Iván Arias Durán*
¿Por qué el Presidente se esfuerza por quedar solo y enfrentado? ¿Qué mitos y emperadores mueven las acciones suicidas? A un año de gestión la soledad se patentiza en aquellos gritos del silencio de cuatro horas en el que ni siquiera sus adeptos le prestaban atención. El aislamiento nacional del régimen crece y se evidencia en una concentración que apenas llegó al 30 por ciento de lo que fue el imponente acto de 12 meses atrás.

El paro convocado por sus adeptos en contra de uno de los prefectos favorables a las autonomías, fue un total fracaso en pleno aniversario del gobierno del cambio. La política de kamikaze andino no ha hundido ningún acorazado enemigo y más bien, en menos de un año, ha contribuido a la emergencia de supuestos cadáveres otorgándoles poder de movilización, respuesta y referencia nacional.

El país lo amaba (80 por ciento de aprobación al comienzo de su mandato) y aún lo quiere (59 por ciento ahora), pero desprecia ese cariño porque él no cree en las encuestas ya que, seguro, las considera una mentira de, otro de sus enemigos, la prensa.

El mundo espectaba a nuestro cocalero vestido de indio con esperanza y como el posible articulador de una Latinoamérica más justa, inclusiva y progresista. La Unión Europea tuvo que enviarle una carta de preocupación por los sucesos de Cochabamba. En la reunión del Mercosur ha repetido su actitud de kamikaze y tanto a Lula como a Uribe les “ha dicho sus verdades” siguiendo al emperador Chávez. ¿Por qué fagocitarse así?

Pero, tenemos Evo para rato. La oposición que tiene al frente es tan chicata y mezquina, el Senado es una muestra, que no le hace sombra. Además con la subida concertada con las empresas de los impuestos a la minería, que también le llamará nacionalización, podrá encandilar a las masas y sumar un nuevo bono revolucionario. Lo doloroso es que hemos empezado con las parcas hilando la muerte entre bolivianos.

*Iván Arias D.

es experto en descentralización

y pueblos indígenas.