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La Coctelera

PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

Democracia, Equidad y Desarrollo

Categoría: Articulos de MAGGY TALAVERA

30 Enero 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Maggy Talavera (*)

    Una frase de Joan Prats, recordada una y otra vez por Carlos Hugo Molina, retumba y martillea en los sentidos. “Es más fácil salir del error que de la confusión”, decía Prats. Y es cierto. Sucede en Bolivia desde hace ya mucho tiempo. Ahora más que antes. Una confusión múltiple que se percibe por todos lados. Tanta y tan profunda, que llega con sabor a caos. Pero no ese caos necesario que provoca cambios y hace girar las ruedas de la historia para avanzar, sino otro, provocador y artero, que frena y congela libertad y voluntades. Un caos alimentado día a día para generar más confusión, para impedir ver, reconocer y enmendar el error.

    Es lo que se huele en la calle. Es lo que se percibe en los medios de comunicación. Es lo que se siente en cada círculo humano. Confusión. Una avalancha de hechos políticos, económicos y sociales alimenta esa confusión. Las miradas se extravían al tratar de fijar la atención en un problema central. Cuando están a punto de lograrlo, el estallido de otro conflicto las distrae y arrastra hacia otro objeto distante. La confusión aumenta al ritmo enloquecedor de los hechos que se reproducen, amplían y diversifican al compás de una carrera frenética y enloquecedora hacia la nada. Confundidos los hechos y los protagonistas de éstos, poco hay para decir' o para hacer y avanzar.

    Así se percibe a Bolivia. Así se siente a los bolivianos. Perdidos en la confusión y más que aturdidos, imposibilitados de identificar el error que les impide hasta hoy superar las trabas que frenan su desarrollo y el fortalecimiento de su democracia. Sometidos a una dictadura del caos, que se reproduce en la lógica de dominar todos los espacios para perpetuarse en el poder. Un propósito posible de alcanzar fácilmente echando mano del caos, que permite además ir enterrando sistemática y sucesivamente cada uno de los errores y problemas no resueltos, dejando en la impunidad delitos y abusos en el ejercicio del poder. Por ejemplo, los verificados en dos hechos recientes, ambos involucrando a las fuerzas represivas del Estado: represión en Yucumo y en Yapacaní.

    Ninguno de los dos hechos ha sido debidamente esclarecido. Y todo parece indicar que no lo serán, que otros hechos pronto los desplazarán y enterrarán “en lo más profundo de la tierra”. Ya ocurrió con los registrados en La Calancha, en Huanuni, en Porvenir, en Cochabamba, en Ayo Ayo, en Yacuiba, en Potosí, en Cobija, en Buena Vista, en Tarija y otros más. Cada uno en su momento fue un hecho que estremeció a Bolivia, cada uno ocupó y copó titulares de prensa, cada uno movilizó a varias ONG defensoras de los derechos humanos, cada uno tuvo su promesa de investigación “hasta las últimas consecuencias”. Pero pese a que pasó todo, no pasó nada. La confusión y el caos los han ido sepultando uno a uno, sin antes haber resuelto el problema que los generó.

    Queda claro ahora que nada de todo ello es casual. Los errores se repiten, la confusión aumenta, el caos se generaliza y nadie, excepto el poder central, logra tener influencia y mando para frenar la avalancha de conflictos.

    Claro también está que al poder no le interesa frenar esa tendencia, sino todo lo contrario: a mayor conflictos, mayor es la confusión y más fácil le resulta dominar la situación. Por eso el estallido de problemas en todo el territorio nacional, por eso el aliento a la confrontación entre sectores, sin hacer diferencia si son iguales o no, como lo refleja el conflicto del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure o el padecido entre masistas en Yapacaní. Ya sabe el poder: mientras más confundidos estén, más vulnerables y fáciles de dominar serán.

    Sólo que sería un error otorgarle todo el crédito de este estado de caos y confusión en Bolivia a quienes hoy se turnan en el poder central. Hay en este estado una gran cuota de corresponsabilidad de todos los sectores que no son parte de ese poder central, y que por no serlo padecen las secuelas de sus excesos y abusos. Corresponsabilidad por no estar atentos a las señales de los cambios que ocurren en el país, por no asumir con entereza y claridad las tareas asignadas en un estado de derecho –maltrecho, cierto, pero vigente aún- y dejarse ganar por la confusión. A esta mayoría le falta, sin duda, coraje para “declararse insumisa”, para no acatar una norma y decidir incumplirla, y así “no violentar su propia conciencia, con la esperanza de que se modifique alguna vez, apechando entre tanto las consecuencias que su disenso pueda comportarle”.

    (*) Maggy Talavera es periodista.

22 Diciembre 2011

Publicado por: Semanario Uno (Santa Cruz - Bolivia)

Por: Maggy Talavera (*)

Paradojas de la vida, dirán muchos. Paradojas de Bolivia que se estanca en el proceso y no logra cambios, contrapuntearán otros. Más allá del juego de palabras, sin embargo, hay una constatación difícil de eludir: los bolivianos cierran 2011 con más expectativas frustradas que conquistas consolidadas, incluyendo en este colectivo al hasta hace algunos años exitoso Gobierno de Evo Morales. En el balance nacional, es precisamente el Gobierno central el que más pérdidas tendrá que registrar, aunque no las admita públicamente.

