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PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

Image Hosting by PictureTrail.com Democracia, Equidad y Desarrollo

8 Enero 2007

EDUCACIÓN, DEMOCRACIA, EQUIDAD Y DESARROLLO


(La reforma educativa antes que un simple instrumento de formación técnica e ideológica de los alumnos, debiera ser la fuerza impulsora de las grandes transformaciones que requiere nuestro país)
Por: Eduardo Campos V. (*)
La educación es una condición indispensable - aunque no suficiente - para que se consoliden los escenarios democráticos, se reduzcan los niveles de inequidad existentes y se alcancen niveles significativos de desarrollo económico que indudablemente, repercutirán en mejores niveles de vida de la población. Si esto es así, las políticas educativas debieran convertirse en la fuerza impulsora del crecimiento con igualdad, de la lucha contra la pobreza y de la consolidación del escenario de convivencia pacifica, antes que simples instrumentos de formación técnica e ideológica de los alumnos. Es bajo una visión estratégica de la educación que se puede contribuir, desde la reforma educativa, al desarrollo económico, social y cultural del país.

Vivimos tiempos en los que el sistema educativo – en nuestro país o en cualquier parte del mundo - ha perdido el monopolio de la difusión de conocimientos. Hoy se adquiere información por medio de diversas fuentes, fundamentalmente los medios de comunicación que cada vez se hace más interactivos. Sin embargo, esta nueva realidad, no debe llevarnos a suponer que la escuela (en términos genéricos) puede ser remplazada. El rol de la escuela en proporcionar la capacidad de abstracción y asegurar el dominio del lenguaje que permite la comunicación estructural, el pensamiento y la conformación de juicios autónomos. Es evidente que la escuela enfrenta retos mucho más complejos que en pasado; por una parte, debe desarrollar la identidad y la pertenencia para ejercitar valores que ordenen la vida colectiva y, por otra, debe ser capaz de reordenar la gran cantidad de información a la que acceden los alumnos, dándole un sentido crítico, orientados a principios fundamentales.

Hoy el sistema educativo tampoco tiene ya el monopolio de la formación Se aprende tanto fuera de los centros educativos, como en los hogares, los espacios de socialización (diversos y novedosos) e incluso en los centros de trabajo. La necesidad de aprender es hoy un requerimiento que va a acompañar a los alumnos o a los individuos durante toda su vida. Por ello, la enseñanza escolar de estos tiempos, debe organizarse de forma tal que la escuela proporcione a los niños y jóvenes, facultades que les permita sobre todo, de “aprender a aprender”, antes que memorizar y repetir.

En la actualidad, los sistemas educativos (principalmente de los países de menor desarrollo, como el nuestro) se mueve en una aparente contradicción insalvable, debido a que se pretende que los alumnos sean capaces de aprender dentro de una identidad cultural ligada a su región, a su nación y, al mismo tiempo, participar en unos modos de vida y en unos códigos de comunicación que sobrepasan las fronteras nacionales o los confines idiomáticos convencionales. La única solución para garantizar que la extensión de la escolaridad no acabe siendo una extensión puramente formal, es flexibilizar la escuela y permitir una ruptura con las visiones homogeneización que no hacen otra cosa que perturbar los procesos de enseñanza aprendizaje y conculcan libertades fundamentales. Una diversidad ordenada consiste en dotar a las instituciones escolares de una autonomía pedagógica y organizativa.
En los últimos años se ha desplegado un esfuerzo importante para aumentar la escolaridad en términos cuantitativos. Sin embargo este esfuerzo – que es encomiable – ha descuidado significativamente los niveles de calidad. A futuro, este énfasis cuantitativo, deberíamos – si no cambiarlo - complementarlo con un énfasis más cualitativo, que nos permita mejores resultados en la calidad de la educación, que tiene que ver con la renovación de los programas, la modernización de las dotaciones, la preparación del profesorado, la innovación y la evaluación permanente y externa del sistema educativo.

