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PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

Democracia, Equidad y Desarrollo

Categoría: articulos de GONZALO CHAVEZ

21 Mayo 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Gonzalo Chávez A (*)

    Los conflictos interminables y/o la champa guerra eterna en la que están enfrascados el Gobierno, la oposición y los grupos corporativos desde siempre en Bolivia, después de provocar heridos, perdidas económicas, grandes perjuicios para la mayoría de la población y algunas lamentables muertes, al final, terminan en una mesa de negociaciones. 

    Es conocido que desde 1982 hasta la fecha se han registrado miles de conflictos sociales. Con tanta experiencia en confrontaciones deberíamos haber desarrollado grandes capacidades de negociación y pacto, porque muchos de estos problemas sociales, políticos, económicos, regionales y de otra índole se superaron, diluyeron, resolvieron, o, en la mayoría de los casos, se pospusieron, pero la sangre de la violencia extrema nunca llegó al río, estoy pensando en una guerra civil, por ejemplo. 

    Entonces la pregunta central que guía a este artículo es: ¿sabemos negociar los bolivianos después de tanto jaleo? ¿Podemos realizar pactos de largo plazo con tantos años de experiencia en conflictos? En este domingo de azul invierno le propongo realizar un simulación de negociación para que, desde un ejercicio concreto, usted responda a estas preguntas. Para ello, en casa o en la oficina, divida a la familia, sus amigos o compañeros de trabajo en dos grupos. Digamos los verdes y los guindos. Recomiendo que se siga al pie de la letra las instrucciones porque el ejercicio le puede ser muy útil en el amor, las actividades privadas y sobre todo si es devoto de la religión del cambio y está en el árbol del poder. También puede utilizar este artículo en una clase para enseñar técnicas de negociación. 

    Imagínese que están en juego 40 coquetas naranjas, de ésas que dan ganas de pellizcarlas por su atrevido color. Cada uno de los grupos quiere 30 cítricos. Pues bien, que comience la negociación y la posición es clara: el grupo verde debe buscar llevarse 30 naranjas y el guindo, la misma cantidad. 

    Para ser efectivo en la negociación, ahórrese todo el desgate inútil de las descalificaciones y acusaciones de su contraparte. Generalmente en el país, una negociación de cualquier tipo comienza con amenazas, amedrentamientos, huelgas, marchas y acusaciones entre las partes. Un argumento común es que detrás de la búsqueda de las naranjillas están los gringos, la oposición, los con y sin miedo e inclusive la FIFA. Siguiendo esta tradición es probable que en el medio de la negociación se lancen algunas de las naranjas. También aparecerán las maniobras políticas, los engaños, las cachañas de estudiante universitario. Pero al final de todos los juegos pirotécnicos igual deberá sentarse a negociar. 

    Un segundo paso en este tipo de negociaciones en el país es afirmar, con tono profesoral, que el problema es más complejo que las 30 naranjas. Desde el trono de la falsa sapiencia se dirá: “Este es un reduccionismo economicista. A rigor de verdad lo que se debe discutir es la calidad del suelo donde nacen la naranjas, la cantidad de árboles que hay en el país, el ciclo climático de los cítricos, los recursos invertidos en la producción, el modelo neoliberal que, en realidad, está detrás de la cosecha de los frutos”. El siguiente paso es formar varias comisiones, uno por cada tema e iniciar interminables discusiones declarando varios cuartos intermedios. Pero después de la chachara, los grandes discursos sobre el imperialismo y las naranjas, la denuncia de los enemigos de no sólo las naranjas, sino también las mandarinas, las bases piden sus 30 cítricos y punto. 

    El espíritu de Salomón se hace presenta en la negociación y con gran sabiduría dice: 20 naranjitas para cada grupo y se acabó la discusión, pero nada. Ninguna de las partes quiere ceder, porque el “mita y mita” es una perdida para ambos. 