Las pérdidas se reflejan no sólo en los proyectos no consolidados, en el estancamiento de las empresas estatales, en los tropiezos en la lucha contra la pobreza, el narcotráfico, la corrupción y todo tipo de injusticias. Las pérdidas se reflejan también –y esto es lo que más preocupa al MAS- en la credibilidad del Presidente –el Rey en el tablero de ajedrez dibujado por el MAS sobre el mapa de Bolivia-, cuya imagen ha sufrido un deterioro irreversible dentro y fuera del país. Deterioro, vale aclarar, provocado principalmente por los errores del propio Gobierno y su instrumento político, antes que por efecto de las críticas y combates pretendidos por su endeble oposición.

Uno de los errores más graves cometidos por el Ejecutivo en 2011 es, también sin duda, el ninguneo de la VIII Marcha Indígena en defensa del Tipnis (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure), a la que llegó al extremo de atacar a través de un operativo policial violento cumplido el 25 de septiembre en Yucumo. Su actuación frente a los indígenas que reclamaban la suspensión del proyecto carretero Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por medio del Tipnis impactó negativamente en las elecciones judiciales de octubre, provocando otro gran fracaso político para el MAS.

No fueron los únicos fracasos del Gobierno en 2011, hay otros, pero los dos registrados en octubre han sido los más determinantes en la caída de la imagen presidencial y de la popularidad gubernamental. Tanto, que llevó al Presidente a improvisar una convocatoria nacional a sus bases para decidir acciones urgentes que le permitan revertir la caída. El encuentro se desarrolló hace unos días en Cochabamba, todavía el bastión del MAS, en medio de una gran polémica por el tenor que le quiso dar el Gobierno –“social”, “democrático”, “amplio”-, cuando en realidad fue una cumbre partidaria, porque usó recursos del Estado para financiarlo y por la agenda dispuesta para la cita oficial.

La agenda incluyó una larga lista de asuntos de interés nacional y sectoriales, pero los dos puntos centrales y que le dieron forma fueron el interés del MAS –ahora más claro que nunca- de controlar a los medios de comunicación y a la información, y el de abrir el camino para modificar las normas que regulan la lucha contra el narcotráfico, ampliando el número de cultivos de coca de uso tradicional y declarando a Chapare “zona tradicional” del mismo. Los dos temas centrales son también polémicos y prometen dominar la agenda nacional en 2012.

El primero, de los cultivos de coca, porque es una señal clara de que el Presidente no ha logrado priorizar su mandato constitucional como Jefe de Estado, subordinándolo al que sigue ejerciendo como máximo líder de las seis federaciones de cocaleros de Chapare. Impulsa más cultivos de coca en una zona cuyo 95% de la producción de coca alimenta al narcotráfico, según reportes oficiales. Y nada menos que en un momento en el que se denuncia el repunte del narcotráfico en Bolivia, ya no solo como productor de materia prima (la coca), sino también como centro de fabricación y comercialización de cocaína.

El segundo, el control de medios y de la información, porque reitera un viejo deseo del MAS: restringir los derechos de libertad de información y de prensa, aunque tampoco lo admita así abiertamente. El discurso oficialista dice que la baja en la popularidad y credibilidad del Presidente y de su gobierno es “culpa de los medios”, porque “magnifican y difunden” hechos adversos a los intereses del Ejecutivo. Para lograr su cometido el MAS quiere llevar a la Asamblea la revisión de la Ley de Imprenta y la aprobación de nuevas disposiciones, tanto en materia de comunicación e información, como de cultivo y control de cocales.

Para avanzar en su cometido, el MAS aprobó en su cumbre social crear “un Consejo Político-Económico paralelo al Gabinete de Ministros para ‘definir’ políticas de Estado y de gobierno”, lo que a criterio de Guillermo Capobianco no es otra cosa que “el reconocimiento explícito del fracaso del Proyecto Evista”. Un fracaso que Capobianco atribuye sobre todo a los errores del Gobierno en su manejo de la economía nacional, entre ellos el de atacar de manera sistemática al empresariado privado, sobre todo al de Santa Cruz.

Pero “otra vez la economía, esa terca disciplina cuya determinación en última instancia la definió Carlos Marx a mediados del siglo antepasado, ha puesto las cosas en su lugar”, dice Capobianco, para quien “la presencia masiva de la representación del empresariado cruceño en la cumbre de Cochabamba con quienes el Gobierno ya estableció antes una estrategia conjunta para el impulso de la producción de azúcar, pollo y leche, es elocuente en sí misma.”

¿Significa esto acaso que el Gobierno está dispuesto a rectificar errores, comenzando por el sector de la economía? Capobianco cree que sí, porque “si se constituye el Concejo paralelo de economía y desarrollo y no se concreta la alianza estratégica entre la élite conductora empresarial del oriente con la del poder y del gobierno, el Plan fracasará”. Con una salvedad, añade: el éxito del plan oficial demanda algo más que solo rectificaciones en el plano económico.

Y ese “algo más” viene por un sector al que el Gobierno no parece estar dispuesto a dar concesiones: el de las libertades democráticas, el de los derechos civiles y políticos que, de tener que ser puestas en práctica, lo obligarán a cesar sus políticas de represión, persecución, encarcelamiento y chantaje aplicadas contra opositores y cualquiera que ose contradecir sus mandatos. En otras palabras: el Gobierno se verá obligado a aprobar amnistía política y estar dispuesto a la reconciliación con todos los sectores perseguidos y castigados.

¿Lo hará? Hay más señales para dudar de ello, que para creer que el cambio es posible, tal como lo señala Carlos Soria Galvarro y otros autores en los artículos que acompañan esta entrega. El temor es que la cumbre de Cochabamba solo haya servido para encumbrar aún más al Gobierno y sus partidarios en la soberbia, antes que para abrir el camino a las rectificaciones.

(*) Periodista

https://www.facebook.com/notes/semanario-uno/encumbrados-en-la-soberbia/10150426852621074


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