Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Jorge Siles Salinas (*)

Según los seguidores de la tesis de las Dos Bolivias, nuestro país está dividido en dos bloques contrapuestos: blanco, el primero; indio-mestizo, el segundo, estando constituido éste principalmente por un sector quechua-aimara, en el que el elemento mestizo desaparece y queda absorbido por lo indio, al carecer -según ese criterio- de personalidad propia y por estar inclinada la masa de esa población híbrida unas veces hacia su lado blancoide y otras veces hacia su raíz autóctona.

Para los que se sitúan en esta perspectiva dualista, el factor decisivo es el étnico: el occidente es predominantemente indio; el oriente es predominantemente blanco. Entre ambos espacios geográficos se extienden los valles en los que se advierte una transición entre ambas realidades humanas.

La cordillera de los Andes marca la separación entre las dos geografías, la que pertenece a las Tierras Altas, y la que pertenece a las Tierras Bajas de Bolivia. De esa configuración racial deriva la diferente configuración lingüística: el quechua y el aimara, por un lado, y el castellano, por el otro. La protesta fundamental de la gente cruceña consiste en afirmar que se pretende "aimarizar" a sus campos y ciudades mediante medidas demográficas y educativas, vulnerando continuamente sus costumbres y tradiciones, así como dictando disposiciones contrarias a sus intereses económicos.

Desde el lado opuesto -el del oficialismo- se afirma que su propósito es el de combatir a los "separatistas", pero, paradójicamente, está claro que la actitud opositora ha sido incitada desde el Gobierno por su ideología y sus disposiciones indigenistas.

Las dos "naciones" diferentes estarían separadas, además, según esa visión, por la valoración del pasado: en el occidente, la población mayoritaria rechaza "el funesto pasado colonial" (así lo dice el Preámbulo de la nueva Constitución), en tanto que en el himno de Santa Cruz se ensalza a "la España gloriosa", de la que los habitantes de la ciudad y la región se proclaman orgullosamente descendientes. Tales variaciones y contrastes se atenuaban o superaban gracias al efecto vinculador de las comunes creencias católicas, pero al disminuir la influencia unificadora de éstas, por obra de la educación y la legislación laicistas, las tendencias disgregadoras se fueron acentuando, agudizándose las tensiones centrífugas y regionalistas.

El Gobierno actual se ha empeñado, lejos de vigorizar los elementos de unidad, confraternidad y complementación entre las partes constitutivas de la nacionalidad, en promover resentimientos y desacuerdos entre unas y otras regiones. Así lo han entendido, sobre todo los departamentos orientales, sintiéndose amenazados los habitantes de Santa Cruz, Beni, Pando en sus derechos y en sus proyectos de progreso.

Una política inteligente de los sectores de Gobierno debió encaminarse por las vías de la integración y la cohesión de las fuerzas vivas radicadas en las distintas zonas del país, como parece haberse propuesto hacerlo Ollanta Umala en el Perú. Lamentablemente, no ha sucedido así, no faltándoles razón a quienes desde el oriente del país se quejan por los abusos de que se sienten víctimas por parte de sus hermanos de la otra mitad de Bolivia.

Abandonando esos métodos de prepotencia, todo indica que los fundamentos que debieran orientar en adelante a la actitud de la actual administración de Gobierno serían los que responden a los ideales de la Democracia, de la Unidad Nacional, de la Institucionalidad, de la Paz Social. Eso es, según creo, lo que quiso dar a entender a su auditorio un ex presidente demócrata, amante de la historia integral de Bolivia, en su reciente alocución patriótica.

(*) Jorge Siles Salinas es miembro de las academias bolivianas de la Historia y de la Lengua, correspondientes de las reales academias españolas.

http://www.paginasiete.bo/2012-02-28/Opinion/Destacados/17Opi00128-02-12-P720120228MAR.aspx