(Fundamentos de una nueva educación para un futuro sostenible)

Por: Eduardo Campos V. (*)

 En octubre de 1999 - hace más de 7 años - la UNESCO publicó el texto de Edgar Morin con el título “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, mismo que encabeza esta nota. Morin, presentó su obra como una contribución a la reflexión internacional sobre la educación para un futuro sostenible. La versión original está en francés y fue traducida posteriormente al castellano. En la presentación de la obra, Federico Mayor, Director General de la UNESCO (por entonces) hace referencia a algunos conceptos fundamentales que motivaron a su institución para encomendar a Edgar Morin, la elaboración de dicho ensayo, mismo que es abordado acertadamente por el autor, en el contexto de su visión del “Pensamiento Complejo”. En la presentación, el Director Federico Mayor, señala: “Cuando miramos hacia el futuro, vemos numerosas incertidumbres sobre lo que será el mundo de nuestros hijos, de nuestros nietos y de los hijos de nuestros nietos. Pero al menos de algo podemos estar seguros: Si queremos que la tierra pueda satisfacer las necesidades de los seres humanos que la habitan, entonces la sociedad humana deberá transformarse”. Edgar Morin en su obra, expone siete principios clave que él estima necesarios para la educación del futuro. Desde una perspectiva crítica, nos plantea la necesidad de realizar cambios en nuestro estilo de vida y nuestros comportamientos. Asumiendo que la educación es la fuerza del futuro, porque ella se constituye uno de los instrumentos más poderosos para realizar los cambios que permitirán un futuro sostenible. En ese sentido, Morin nos señala que, uno de los desafíos más difíciles, será el de modificar nuestro pensamiento de manera que sea capaz de enfrentar la complejidad creciente, la rapidez de los cambios y lo imprevisible que caracteriza nuestro mundo

Pero intentemos aproximarnos más a su obra. Morin comienza su análisis señalándonos lo siguiente: “Hay siete saberes fundamentales que la educación del futuro deberá tratar en cualquier sociedad y en cualquier cultura sin excepción alguna, ni rechazo según los usos y las reglas de cada sociedad y de cada cultura”. El aclara que su texto, no pretende constituirse en una guía o compendio de enseñanza. Pretende únicamente y esencialmente exponer problemas centrales y fundamentales que permanecen por completo ignorados y olvidados, mismos que son necesarios para la enseñanza del siglo XXI”.

En el primer capitulo, titulado “La ceguera del conocimiento: el error y la ilusión” nos introduce al análisis crítico del concepto educación. El sostiene que no es posible que la educación que es la que tiende a comunicar los conocimientos, permanezca ciega ante el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error, como a la ilusión y, ésta – la educación – no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer. Continúa señalando que el conocimiento no se puede considerar como una herramienta “hecha” que se puede utilizar sin examinar su naturaleza. Por ello concluye, que el conocimiento del conocimiento debe aparecer como una necesidad primera, que sirva de preparación para enfrentar riesgos permanentes de error e ilusión que no dejan de rondar la mente humana. Se trata – dice – de armar cada mente, en el combate vital para la lucidez. Es necesario desarrollar e introducir en la educación el estudio de las características cerebrales, mentales y culturales del conocimiento humano, de sus procesos y modalidades, de la disposición tanto psíquica, como culturales que permiten arriesgar el error o la ilusión.

En el capítulo segundo, Morin habla de los principios de un conocimiento pertinente. Existe – dice – un problema capital, aun desconocido que está referido a la necesidad de promover un conocimiento capaz de abordar los problemas globales y fundamentales, para inscribirlos en ellos, los conocimientos parciales y locales. La supremacía de un conocimiento fragmentado según las disciplinas, impide a menudo, operar el vínculo entre las partes y las totalidades y debe dar paso a un modo de conocimiento capaz de aprehender los objetos en sus contextos, sus complejidades, sus conjuntos. El concluye el capítulo, señalando que es necesario desarrollar la aptitud natural de la inteligencia humana para ubicar todas sus informaciones en un contexto y en un conjunto. Es necesario enseñar los métodos que permiten aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo y el todo en un mundo complejo. El capítulo tercero, se refiere a la enseñanza de la condición humana. Morin dice, “el ser humano es a la vez físico, psíquico, biológico, cultural, social, histórico”. Es ésta unidad compleja de la naturaleza humana la que está completamente desintegrada en la educación a través de las disciplinas y que imposibilita aprender lo que significa ser humano. Para Morin lo que hay que hacer es, restaurarla - de tal manera que - uno donde este, tome conocimiento y conciencia al mismo tiempo de su identidad compleja y de su identidad común a todos los demás humanos. Así la condición humana debería ser objeto esencial de cualquier educación. Concluye señalando que el reto es, cómo a partir de las disciplinas actuales es posible reconocer la unidad y la complejidad humana, reuniendo y organizando conocimientos dispersos en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias humanas, la literatura y la filosofía y mostrar la unidad indisoluble entre la diversidad y la unidad de todo lo que es humano

