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PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

Democracia, Equidad y Desarrollo

Categoría: articulos de JUAN CLAUDIO LECHIN

23 Febrero 2012

Publicado por:  El Comercio (Lima - Perú)

Por: Juan Claudio Lechin

En la última década, la “democracia participativa” se ha convertido en uno de los poderosos desarmadores de la democracia normal, esa que soñaron los próceres, de las libertades que supera la autocracia y el centralismo caudillista, esa democracia que vertebra el sistema político con un grupo de partidos y de manera representativa.

Pero Heinz Dietrich, el ideólogo alemán, asegura que “el alma del Socialismo del siglo XXI es la democracia participativa”. Sus discípulos, Chávez, Evo Morales, Correa y otros, utilizan este slogan para invocar una democracia más noble, destinada a mejorar abundantemente a la caduca e injusta democracia (representativa o burguesa). Los aláteres de este proyecto continental dicen que es “incluyente, tolerante, plural, diversa y asociada con la libertad, la paz y la justicia”, y con estos adjetivos políticos conmovedores tipifican a este conspicuo planteamiento ideológico con el que nadie, salvo un monstruo, puede estar en desacuerdo. Nótese una semántica bien cuidada; intencional y hábilmente colocada para provocar efectos sentimentales y de una inmediata y generalizada empatía.

La inteligente arquitectura de significados tuvo efecto pleno porque triunfaron en Venezuela, Bolivia, Ecuador y en otros países, pero en lugar de florecer una mejor democracia ha sucedido, en todos estos casos, una inmediata concentración del poder en manos del caudillo, que copó el sistema electoral, el judicial, el parlamentario, el ejército, la policía, la prensa, y provocó un decaimiento continuo en las libertades ciudadanas y en el pluralismo político.

Recientemente, Chávez hizo que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela le negara al ciudadano Leopoldo López su habilitación como candidato, aunque la Corte Interamericana de Derechos Humanos había fallado a su favor. Ya anteriormente hizo echar al gobernador del Zulia, Manuel Rosales; y sus grupos armados de choque atacaron la opositora alcaldía de Caracas. Pari passu, Correa está revocando al opositor indígena y alcalde de Colta y Evo Morales ha depuesto a un prefecto opositor por año, donde Ernesto Suárez, del Beni, fue sacado este pasado diciembre; y las bases cocaleras ocuparon violentamente Cochabamba (2007), para sacar al prefecto de entonces. ¿Geometrías dirigidas?

El resultado real (y no retórico) es que el Socialismo del siglo XXI y su alma ideológica, la “democracia participativa”, ha terminado destruyendo la democracia allí donde triunfó; instalando formas astutas de partido único, donde su caudillo nunca pierde en una puesta en escena democrática.

Es bueno confiar pero a veces mejor es desconfiar, de tal manera que en esta América nuestra, cuando se escuche el relato político de la inofensiva y prometedora “democracia representativa” hay que poner las barbas en remojo, porque esconde incendio y colmillo filo. Ya se han visto tantos casos que por querer ganar una democracia ideal perdieron la democracia real.

juanclaudiolechin@blogspot.com

10 Mayo 2011

Publicado por: Hoy Bolivia com (Santa Cruz - Bolivia)

Por: Juan Claudio Lechín

El término "fascismo" se banalizó al convertirse en insulto. Cualquier violencia política es fascista. La banalización benefició a los verdaderos fascistas. Hanna Harendt la loca aseguró que nazismo y comunismo eran lo mismo. Nadie la escuchó. Y la astuta Unión Soviética, al triunfar en la guerra, aprovechó para deslindar aguas. Muchos politólogos se tragaron esta gambeta y proclamaron la revolución rusa y sus derivadas, china y cubana, como himnos enaltecedores del género humano.

En mi ensayo Las máscaras del fascismo vuelvo a indagar la naturaleza del fascismo, pues considero que estamos sufriendo un mal, sin estar alertados por el pensamiento europeo que solemos importar. El fascismo emerge cuando hay una fuerte descomposición del sistema de partidos políticos, durante el desgaste de un liberalismo preliminar o liberalismo retoño: el cual arrastra todavía obstáculos pasados como el caudillismo, corrupción, centralismo político y administrativo, ausencia de democracias partidarias y un pueblo no incorporado plenamente a la modernidad, entre otros aspectos.

Durante esta crisis, aparece el fascismo encabezado por un caudillo redentor y una fe ideológica, enmendadores de todos los males, a desmontar el sistema. Detalle más, detalle menos, fueron los casos de Hitler, Mussolini y Franco y también de Castro, Chávez y Morales.

Apenas el fascismo sube al gobierno comienza el desmontaje. Penetra al ejército, la policía y servicios de inteligencia, para controlarlos férreamente; luego desarmará las instituciones liberales, las libertades de opinión, prensa, sindical y política; y paulatinamente concentrará los poderes independientes: judicial, parlamentario, electoral y regional. Gradualmente, avanzara hasta conseguir no una utopía social sino el poder absoluto para entronizar al caudillo plebeyo. El sistema que engendra el fascismo es una monarquía plebeya absolutista.

Sus instrumentos legitimadores son la propaganda, elecciones y referéndums y el pueblo movilizado, al cuál transformarán de ciudadano en grupo de choque y, finalmente, en pueblo-siervo. La propaganda generará la fe y el culto al caudillo.

Hábilmente, el fascismo capta, como banderas propias, a los deseos, anhelos y traumas de la sociedad a la que va a victimar. Por eso, no es de izquierda ni de derecha, como se asegura sino que es un modelo pragmático para la toma del poder absoluto; donde el término "pragmático" significa que harán lo que sea para concentrarlo: seducir o asesinar, nacionalizar o privatizar, racismo ario o indigenista, movimientos sociales o fascios, aristócratas o revolucionarios. Invariablemente fabrican un hereje-enemigo, judío o burgués, criatura maléfica que justifique su violenta cruzada.

El error es creerles anticipadamente, como a Castro cuando dijo en la Sierra Maestra que llamaría a elecciones democráticas, cuando Chávez aseguró que no se reelegiría, no tocaría la propiedad privada ni la autonomía universitaria y cuando Morales afirmó que respetaría la libertades públicas y la independencia del poder electoral. Las consecuencias de estas ingenuidades las lamentan los pueblos, sin cesar. Aún así, muchos siguen considerándolos "de izquierda" y no versiones aggiornadas del horror europeo.

Las sociedades desprevenidas no creen ser la próxima víctima y desentenderse puede ser fatal. Ya lo dijeron los griegos cuatro mil años atrás: "Aquél que se quiere perder, los dioses lo ciegan antes".

http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=36905&tit=el_fascismo_del_siglo_xxi

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