(Un mecanismo democrático para evaluar la gestión pública o un instrumento para tumbar autoridades electas) Por: Eduardo Campos V. (*) 

En este país, no debiera alarmarnos ya que el gobierno haga más esfuerzos para que continuemos divididos, que para entendernos. Cuando a todas luces lo sensato, lo viable, lo responsable, lo democrático es dialogar y concertar para superar nuestras diferencias, se hace lo contrario. Así es que siempre se está encontrándole “salidas” para renovar las confrontaciones, para avivar las diferencias, para situarnos invariablemente en esa suerte de empate catastrófico en la que estamos sumidos tanto tiempo. Bolivia, luego de la crisis estatal de principios de ésta década, claramente ha apostado por la democracia. Es por ello que, pese a los momentos difíciles que hemos vivido, se ha preferido cambiar presidentes – uno tras otro – antes que ir al enfrentamiento; es ese espíritu democrático que nos ha llevado al referéndum para decidir que hacemos con el gas y, así hemos elegido nuevos gobernantes y posteriormente constituyentes, esperanzados que en ese escenario, se logre alcanzar un nuevo contrato social entre todos. Ahora que pudiéramos estar construyendo la nueva Bolivia en paz y entendimiento, resolviendo los grandes problemas no resueltos que enfrentamos y, aprovechando las extraordinarias condiciones externas que se presentan, se prefiere apostar – una vez más - por el enfrentamiento, ésta vez poniendo en tela de juicio la legitimidad de las autoridades elegidas por voto. Concretamente la de los prefectos; mas exactamente, la de los prefectos contrarios al gobierno central. Es esa particular manera de hacer política del gobierno, la que reedita, uno tras otro, los escenarios de enfrentamiento, los escenarios de violencia. Unas veces, de manera directa, soliviantando las acciones temerarias y antidemocráticas de algunos movimientos sociales, sobre los que tiene alto control, como es el caso de Cochabamba y La Paz y, otras veces, quitándole al Estado su potestad de garantizar la seguridad ciudadana y el estado de derecho, provocando situaciones incontrolables de anarquía y violencia como sucedió en Huanuni. En los casos de los prefectos de Cochabamba y La Paz, se ha desatado toda una arremetida virulenta, por el simple hecho de que ambos prefectos, han dicho “cosas que nos les gusta”. No se cuestiona su desenvolvimiento en la gestión pública, no se cuestiona su ejecución presupuestaria; se cuestiona lo que dicen, lo que piensan. Claro ésta que lo que no les gusta es que ambos prefectos se hayan pronunciado a favor de apoyar los procesos de descentralización administrativa del país, que estén contra el centralismo, que apoyen los 2 tercios en la constituyente. Las declaraciones de los prefectos, son apenas eso: declaraciones y, en un escenario democrático no deberían merecer ninguna reacción violenta, menos justificar su derrocamiento. Pero no, antes que enfrentar sus opiniones, con otras opiniones, lo que se hace ir a los hechos, a las movilizaciones, a la violencia. Es de esa manera que se han suscitado los hechos luctuosos de Cochabamba, es bajo esa premisa que se amenaza, constantemente con tomar la prefecturas de La Paz. Ciertamente, da la impresión que el gobierno esta en guerra contra todo aquel que no comparte sus ideas. Eso es indudablemente, totalitarismo y a estas alturas uno acaba preguntándose si el remedio, no es peor que la enfermedad. Luego del evidente fracaso de la toma de Cochabamba por los cocaleros, que pretendían la renuncia del prefecto, que de ser mas violenta – como estuvo a punto de ser – pudo poner en riesgo hasta la propia permanencia del presidente, ahora nos plantean la revocatoria de mandato, entendemos para transigir en su propósito de tumbar a los prefectos contrarios. Y sostenemos esto porque llama la atención que les preocupe más las declaraciones de Reyes Villa y Paredes y no, las bajas ejecuciones de sus propios prefectos, como es el caso de Oruro y Potosí. ¿Entonces para que quieren el referendum revocatorio?, ¿Para evaluar la gestión pública o para derrocar prefectos? Claro hay que reconocer que ésta propuesta, conceptualmente, es superior a su actitud anterior, porque en este caso, de lo que se trata es del voto de los ciudadanos y ya no de la toma de las instituciones por hordas alcoholizadas dispuestas a colgar a cualquier ciudadano que se les cruce en su camino. Las dudas se acrecientan cuando uno analiza con mayor detalle su propuesta. Plantean que se aplicará el referéndum revocatorio sólo a las autoridades electas con menos del 50% de votos, lo que automáticamente saca al presidente Morales de la posibilidad de ser evaluado. Luego modifican incluyendo al presidente Mortales, pero introducen la variante del porcentaje, según la cual para revocar a la autoridad sería necesario un porcentaje mayor al que obtuvo en ocasión de su elección. Ambas variantes desconocen “interesadamente” que el referendum revocatorio es un mecanismo de evaluación de la gestión pública por la propia ciudadanía y que ésta evaluación es a su desempeño, al margen de la preferencia que haya obtenido para acceder al cargo. Es más, este mecanismo se lo aplica, sobre la constatación de que precisamente las autoridades que suelen sacar porcentajes altos en elecciones, lo hacen sobre engaños que en ejercicio de sus funciones suelen no cumplir. Es el referéndum revocatorio (el voto ciudadano) el que evalúa y resuelve esta situación. Por otra parte, lo que se vota en un referéndum revocatorio, son sólo dos opciones (se queda o se va) y por lo tanto, el resultado puede ser resuelto incluso por un solo voto. Por lo tanto, introducir porcentajes que validen los resultados es limitar y manipular la aplicación del mecanismo democrático. Por lo demás el referendum revocatorio, es un mecanismo que se aplica en varios países del mundo y tiene el propósito de evaluar la gestión pública, concretamente el desempeño de las autoridades ejecutivas electas por voto a mitad de su mandato. Por lo tanto se trata, de la evaluación ciudadana al desempeño de la función pública, mediante su voto. Darle otras utilidades, es claramente echar más leña al fuego

 *) Director A. C. Cramer

eduardocamposdc@yahoo.es