    Seguramente a estas alturas usted se ha dado cuenta que está atrincherado en una guerra de posiciones. No hay forma humana de salir de este entuerto. Los grupos están a punto de agarrarse de las mechas. Pero que ocurriría si cada grupo se pregunta: ¿para qué necesitamos las naranjas? Es decir ¿cuáles son los verdaderos intereses en la negociación? Estas son preguntas difíciles de responder. Profundizando el análisis. ¿Qué pasaría en la negociación si el grupo verde manifiesta que necesita las naranjas para hacer jugo con ellas y el grupo guindo las requiere para hacer mermelada con las cáscaras? ¿Cambiarían sus estrategias de negociación? ¿A que tipo acuerdo llegarían? ¿Con cuántas naranjas se quedaría cada grupo? Bueno, que tal si nos damos hasta mañana para poner las respuestas a las interrogantes en mi blog Villazón Business School (chavezbol.blogspot.com) o también mandarme un correo electrónico con su solución a chavezbol@hotmail.com. Al final de la tarde, su humilde escribidor de domingo pondrá una posible solución mostrando cuán buenos o malos son los bolivianos para negociar en el blog y en el Facebook. Mientras tanto, que siga el máscara contra cabellera, pero amable lector piense que en una buena negociación se debe separar los intereses de las posiciones.

7 Mayo 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Gonzalo Chávez (*)

    El primero de mayo de 2006, el recién iniciado Gobierno del MAS realizó un truco de magia política que encantó a toda la audiencia del país. Renegoció contratos con las empresas petroleras y a este acto lo llamó la nacionalización de los hidrocarburos. El mago neorrevolucionario sacó el sombrero de cuello alto, se puso los guantes blancos, llamó al Ejército, colgó sendos letreros decorados con vistosas wiphalas y comenzó el ritual del “Nada por aquí, nada por allá. Fuera manos, trabaja vista” y a la cuenta de tres, extrajo un gordo conejo de la galera ante el asombro y júbilo del público. Dicen que el renombrado ilusionista David Cooperfield, al enterarse de semejante hazaña, se preocupó por su reinado en el mundo del encantamiento. En un país pequeño como Bolivia, la magia de la nacionalización había generado cientos de millones de dólares adicionales a las arcas del Estado y elevado la popularidad del hechicero en 80%. Los trucos de hacer desaparecer elefantes o edificios quedaron avergonzados ante la aparición de montañas de dinero con la ayuda de los precios internacionales.

    Frente a semejante éxito, año tras año, la prestidigitación de la nacionalización se fue repitiendo. En octubre del mismo año, el Estado tomó el control de Huanuni. En 2007, se nacionalizó la fundición Vinto. El primero de mayo de 2008 se compró el 100% de la Compañía Logística de Hidrocarburos y de la telefónica ENTEL. Además se recuperó la mayoría accionaria de las empresas petroleras Chaco, Panamerican Energy, Andina (Repsol YPF) y de Transredes (Ahsmore y Shell). En 2009, le llegó el turno a Air BP. Al año siguiente se nacionalizó el sector eléctrico Corani, Guaracachi, Valle Hermoso y la empresa distribuidora de energía Cochabamba. Este último “primero de mayo, víspera del dos de mayo”, como dice el huayño, volvió el ilusionismo con la expropiación de las acciones de la Transportadora de Electricidad (TDE). Pero después de repetir el mismo acto cada año, el show político está viejo y mucha gente ya le conoce el truco al encantador. Y ahora, al contrario del pasado, del sombrero del mago sólo salió un falso conejo. 

    Además, desde el punto de vista económico, las nacionalizaciones a cuentagotas, uno o dos por año, presentan varios problemas. Primero, producen un adormecimiento estructural tanto de la inversión privada nacional como extranjera y promueven acciones preventivas y oportunistas de las empresas. Éstas saben que es cuestión de tiempo su nacionalización, pero no conocen si son la siguiente en la fila, están en el puesto quinto u ocupan el último lugar de la línea. En el callejón, rumbo a la guillotina del poder, adelantan sus ganancias, deprecian más rápido sus activos, posponen y en algunos casos, detienen su inversión. Muchas de ellas esperan ansiosas la nacionalización, porque podrán, con un poco de paciencia, recibir jugosas indemnizaciones por sus devaluadas acciones. 

