Por. Eduardo Campos Velasco (*)
A propósito del día del trabajador. Es lamentable, pero cada año nuestro país se toma entre 40 a 50 días para definir incrementos salariales y otras reivindicaciones sociales, las que siempre al final, resultan siendo insuficientes. Es casi ya parte del folklore boliviano que entre abril y mayo de cada año, los sectores asalariados y otros se enfrenten con el gobierno de turno en pos de reivindicaciones desatendidas históricamente. Lo paradójico es que ahora que gobierna el partido que dice representar a los pobres y excluidos, a los campesinos y trabajadores, se utilicen métodos represivos, el descrédito e incluso el llegar a declarar un doble feriado por el 1 de mayo para desmovilizar las demandas.
Bolivia - de manera dramática - con huelgas, paros, bloqueos y otras formas imaginativas y novedosas, paraliza el conjunto de sus actividades, fundamentalmente las económicas, mismas que casi nunca pueden ser repuestas en lo que queda de la gestión. Esto se repite año tras año, (con este gobierno y los anteriores), provocando un perjuicio insubsanable. Por eso es que al llegar fin de año, de manera crónica, las metas planeadas al inicio no se cumplen y por supuesto, la posibilidad de una mejorar paulatinamente - como sucede en todas las sociedades - no se notan.
Sin objetos claros, sin metas definidas, sin estrategias coherentes, sin consenso y acuerdos, es francamente imposible que la sociedad boliviana transite hacia una mejor situación. Ahí están – entre otras - las causas para que ocupemos los últimos lugares en casi todos los indicadores de desarrollo y pese a la disponibilidad de recursos que ahora se dice que se tiene (el gobierno se gasta millones en publicitar que Bolivia es prospera) no se producen cambios significativos.
Bolivia se aproxima a cumplir el bicentenario de su creación el 2025 y nada indica, que sin un quiebre significativo, las condiciones de vida de los bolivianos vayan a cambiar para ese entonces. Indudablemente hace falta una profunda modificación de la manera en la que enfrentamos las cosas (la vida) para que el 2025 nos encuentre a los bolivianos transitando a un futuro de bienestar.
Tres son los factores que impiden alcanzar un conceso nacional que a su vez permita vislumbrar un mejor futuro para los bolivianos. Primero, una falta de claridad y acuerdo en las metas que debemos cumplir como sociedad; segundo, la falta de acuerdo en la definición de prioridades que debemos enfrentar ordenadamente y; tercero - lo que aún es peor - una constan disputa – muchas veces violenta – respeto a los métodos y modelos para alcanzar el progreso y bienestar. Todo esto, en un contexto económico fuertemente condicionado por la extracción de recursos naturales. Bolivia no fue capaz esta situación y aún depende de la extracción de recursos naturales no renovables En la actualidad, el 80% de los ingresos provienen de las exportaciones de gas y minerales.
Esta dependencia crónica al estractivismo, es la que en definitiva acaba condicionando el conjunto de las actividades económicas sociales y políticas del país. Así, nos constituimos como una sociedad “rentista” en la que la disputa por obtener parte de esos excedentes se constituye en el principal factor de división. La economía se mueve en un constante ciclo de privatización – nacionalización – privatización, impidiendo que el estado y la propia sociedad construyan una sólida institucionalidad pública y privada. Es ese constante vaivén entre estatismo y mercado, lo que en definitiva divide a la sociedad y la inmoviliza, generando las condiciones para siempre intentar comenzar todo de nuevo. Bolivia, como todos sabemos, es una sociedad con el mayor número de revoluciones y refundaciones; sin embargo, ninguna de ellas ha logrado superar y transformar suficientemente las condiciones de vida de los bolivianos.
Ante ese estado de situación (coyuntural y estructural) Unidad Nacional, considera fundamental que se generen las condiciones para un gran acuerdo nacional de reconciliación, continuidad e innovación. Esta es - en nuestro criterio - la clave para que lleguemos al bicentenario con una visión compartida que nos encamine a un futuro mejor. Para ello debemos continuar haciendo lo mejor que hemos hecho, no repetir los errores del pasado y; hacer todo aquello que no se hizo para alcanzar el desarrollo y bienestar.
Es en ese sentido, UN le plantea a los bolivianos en general y a los trabajadores en particular, lo que denominamos: “Visión País – el Consenso del Bicentenario”, misma que plantea 9 propuestas concretas y 7 prioridades nacionales.
Las propuestas se refieren a la necesidad de hacer de Bolivia un país eco-desarrollista que diversifique su economía y dependa cada vez menos del extractivismo; un país con una política económica de síntesis, que establezca a largo plazo el rol de lo público y privado; un país con integración multicultural y plurilingüe, que articule con flexibilidad las diversas identidades; un país que supere las brechas campo – ciudad, generando oportunidades económicas sostenibles; un país con una nueva mentalidad productiva, que fomente los emprendimientos productivos (públicos y privados), con responsabilidad social y ambiental; un país que consolide la democracia, que garantiza el pleno ejercicio de los derechos individuales y colectivos; un país con una administración democrática de la cosa pública, que respete la independencia de poderes e impuse las autonomías; un país con un estado popular y eficiente, que tenga como principal desafío superar la pobrezas y las desigualdades y que haga de la producción y productividad los factores que permitan mejorar las condiciones de vida; un país con vinculación internacional que aprovecha su estratégica ubicación en la región y haga de las relaciones internacionales un factor para resolver su enclaustramiento.
Son prioridades nacionales para el UN, salir de ciclo privatización – nacionalización – privatización; impulsar el desarrollo de la economía popular; volcarse al aprovechamiento de los recursos renovables, volcarse a la educación como factor determinante para revertir los problemas estructurales que nos sitúan en el subdesarrollo; impulsar las autonomías y la descentralización del poder; consolidar la institucionalidad pública y privada y; respetar las leyes y cumplirlas.
“Reconciliación nacional, continuidad e innovación para construir un país que nos llene de orgullo” es la consigan que resume la propuesta de Unidad Nacional.
El mejor homenaje a los trabajadores - ahora y siempre - será aquel que apunta a resolver sus demandas y reivindicaciones en el marco de un proyecto político concertado de desarrollo en beneficio de todos y no la demagogia y el engaño. Viva el primero de Mayo!!!
(*) Asambleísta Departamental - UN