantenerlo. Por otra parte, en el ámbito económico, la generación de riqueza (producción) y la distribución de excedentes (expansión del mercado interno) tienden a ser incipientes, ineficientes e informales, incapaces de resolver la generación de empleo y de un adecuado aprovechamiento de los recursos. Las inversiones nacionales y extranjeras, se limitan a operar en ámbitos altamente “rentables”, privilegiando la explotación de recursos naturales, generalmente para la exportación, lo que no permite la generación de valor agregado, los encadenamientos económicos y la propia expansión del mercado interno. Son ese conjunto de condiciones políticas, económicas y sociales, extremadamente precarias - como es nuestro caso - que dan paso a las salidas dictatoriales. Las visiones totalitarias, siempre encuentran justificación para sus acciones, en escenarios de pobreza, desigualdad y fragmentación. Sin embargo, y pese a ello, la democracia es sin duda, la única vía de construcción social y política que puede posibilitar cohesión, equidad y desarrollo La gran mayoría de la población ha apostado por ello. Todos esperamos que desde el ámbito político se den soluciones a los graves problemas estructurales que tenemos. Por ello hemos elegido nuevos gobernantes, nuevos representantes y constituyentes. Las políticas públicas tienen que responder a esos retos. El nuevo pacto social que se debe lograr en la constituyente, debe tener como objetivo central revertir esa situación. Es en democracia y no por la fuerza que debemos hacernos viables en el mundo del hoy, en el siglo XXI. Autoritarismo y democracia no contienen, son excluyentes.

*) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es