    Segundo, desde un punto más agregado, las nacionalizaciones comandadas por el ciclo político y electoral sólo generan incertidumbre macrosocial y producen el desalineamiento y descoordinación de todo el aparato productivo. Si prevaleciesen criterios económicos en las nacionalizaciones, éstas deberían ser hechas todas en un solo saque. Así el Estado boliviano debería colocar a trabajar los sectores estratégicos, los servicios básicos y otras industrias nacionalizadas, de una sola vez, para fomentar el crecimiento económico y la equidad social. Los nuevos jugadores estatales coordinarían mejor y las reglas de juego estarían claras para el sector privado que sobrevivió al hambre estatista. La estrategia del goteo sólo es funcional a la búsqueda de popularidad instantánea. 

    Tercero, hasta la fecha los resultados económicos de las nacionalizaciones son dudosos. Veamos el más importante. En el sector de hidrocarburos la inversión se paralizó, las importaciones de diésel han aumentado, el mercado brasileño se ha congelado, las reservas de gas natural se redujeron y a rigor, el aumento de los ingresos se explica en gran medida por los fabulosos precios del gas y, finalmente, después de mucho show y propaganda, el Gobierno volvió a dormir con las otrora odiadas transnacionales, otorgándoles jugosos incentivos (30 dólares por barril pagadores en notas de crédito). En el sector eléctrico nacionalizado, los apagones son cada vez más frecuentes por falta de inversión. 

    Cuarto, no hay la menor duda de que las nacionalizaciones son unos anabólicos esteroides políticos apetecibles, producen un crecimiento substancial de los músculos del apoyo popular. Sin embargo, existen abundantes evidencias sobre los perjuicios que causan al cuerpo social y económico, su prolongada y repetitiva utilización. El desafío no es sólo de cambio de propiedad sino de gestión, capital humano, gobiernos corporativos y desarrollo institucional. 

    Finalmente, si se continúa con las nacionalizaciones dictadas al calor de la política, una cada año, y para quien quiere quedarse mucho tiempo en el poder, faltarán empresas para ser nacionalizadas; ya la fila es corta, quedan pocas empresas, tal vez las ferroviarias, algún banco y compañías más pequeñas. La gran pregunta es: ¿qué pasará cuando se acaben las empresas nacionalizables? ¿Será que las peluquerías de argentinos serán las próximas? A alguien se le puede ocurrir que los cortes foráneos de estos peluqueros, a la Justin Bieber, por ejemplo, están contaminando las cabezas nacionales. Las recias melenas deben volver a las manos de los estilistas capilares nacionales, así volverían los cortes: firpo marcial, revolucionario romano, el medio hongo de oenegista, estilo libro chapareño o el corte Joselito.

    (*) Gonzalo Chávez A. es economista.

8 Enero 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Gonzalo Chavez (^)

    Página Siete ha informado que para el censo de 2012 no se incluirá la categoría de mestizos. En la boleta censal se listarían varias etnias reconocidas por la Constitución Política del Estado y otras nuevas, pero nada de los mezclados, los mestizos, los cholos, los híbridos y/o aquellos que tuvieron algún origen en la Colonia o en otras latitudes de este inmenso planeta. 

    A estos grupos se les pretende aplicar la ley del silencio estadístico. Simplemente, no existirán. Espero que esta insensatez no pase de una broma.

    Dando el beneficio de la duda, es probable que los técnicos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) tengan alguna dificultad práctica de crear una categoría que englobe a los mestizos. Para ayudarlos, en mi blog y a través del Facebook propuse que se cree en la boleta del censo una casilla vacía donde las personas puedan autodefinirse en términos étnicos o en aquellas características que ellos consideren conveniente.

    Decenas de amables amigas (os) respondieron al pedido. A continuación transcribo las varias alternativas propuestas, no sin antes agradecer a cada uno de ellos por la creatividad y el humor.

    Las autoidentificaciones mezclan de todo, cualidades, atributos físicos o espirituales, características regionales, colores de piel, preferencias alimenticias, malicias de pueblos y uno que otro pre-juicio. Bueno, estimado lector, asegúrese los cinturones que se viene un torbellino de opciones de la Bolivia multipluritutifruti. 

