Las razones del éxodo

Humberto Vacaflor*
Una preocupante versión dice que la empresa francesa que maneja Aguas del Illimani ha decidido irse del país, pero no porque la estén expulsando las protestas de los alteños, sino porque sus ejecutivos han llegado a la conclusión de que no entienden la manera de razonar de los bolivianos. Quizá el razonamiento cartesiano no es muy apto para entender la lógica aymara.
Pero ese es un problema de los franceses. Llegaron atraídos por el mercado paceño para el agua y el gobierno de entonces les dijo que debían ocuparse de La Paz y El Alto al mismo tiempo, o nada. Pues ahora es nada.
Lo que preocupa es la razón por la cual se van no los franceses, sino los bolivianos. El éxodo es masivo. Por momentos la escena en los aeropuertos parece más una evacuación que un éxodo. Las colas para obtener los pasaportes muestran la angustia de la gente por irse, pero irse rápido. La urgencia no la da la anunciada decisión española de exigir visa de ingreso a los bolivianos a partir de algún momento del próximo año, sino la falta de motivos para quedarse.
Una explicación política de este escape masivo sería muy fácil, pero equivocada, o por lo menos incompleta. Es que, para decirlo en los términos del debate político de moda, se están yendo los oligarcas, los k\'aras paceños, los t\'aras, los cunumis, los aymaras, los chapacos, los chaqueños y también los licenciados, las empleadas domésticas, los albañiles, los peones del campo, todos.
Una investigación hecha por H. Williamson, de la Universidad de Berkeley, estableció que esta clase de corrientes de emigración es la expresión de muchas cosas, pero sobre todo de una etapa de mayores ingresos de las personas, como lo demuestra el hecho de que pueden pagarse sus pasajes de avión. Pero esa explicación parece inverosímil para los bolivianos. ¿Etapa de mayores ingresos en Bolivia?
Un sondeo que hice en octubre estableció que la gente se está yendo porque teme que la radicalización de las discrepancias políticas dé lugar a una etapa de enfrentamientos violentos, a fracturas internas, a desencuentros irreparables entre los bolivianos.
Los tiempos interesantes que están viviendo en Bolivia ahora son apasionantes para los periodistas, pero parece que mucha gente prefiere no estar en medio de estas escenas de cambios. Quizá no todos sean enemigos de los cambios, pero algunos prefieren estar lejos del lugar de los hechos cuando se produzcan acontecimientos traumáticos.
La gente que se va no está dispuesta a vivir cambios tan radicales como los que se anuncian. Han aprendido a sobrevivir, a manejarse, en una realidad que se ha ido formando en los últimos 181 años. Temen el cambio. Y, si van a tener que vivir en una realidad tan diferente a la que conocían, pues prefieren irse a lugares donde la realidad diferente ya está organizada y establecida. Donde las cosas son diferentes pero funcionan.
Es cierto: no hay empleos. Pero esa no es toda la explicación. La gente es conservadora. Prefiere saber cómo será mañana, si tendrá casa, si podrá seguir trabajando. Detesta la incertidumbre. Pero sobre todo teme que sus hijos tengan que vivir momentos difíciles, de convulsión y cambio. Las preferencias políticas no figuran entre las motivaciones del éxodo.
*Humberto Vacaflor G.
es periodista.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















