¿QUÉ ESPERAMOS DE LA REFORMA EDUCATIVA?
(Construir una sociedad democrática, superar las inequidades y alcanzar niveles adecuados de desarrollo deberían ser los principales retos de la reforma educativa)
Si bien es cierto que los “modelos educativos” deben salir de las propias necesidades que se generan en la sociedad, nunca está demás ver experiencias ajenas, con el fin de aprender de sus errores y aciertos. Al respecto, recurrimos al estudio de la Doctora Iris Rotberg, catedrática de políticas educativas de la George Washington University, quien ha estudiado las reformas educativas de 16 países tan dispares como Alemania, EE.UU., Canadá, China, Francia, Inglaterra, Israel, Suecia, Rusia, Sud Africa, Turquía, y otros más, con la finalidad de conocer si había un patrón común entre los problemas que enfrentaban y las soluciones que proponían. Su análisis, arroja cuatro conclusiones centrales que las exponemos para intentar encontrar algunas respuestas para nuestra realidad.
Una primera conclusión de la Dra. Rotbertg, señala que encontró como el problema común a todos los países estudiados, la brecha en el rendimiento escolar entre los alumnos de procedencia socioeconómica alta -.media y los de baja – muy baja, siendo incapaces de romper esa dependencia entre rendimiento y nivel socioeconómico que sigue siendo el mejor predictor del logro escolar. Esta brecha esta presente por igual en los EE UU, Alemania o incluso en sociedad más homogéneas como Suecia (aunque con diferencias menores) y se agrava en países que tiene bolsones de pobreza, compuestos por inmigrantes o grupos étnicos, culturales o lingüísticos desfavorecidos.
Su estudio también identifica que el financiamiento per cápita para educación es discriminatorio en función del nivel de desarrollo o la lejanía de las diversas regiones geográficas respecto a los centros urbanos de poder económico y político. A más lejanía de las capitales, menor financiamiento y menor rendimiento escolar.
Una segunda conclusión del estudio, establece que ningún país ha encontrado la fórmula para resolver estas disparidades, aunque algunos han logrado disminuir el problema con políticas educativas eficaces. Entre ellas la descentralización curricular y burocrática, así como la diversificación de modelos pedagógicos que permitan la coexistencia de diversos tipos de escuelas, tanto en el sector público como privado.
Una tercera conclusión señala que las políticas de pedir cuentas a las escuelas mediante pruebas de rendimiento tienen diferentes propósitos en cada país. En los EE UU, son muy agresivas, en las que se aplican pruebas en todos los grados y se responsabiliza a los profesores por el desempeño de los alumnos en estas pruebas. Cosa que no sucede en Inglaterra, donde son menos agresivas y extensas las pruebas. En los demás países estudiados, las pruebas se utilizan para definir el ingreso a la educación secundaria o universitaria, pero sin relación alguna con el desempeño de los profesores por el éxito o fracaso de sus alumnos en las pruebas. En el caso particular de los EE UU existe un agobiante sistema centralizado de pruebas de evaluación grado a grado, convirtiendo a los alumnos en expertos “tomadores de pruebas” lo que no necesariamente equivale a una buena educación.
Finalmente Iris Rotberg se pregunta: ¿Qué país tiene la menor educación? señalando que no se puede responder a esa pregunta sin antes definir “Qué es la mejor educación”. ¿Es la que logra retener más alumnos hasta el fin de la secundaria?, ¿Es la que logra que los alumnos saquen los mejores puntajes en las pruebas? ¿Es aquella cuyos egresados acceden a las mejores universidades? o ¿Es aquella en la que hay un clima de contención y aprecio mutuo entre alumnos y profesores y alumnos? Evidentemente, queda claro que no hay modelo educativo valido para todos los países, principalmente porque cada uno tiene sus propios valores y tradiciones, grupos de interés, alianzas políticas, modelos económicos, resistencia al cambio, niveles de pobreza, organizaciones corporativas vinculadas a la educación , mecanismos para el ingreso a las universidades sin restricciones socioeconómicas o técnicas y otras.
Tomando en cuenta las conclusiones a las que arriba la Dra. Rotberg, bien pudiéramos decir en nuestro caso, la mejor reforma pudiera ser aquella que a partir de diagnósticos acertados de la realidad, se plantee como principales retos la construcción de una sociedad democrática, la superación de las inequidades existentes y el logro de niveles adecuados de desarrollo, contando para ello con los necesarios y suficientes financiamientos.(29/09/06)
ç*) Director A. C. Cramer
educamposv@hotmail.com
Democracia, Equidad y Desarrollo


















