Una evaluación más
el 25 ene En: POLITICA Y DEMOCRACIA - sin comentarios

Ilya Fortún
A un año del inicio del gobierno del presidente Evo Morales, la tentación obvia del columnista es la típica evaluación de gestión, con intenciones de neutralidad, imparcialidad y objetividad. Pero más allá de las intenciones, el lector sabe que los columnistas y opinadores en general, somos personas de carne y hueso como el resto, con ideas, inclinaciones y tendencias propias que, inevitablemente, nos llevan en cada una de nuestras líneas, a llevar el agua a nuestro molino, a veces con absoluta conciencia, y otras con la inconsciencia de nuestras pasiones. En mayor o menor medida, todos respondemos a nuestra forma de ver el mundo, e intentamos ser fieles a nuestras convicciones; ocurre lo mismo con los políticos, con los economistas, con los empresarios, con los comunicadores, y por supuesto con los analistas.
Lo que digo no es novedad, todos somos seres políticos influenciados e influyentes, y entiéndase, eso no solamente es inevitable: es bueno y saludable. La supuesta asepsia política es en la práctica imposible y por lo tanto altamente sospechosa. La prueba de esta reflexión se la ha podido constatar en estos días de innumerables evaluaciones que parecen referirse a dos países completamente distintos. Desde diversos ámbitos de opinión, los balances son contradictorios y diametralmente opuestos. Para unos, el 2006 fue una catástrofe, para otros, una maravilla.
Se me ocurre entonces que no estaría demás evaluar a los evaluadores, pues lo contrario sería admitir que vivimos una realidad de dos dimensiones paralelas, y la verdad es que ese rollo de las dos Bolivias nunca me lo he creído. Más probable es pensar que parte del país se encuentra en medio de una batalla de opiniones públicas concentrada en las clases medias, en las cuales la influencia de los medios puede ser determinante (la formación de opiniones en las clases populares, urbanas y rurales es distinta y responde a otro tipo de dinámicas, no siempre asociadas a la influencia mediática).
Los evaluadores, que supuestamente interpretamos la realidad nacional, y que muchas veces nos atribuimos arbitrariamente la representación de lo que "la gente" piensa, estamos metidos hasta el cuello en el escenario de guerra y polarización al que astutamente han apostado las facciones más radicales, tanto del Gobierno, como de las oposiciones. Lo que falta saber es si esta champa guerra de formación de percepciones de la clase media responde a un enfrentamiento ideológico entre derechas e izquierdas, a una pelea racial entre indios y blancos, a un ajuste de cuentas regional entre oriente y occidente, o simplemente a la defensa de los intereses y privilegios de unos cuantos poderosos, que no quieren dejar de ser poderosos.
Bueno sería que todos, pero especialmente quienes opinamos públicamente, nos preguntemos seriamente, a qué intereses oscuros y subalternos estamos sirviendo indirectamente, alimentando este estado de esquizofrenia clasemediera colectiva. No vaya a ser que terminemos deformando la realidad al antojo y conveniencia de unos cuantos. No vaya a ser que dentro de un tiempo se nos caiga la cara de vergüenza, por haber sido tontos útiles de quienes se hayan beneficiado de esta guerrita. No vaya a ser que inclusive los pocos que nos leen, miran o escuchan, terminen por no creernos nada, como ha ocurrido con el grueso de la población.
Por suerte es usted, amable lector, el que siempre tuvo la última palabra, si de evaluar se trata.
*Ilya Fortún
es comunicador social.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















Escribe un comentario