    Comencemos por las damas, ellas se identifican como “morenas atrevidas de fin de semana”. Otras se ven como “birlochas macanudas de taco alto y medias Textilón que son mejor que condón”. También aparecen las “criollitas manteca”, que supongo dieron origen a la expresión popular: “No te calientes manteca, este bistec no es para ti”.

    O “rubia caima”, o “rubia raíces negras que, coquetas, lucen su peinado Max Factor”. Una otra ciberciudadana orgullosa se autocalificó como una “chola barroca de gruesas y ornamentadas columnas”. 

    Del sur de Bolivia alguien levantó la voz y dijo que quiere ser identificada como “chura mina sin inversiones de exploración”, o la “china alzada, alzada no sé de dónde y china no sé por qué”. Desde los valles de Cochabamba se identificaron como las “miskibesos”, una etnia casi en extinción. 

    Un grupo grande se autodefinió como de la etnia de los “pecha pecha”, es decir, los pechohuminta, los pecho sufridores, los pechito de bronce, los “en mi pecho anida el amor”, los pura pechuga, los pecho lampiños o, simplemente, los pechones que nunca quedan para atrás.

    En el género masculino cabe resaltar aquellos que, a pesar de los tiempos de cambio, siguen insistiendo en ser culitos blancos, yankillockallas, laris de Viena, medialuna boys, arrimado a la raza blanca, kara bronceado, cachamozo, votazulencalacoto, blanquito acomplejadito que trabaja en una ONG, ayudante de originario, los penúltimos jacobinos light, el grupo de los silenciodeloscorderos. Otros claman a los cuatro vientos: “ni ario ni originario' extraordinario”.

    Algunos quieren ser conocidos por sus intenciones, buenas y malas, dependiendo de las perspectiva con que se los analice, como los diferentes tipos de negros, a saber: bandidos, cumplidores, desteñidos, bandoleros, q’asa ventana, azulados o masistas. Negro agringado, conocido también como Blackberry. 

    O aquellos que mezclan región con actitud como los chutacholeros, el pepino carnavalero (toda una raza), funcionario público masista, en suma todos los wistulife o de vida torcida. Asimismo existen los indecisos como: los poncho rojo 100%, los poncho rojo 2/3 + 1/3 Calvin Klein y los intercultural 100% Wrangler o Levi’s. Entre los más sui géneris están el paisano pelo y panza (porque no es ni bello ni pendejo) y el rockallo, el rockero llockalla.

    Otra etnia criolla son los “quenchas”, que nacieron estrellados, conocidos también como palo de gallinero. También están aquellos de origen probablemente brasileño, como el cholo apretao, el camba letrao y el chapaco alzao, ¡oh haya corazao! Finalmente están aquellos que se declararon huérfanos de etnia, a los que habría que adoptar. Y los sin humor ni etnia que, enojados, escribieron que sólo eran bolivianos y punto.

    Bueno, esperemos que el INE incluya a los mestizos, que se autodefinen de decenas de maneras, no vaya a ser que esta omisión estadística cause una verdadera revolución de los mezcladitos y cholos espesos del buen vivir y del mejor proceder que, provocados ahora, soltaron su voz en el ciberespacio pero que también podrían revelarse en otros espacios. 

    Para terminar quisiera citar a un gran antropólogo brasileño, Darcy Ribeiro, que a propósito del mestizaje del vecino país decía: “Nosotros, los brasileños, somos un pueblo en ser, impedido de serlo. Un pueblo mestizo en la carne y el espíritu, ya que aquí (Brasil) la mezcla no fue ni un crimen ni un pecado. En la mezcla fuimos hechos y aún continuamos haciéndonos. Esta masa de nativos, oriundos del mestizaje, vivió por siglos sin la conciencia de sí mismo, hundida en la “ninguendade” o “nadiedad”. 

    Por lo tanto, así fue hasta que se definió como una nueva identidad étnica y nacional, conocida ahora como “los brasileños”.

