Manfredo Kempff Suárez*
Como había anunciado la oposición, la reunión de evaluación del oficialismo, realizada en Cochabamba, sólo sirvió para concluir con un auto bombo en favor del Presidente, y se la organizó con la única intención de que S.E. saliera más fortalecido y aplaudido por “sus” bases, que no se atrevieron a hacer reclamos serios sobre la conducción del Gobierno ni sobre el pobre comportamiento de sus ministros.
Por el contrario, se recomendó a los llamados sectores sociales —milicias callejeras del MAS— defender el “proceso de cambio” y promover grandes movilizaciones en resguardo de la democracia, como si la democracia necesitara de multitudes ululantes en las calles para sostenerse. En el fondo, la referida reunión de evaluación, no hizo sino ratificar la vieja política de los masistas: utilizar el Parlamento cuando le sirve o los adoquines de las calles cuando no están conformes. A esto se suma la utilización de la Asamblea Constituyente para lograr sus propósitos hegemónicos como les gusta o amenazar con los cercos de las citadas organizaciones sociales para acobardar y hacer ceder a los asambleístas opositores.
Todo ha sido un show pero que no deja de tener su justificación, concretamente, por ejemplo, en el caso del prefecto cochabambino Manfred Reyes Villa, a quien el MAS y el propio Presidente, están desesperados por derrocar. Está clarísimo que a Reyes Villa el oficialismo lo quiere ver fuera de la Prefectura, porque es partidario de las autonomías y firme defensor de los 2/3 en la Constituyente. Eso, para el MAS, es un pecado intolerable, si, para colmo, Reyes Villa quiere un referéndum, dentro de dos meses, para que los cochabambinos se manifiesten, nuevamente, sobre el régimen de autonomías. Se ve que esto le ha caído muy agrio al Gobierno y que tendría temor a perder en el departamento que ha sido génesis del MAS, lo que sería un revés fatal.
S.E. afirma que Reyes Villa debe pagar por haber apoyado la independencia de Santa Cruz. Esa, lo sabemos todos, es una falsedad. Reyes Villa jamás apoyó la independencia del departamento de Santa Cruz. Todo se debió a un lapsus en un discurso improvisado —¡S.E. tiene mil de esos!— que de inmediato el Gobierno explotó a través de su maquinaria publicitaria.
Al pan, pan y al vino, vino. Si los cercos de los cocaleros hacen que renuncie Reyes Villa, el siguiente a quien se va a guillotinar por la misma vía de facto será al prefecto paceño. Es decir que el afán es tumbar a los prefectos que no son del MAS, y que no forman parte de la invulnerable “media luna”. Pero lo que sucederá es que Reyes Villa no se va a ir de ningún modo, porque sabe que eso es antidemocrático, una bribonada táctica, pero, sobre todo, porque no hay razón para ceder ni una pulgada a los asaltantes, que, como pulpos, quieren tomarlo todo.
*Manfredo Kempff
es escritor y diplomático