El aprendizaje circunscrito en otros tiempos a los niños y jóvenes por una parte y, por otra a segmentos privilegiados de la sociedad, hoy concierne a cualquier edad, a cualquier grupo social, cultural o étnico. Por lo tanto, los sistemas educativos están obligados a ser cada vez más abiertos y más flexibles, para permitir la plena incorporación sus distintos niveles, garantizando que los grupos vulnerables e históricamente excluidos, accedan a los beneficios de la educación.
Cada vez más se multiplican los actores de la educación y se difumina la barrera entre la formación inicial y la formación continua, entre la formación general y la profesional. Esto nos lleva a plantearnos una mayor incorporación de los distintos sectores sociales en la gestión de la escuela. Cada vez más habrá que atender a alumnos diversos con motivaciones, actitudes e intereses diferentes. La gestión debe ser en el futuro, fruto de un equilibrio siempre difícil entre participación y eficacia, y debe ser una prioridad del sistema público de educación. Deberíamos, en suma, acabar con esa percepción generalizada de que nuestros centros públicos no tienen dueño, no son de nadie.

El objetivo de la ampliación de la escolarización obligatoria es la igualdad de resultados. No se trata de mantener a los niños ocupados en la escuela; se trata de que todos ellos alcancen unos objetivos educativos, que al tratarse de educación obligatoria, forman parte del concepto de ciudadanía; es aquello que se le pide a un joven para integrarse como ciudadano maduro y libre en una sociedad. Por tanto, la educación obligatoria debe preocuparse ante todo de la igualdad de resultados, de lo contrario estaríamos haciendo puras extensiones formales de la educación. Si la igualdad de resultados es la característica básica de la educación obligatoria, la igualdad de oportunidades es la característica clave en los sectores de educación superior; igualdad de oportunidades que significa que cada joven llegue tan lejos en el sistema educativo como sus actitudes o sus intereses le permitan; igualdad de oportunidades que en una sociedad del conocimiento, es un imperativo de justicia social inexcusable.
La relación entre educación y empleo es cada vez mayor. En estas circunstancias, la formación de calidad se ve obligada a conjugarse con una amplia polivalencia y, por lo tanto, una gran capacidad de adaptación a los cambios constantes y cada vez más trascendentales, principalmente en el ámbito tecnológico. Sin embargo, por paradójico que parezca, en ese mundo de cambios frecuentes, la mejor formación, sigue siendo - sin duda - una sólida formación de base, fundamentalmente en los ciclos primario y secundario, que prioricen la formación humana del individuo, complementadas posteriormente, con una eficaz formación técnica o profesional que se conjugue con las demandas de la sociedad.

La calidad educativa, cobra una especial significación en la universidad. En ella se debe competir y perseguir la excelencia. No se debe olvidar que la universidad es por naturaleza un centro de ciencia y tecnología. Es bajo esa premisa que es aconsejable que las universidades de nuestro país, superen las viejas prácticas de dedicarse a varias cosas (muchas de ellas no precisamente académicas). Las universidades si quieren adquirir niveles de calidad, esta claro que deben especializarse. Por otra parte, también es evidente que los centros de educación superiores han descuidado notoriamente los mecanismos de cooperación y complementación técnica internacional. La mayoría de los temas científicos de relevancia, son inevitablemente temas transnacionales, lo que nos lleva a sostener que una adecuada complementación científica de nuestras universidades, con centros de ciencia en el mundo, pueden tener un alto impacto en el desarrollo del país. Por lo demás, las reformas universitarias, que en las actuales circunstancias resultan imprescindibles, siempre tendrán un alto contenido de auto reformas, por lo que no esta demás prevenir los riesgos del corporativismo que suelen acaba justificando todo a titulo de autonomía. Para ello, sin vulnerar los límites de la autonomía universitaria, deben visualizarse mecanismos que permitan una mayor relación entre las universidades, la sociedad y el estado.

Finalmente, la lucha contra la discriminación es una componente esencial de la acción educativa, porque, junto a las viejas desigualdades sociales asociadas generalmente a diferencias económicas, hoy en la escuela hay que recoger la sensibilidad respecto a nuevas discriminaciones relacionadas con la raza, el sexo, la nacionalidad o el simple padecimiento de enfermedades. En definitiva, combatir unas y otras no es sólo un imperativo ético, ni tan siquiera una posición ideológica; es también un requisito imprescindible para la cohesión social. Escuela y discriminación son y serán incompatibles, como lo son cultura e intolerancia.
*) Director A. C. Cramer
eduardocamposdc@yahoo.es

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