Por: Roberto Barbery Anaya*

Slavoj Zizek plantea un problema demasiado noble para ser resuelto. La distancia que existe entre una sensibilidad y otra. Denomina al fenómeno “brecha de paralaje”... Zizek propone varios casos que ratifican la maravillosa necesidad de no hacer nada al respecto.... Por ejemplo, plantea la previsible falta de sensibilidad de los leninistas para entender otro arte que no sea el clásico en los siguientes términos: “El encuentro entre la política leninista y el arte modernista (ejemplificado en la fantasía de Lenin de reunirse con los dadaístas en un café de Zúrich) es algo que estructuralmente no puede ocurrir. Más radicalmente, la política revolucionaria y el arte revolucionario se mueven en temporalidades diferentes... Es más que un accidente histórico el hecho de que, en términos de arte, los leninistas admiraran el gran arte clásico mientras que muchos modernistas fueran políticamente conservadores, incluso protofascistas. Ya no se trata de la lección del vínculo entre la Revolución Francesa y el idealismo alemán: a pesar de ser dos caras del mismo momento histórico, no pueden reunirse directamente, es decir que el idealismo alemán sólo podía aparecer en las condiciones “retrógradas” alemanas en las que no ocurrió ninguna revolución” (1).

El problema... es que Zizek se propone también solucionar el problema.

* ¿Cómo hacemos para reconciliar la anarquía esencial que hay en el alma de un artista con el orden esencial que hay en el alma de un político?

* La linealidad de La Cultura es una prótesis para nuestra incertidumbre esencial. Por eso no podemos ocultar una irritación compulsiva frente al desorden de la libertad.

(1) Slavoj Zizek. “Visión de paralaje”. FONDO DE CULTURA ECONÓMICA DE ARGENTINA, S.A. Buenos Aires, 2006. Página 11.

*Abogado y analista político

barberyroberto@yahoo.es