El capítulo cuarto de la obra de Morin está referido a la enseñanza de la identidad terrenal. Sostiene que en lo sucesivo el destino planetario del género humano será otra realidad fundamental – que hoy – es ignorada por la educación. Dice “El conocimiento del desarrollo de la era planetaria que van ha incrementarse en el siglo XXI y el reconocimiento de la identidad terrenal que será cada vez más indispensable para cada uno y para todos deben convertirse en uno de los mayores objetivos de la educación”. La era planetaria que comienza con la comunicación de todos los continentes en el siglo XVI, cada vez hace más inter relacionadas todas las partes del mundo. Sin embargo estas inter relaciones no han superado las opresiones y dominaciones que aún solazan la humanidad, configurando escenarios distintos, contradictorios y contrapuestos, lo que no implica que –todos los humanos– están confrontados en estos tiempos, con los mimos problemas de vida y muerte, lo que nos debería llevar a visualizar que vivimos una misma comunidad de destino. El Capítulo quinto hace referencia a la necesidad e enfrentar las incertidumbres. Morin dice: “la ciencia nos ha hecho adquirir muchas certezas, pero de la misma manera nos ha revelado - principalmente en el siglo XX - innumerables campos de incertidumbre”. El sostiene que la educación debería comprender la enseñanza de las incertidumbres que han aparecido en las ciencias físicas (microfísicas, termodinámica, cosmología), en las ciencias de la evolución biológica y en las ciencias históricas. Se tendrán que enseñar principios de estrategia que permitan enfrentar los riesgos, lo inesperado y lo incierto y modificar su desarrollo en virtud de las informaciones adquiridas en el camino. Un examen de los grandes acontecimientos y accidentes de se han suscitado en la historia de la humanidad (casi todos ellos inesperados), así como el reconociendo de que cada vez es mayor el abandono de los conceptos deterministas de la historia humana, que creía poder predecir nuestro futuro, nos deben llevar a preparar nuestras mentes para esperar lo inesperado y para poder afrontarlo. Morin concluye señalando: “Es imperativo que todos aquellos que tiene la carga de la educación estén a la vanguardia con la incertidumbre de nuestros tiempos”. El capítulo sexto de la obra de Morin se refiere a la enseñanza de la compresión. Parte por sostener que la compresión es al mismo tiempo medio y fin de la comunicación humana y que lamentablemente la educación para la compresión esta ausente de la enseñanza. El dice: “El planeta necesita comprensiones mutuas en todo sentido. La comprensión mutua entre humanos, tanto próximos, como extraños es en adelante vital para que las relaciones humanas salgan de su estado bárbaro de incomprensión”. Es paradójico – sostiene – que las interdependencias se hayan multiplicado – diríamos - la comunicación ha triunfado, el planeta está cruzado por redes, faxes, teléfonos, celulares, modems, internet. Y sin embargo la incomprensión sigue siendo general. Educar para comprender las matemáticas o cualquier otra disciplina es una cosa, educar para la comprensión humana es otra cosa; ahí se encuentra justamente la misión espiritual de la educación: enseñar para la compresión entre las personas, como condición y garantía de la solidaridad intelectual y moral de la humanidad. Morin concluye señalando que la compresión humana sobrepasa la explicación. Comprender incluye necesariamente un proceso de empatía, de identificación y de proyección. Es siempre subjetiva e implica apertura, simpatía y generosidad. El capítulo séptimo - el último - está referido a la ética del género humano. Morin nos dice que la educación debe conducirnos a una antro-ética considerando el carácter ternario de la condición humana, cual es a la vez el de ser individuo/sociedad/especie. En este sentido – continúa señalando - que la ética individuo/especie, necesita un control mutuo de la sociedad por el individuo y del individuo por la sociedad, es decir la democracia. La ética no se podrá enseñar con lecciones de moral, ella debe formarse en las mentes a partir de la conciencia que el ser humano es al mimo tiempo individuo, parte de una sociedad, parte de una especie. Llevamos en cada uno de nosotros esta triple realidad. De igual manera todo desarrollo verdaderamente humano debe comprender el desarrollo conjunto de las autonomías individuales, de las participaciones comunitarias y la conciencia de pertenecer a la especie humana.

Morin concluye su ensayo con un alegato contundente que queremos compartir con ustedes, él dice: “La Humanidad dejó de ser una realidad meramente biológica, debiendo ser plenamente reconocida con su inclusión indisoluble en la biósfera; la Humanidad dejó de ser una noción sin raíces; ella se enraizó en una “Patria”, la Tierra y la Tierra es una patria en peligro. La Humanidad dejó de ser una noción abstracta: es una realidad vital, ya que desde ahora está amenazada de muerte por primera vez. La Humanidad ha dejado de ser una noción solamente ideal, se ha vuelto una comunidad de destino y sólo la conciencia de esta comunidad la puede conducir a una comunidad de vida. La Humanidad de ahora en adelante es una noción ética. Ella es lo que debe ser realizado por todos y en cada uno”.

Luego de ver – aún sea de manera muy general – la obra de Edgar Morin y a propósito de la reforma educativa que se quiere implementar en nuestro país, uno llega a la conclusión de que nos haría bien fijarnos un poco más, en las experiencias de otros países y las propuestas que se han generado en los últimos tiempos en el mundo entero. Haber si así, dejamos de creer que encontraremos soluciones, sólo mirándonos el ombligo.

(*) Director A. C. Cramer

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