    (*) Gonzalo Chávez A. es economista

24 Octubre 2006

Por: Gonzalo Chávez A.*

 ¡Aleluya! El mundo de los economistas no está dividido en dos grupos: Neoliberales y no neoliberales, como se podría concluir del pobre debate académico que se ha instaurado en Bolivia, en los últimos meses. Felizmente, la fauna de la profesión es mucho más diversa, al igual que el mundo que nos rodea. El hecho que la Academia de Estocolmo haya otorgado el premio de economía, 2006, a Edmund Phelps es una oportunidad para hablar de la escuela neokeynesiana, una línea de pensamiento con la cual me siento mucho más cómodo como economista. Así que hoy nada de crisis, conspiraciones o competencia de culpas nacional, sino una saludable capsulita de teoría. Los macroeconomistas, éstos que se ocupan del empleo, la inflación o el crecimiento del producto, están de fiesta. Después de varios años de premiar a avances en microeconomía, finanzas o política social, el Nobel de Economía va a un profesor que en los años setenta hizo grandes contribuciones para entender la dinámica del aumento de precios y el desempleo. También ayudó a desvendar los misterios de cómo funciona la lógica de consumo y ahorro de presente y futuro de las naciones. La teoría macroeconómica volvió por la puerta grande. Por razones de espacio me concentraré en los dos primeros temas. Antes de los trabajos del profesor Phelps, las políticas de fiscales y monetarias se movían en el mundo de los subi-bajas. Si el objetivo del Gobierno era mantener la inflación baja, debía ser capaz de soportar un nivel de desempleo alto, mucha gente sin trabajo. Al contrario, si la prioridad era tener altas tasas de empleo, lo que debía sacrificarse era la inflación. La forma de balancear el subi-baja eran las políticas macroeconómicas. Para obtener una inflación controlada, las políticas de gasto del Gobierno y las políticas monetarias debían ser contractivas. El Ministerio de Hacienda y el Banco Central (BC) debían ajustarse los pantalones, ser devotos de la virgen del puño. Para promover el empleo, bastaba con acelerar el gasto y la inversión (políticas fiscales expansivas) y el BC debería impulsar la baja de la tasa de interés, hacer que el dinero para préstamos sea barato. Éste era un mundo económico muy mecánico, los economistas eran como los ascensoristas que debían saber apretar el botón correcto en el corto plazo. Siempre se estaba frente a un dilema, o lo uno o lo otro. No existía el paraíso de inflación baja y pleno empleo. Miles de profesionales se formaron bajo el paraguas de la curva de Phillips, que mostraba el trade off (el intercambio) entre inflación y desempleo. A inicios de los años setenta, apareció un bicho raro: la estagflación, una situación donde a pesar de las políticas monetario y fiscales restrictivas se producía inflación y al mismo tiempo desempleo. Este raro fenómeno echó por la borda la teoría del subi-baja. El profesor de Columbia a partir del pensamiento de Lord Keynes, contribuyó a entender a este Frankenstein macroeconómico. Argumentó que el balance entre inflación y desempleo depende de cómo la gente percibe la relación entre el corto y el largo plazo, es decir hay un problema de intertemporalidad en el análisis. Para Phelps, la inflación de hoy no depende solamente del desempleo actual, sino también de lo que las personas y empresas piensen del futuro de los precios, en lenguaje más técnico de las expectativas de la inflación. Los agentes económicos forman sus tinkazos de cómo variarán los precios hacia adelante, mirando al pasado. Según Phelps las expectativas son adaptativas. En el modelo de la curva de Phillips antiguo, el subi-baja funcionaba porque se creía que los ajustes de los mercados de bienes y de trabajo (y por lo tanto precios y salarios) eran automáticos porque funcionaban bajo el paradigma de la competencia perfecta. El Nobel de Economía 2006 sostuvo en la línea keynesiana que los precios y los salarios no se ajustan rápido porque, en realidad, enfrentamos mercados imperfectos. Entonces, dado que los mercados en el corto plazo son más lentos o no se mueven, empresas y personas basan sus decisiones en pronósticos de inflación. Por ejemplo, ¿cómo se explica la estaflación, en la teoría creada por Phelps? Antes, se suponía que las políticas fiscales y monetarias contractivas producirían recesión y reducirían la inflación, pero esto no ocurría, sino que al contrario, los precios no sólo no bajan si no que se disparaban. Phelps argumentó que esto se debía a que los agentes económicos no le creían al Gobierno, y empresas y personas tenían expectativas de inflación que eran muy altas. El Gobierno no tenía buena reputación manteniendo políticas fiscales y monetarias contractivas. Así que en el futuro la inflación continuaría. La interacción entre pasado, presente y futuro es lo que afecta la relación entre inflación y desempleo. Si la gente cree por alguna razón que en el futuro la inflación será igual o mayor que la actual, las políticas macroeconómicas pierden su fuerza. Este año se premió a una rama de la macroeconomía que le debe mucho a la psicología. A partir de las ideas del profesor Phelps, se dio un paso trascendental de la macroeconomía contemporánea neokeynesiana

