Por: Iván Arias Durán*
Al César lo que es del César: tanta fue la sorpresa sobre los resultados de la negociación con las petroleras que el senador Guiteras salió con un meaculpa declarando que en su gestión no tuvieron ´esa fuerza, ni esa capacidad ni esa moralidad´ para hacer algo semejante. A mi juicio una exageración mediática pero que expresa cuán patidifusos nos dejó el ver a las 10 transnacionales firmando su migración a nuevos contratos. El Gobierno ha demostrado tener una gran capacidad de negociación y que en ese campo se mueve con la pericia de los viejos sindicalistas: pedir el cielo, para alcanzar las nubes; amenazar con nacionalización para lograr una buena negociación. El maestro Lechín y Wilma Plata, con sus huelgas de hambre hasta las últimas consecuencias, han encontrado en los actuales gobernantes a sus alumnos más aventajados. Felicidades señor Presidente y, por su intermedio a su equipo de ministros y técnicos que se rajaron en estas maratónicas sesiones de idas y venidas, de papeles y contrapapeles, de argumentos y contraargumentos. Este viraje al centro, no de la política, sino de la Patria, nos da a los ciudadanos un hálito de certeza que estábamos necesitando y abre para el Gobierno y la Nación, un nuevo proceso que promete poner fin a esa lógica confrontacionista, odiadora, sectorialista y suicida a la que nos estaban conduciendo. Los sucesos de Huanuni han enseñado a los gobernantes y a nosotros ciudadanos, que es mejor la cordura, el diálogo, la firmeza y el transitar por el tren colectivo antes que por el particular. Ojalá así sea y que los gestos de tolerancia iniciados con la Iglesia se amplíen. Es importante que el Gobierno aproveche esta victoria y que no haga caso a sus sopla-orejas más radicales que deben estar velando a sus ´ñatitas´ de Todos Santos en búsqueda de explicaciones y de malagüeros para los traidores negociadores que, de espaldas al pueblo, optaron por la plumafuente antes que por el fusil y la fuerza revolucionaria expulsora y confiscadora de las ´transnacionales chupa sangre´. Ahora bien, esperemos que, al igual que la Capitalización, con la cual en sus inicios, muchos nos dejamos encandilar, no nos sorprendan con las letras chicas de los contratos, esas letras menudas que para fines de contratos de viaje en flota provincial no le damos mucha importancia, pero que, para negocios transnacionales, son vitales y se convierten en el portal del destierro de las buenas intenciones. Por informes de las empresas ya se está empezando a escuchar que ninguna pagará el 82% de impuestos, que las condiciones son las que se estipulaba en la Ley de Hidrocarburos del año 2005 y que, en ningún caso se acercan a lo determinado en el Decreto de Nacionalización. La verdad ante todo y ella, no sólo hará libre al Gobierno, sino a la Patria. ¡Que se conozcan los contratos, ya!
*Iván Arias D. es experto en descentralización y pueblos indígenas.
Democracia, Equidad y Desarrollo


















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