Ricardo Paz Ballivián*
El movimiento por los derechos civiles de Sri Lanka publicó en julio de 1993 un cuadernillo bajo el sugestivo título de The value of dissent. Se recogieron allí aportes teóricos e históricos de personalidades mundiales de diversas inclinaciones ideológicas que tenían en común la defensa de los valores universales relativos a la defensa de las libertades civiles, la tolerancia política y la lucha intransigente contra cualquier dictadura. Destacan las figuras de Galileo Galilei, Rosa Luxemburgo, Jawaharlal Nerhu, Robert E. Mutch, Mark Twain y John Stuart Mill.
Se inician los textos recordando que el “más famoso caso en la historia humana de supresión del disenso data del siglo XVII, cuando el científico Galileo Galilei argumentó que era el Sol, y no la Tierra, el centro del Universo”. Inmediatamente después de publicada su teoría en Florencia, Italia, en 1632, la Inquisición le inició una despiadada persecución que concluyó en una “abjuración y desistimiento” de Galilei respecto de su “lamentable error”. Sin embargo, de acuerdo a la leyenda, Galileo, luego de “admitir su falta”, cuando se dirigía hacia la libertad, no pudo con su conciencia y exclamó: “¡Eppur Si Muove!”, significando que es la Tierra la que se mueve alrededor del Sol y no al revés. Como se sabe, el gesto le costó caro y Galileo vivió desde entonces bajo arresto domiciliario hasta el fin de sus días. Aunque un poco tarde, la historia le hizo justicia finalmente el 31 de octubre de 1992, cuando el papa Juan Pablo II, a nombre de la Iglesia Católica, declaró oficialmente que Galileo Galilei tenía razón y la Inquisición estaba equivocada.
Continúa el cuadernillo con un artículo de Rosa Luxemburgo titulado The problem of dictatorship (El problema de la dictadura). Como se sabe, Luxemburgo fue la más brillante mujer del movimiento marxista internacional y una líder e intelectual revolucionaria polaca que se destacó por sus aportes a los temas sobre la acumulación del Capital, la Cuestión Nacional y las Autonomías, pero sobre todo, por su valiente debate con Lenín acerca de las desviaciones dictatoriales y burocráticas de la revolución bolchevique en Rusia. Su convicción indeclinable de que no es posible hablar de revolución sin libertad y que la democracia y sus valores no pueden ni deben ser negadas por el socialismo bajo ninguna justificación, le valieron la persecución y la cárcel, a las que la sometieron sus antiguos camaradas.
Por su parte Nerhu, Mutch, Twain y Stuart Mill, son recordados a través de extractos de sus obras On Civil Liberty (Sobre las libertades civiles), Political Tolerance (Tolerancia Política), The Adventures of Huckleberry Finn (Las Aventuras de Huckleberry Finn) y Of Individuality (De la Individualidad), respectivamente. Todos ellos argumentan, ejemplifican y exigen la pertinencia innegociable del respeto al disenso en una sociedad civilizada.
Los textos y los casos expuestos nos recuerdan que es imposible la construcción de la democracia y su continuo perfeccionamiento si no comprendemos el valor del disenso. Los seres humanos somos todos muy parecidos, pero no existe uno solo idéntico en todo a otro. El reconocimiento de la existencia de ese otro y su derecho a pensar, opinar y actuar de manera diferente es la base indispensable de cualquier sociedad moderna y del Contrato Social.
“El respeto al derecho ajeno es la paz”, sentenció en una oportunidad el primer Presidente indígena de Nuestra América. Es bueno recordar en estos días a Benito Juárez.
*Ricardo Paz Ballivián
es sociólogo y constitucionalista.