*Gonzalo Chávez es economista.

chavezbol@hotmail.com

9 Octubre 2006

Por: Gonzalo Chávez A.*

Cuáles son las prioridades del gobierno de Evo Morales? La nacionalización de los hidrocarburos, la Asamblea Constituyente, la segunda reforma agraria, la nueva ley para la educación, y muchos discursos. La oposición también baila a los sones de la agenda impuesta por el Poder Ejecutivo. ¿Cuándo fue la última vez que usted escuchó a alguien decir que en realidad el objetivo número uno, dos y tres del país es la creación de empleos productivos y dignos? Ciertamente durante alguna de las campañas electorales. Después se produce una dislexia colectiva, se confunde medios con fines. La historia se repite hace por lo menos 30 años. Pasada la euforia de las promesas, la capitalización, la reforma educativa, la nacionalización, la Constituyente, la descentralización, de instrumentos se convierten en objetivos de la política pública. Y las verdaderas metas del desarrollo, trabajo para la gente o menor pobreza, pasan al baúl del olvido. El Gobierno actual, en la focalización de objetivos no se está siendo nada revolucionario. Las poses sí han cambiado. Mentón 180 grados, mirada de quien está viendo el futuro, ojos de ternura revolucionaria, pecho inflado como huminta, mechón levemente caído en la frente y con voz grave y algo entrecortada, el revolucionario oficialista dice: "Nuestra amada paaatriiiia está en peligro". Del lado de la calle, los simples mortales se preguntan: ¿Joven, y mi peguita? ¿no tengo chamba, compañerito? Bien caché la paradita, bien lindo habla usted, pero para mí, patria es trabajo, por eso me estoy yendo a la madre patria, porque dicen que en España sobra laburo. Así que muy linda su revolución, orgulloso voy a estar de ella, trabajando en algún café o construcción en Madrid. En cuanto muchos bolivianos emigran en búsqueda de días mejores, otros se matan por una fuente de trabajo. La tragedia de Huanuni muestra dolorosamente que la ausencia de políticas mineras y la incompetencia en la gestión pública también matan. El empleo se ha convertido en una cuestión de vida o muerte. Así que, ¿queste las fuentes de trabajo? Está por terminar el año y habían prometido crear 90 mil puestos de trabajo. El licen oficialista responde, con una cara de quien ya vio muchas revoluciones: "No sea usted pues impaciente compañero, no le haga el juego a la derecha, no ve que éste es un proceso con matices dialécticos de idas y también de vueltas. Todo cambio es complejo, abigarrado y en cuya multicausalidad estamos trabajando, mañana tendremos la vigésima cuarta reunión para hablar el tema. Además, yo soy revolucionario, no mago". Sin duda el tema del empleo necesita estar en otra dimensión. La dimensión de la urgencia absoluta, de la prioridad nacional, de la lucha por la vida. El empleo es la mejor política social, ésta es una consigna que debería ser repetida 24 horas al día, siete días a la semana y 12 meses al año, tanto desde el Gobierno como desde la sociedad civil. El empleo es paz y solidaridad. La creación del empleo productivo debe ser el centro de la revolución y tener un estatus más elevado que la nacionalización, que apenas es un medio. Deberíamos impulsar una masiva movilización por el empleo y la producción, entre todos los bolivianos. Ésta es una causa que debería unirnos. El primer paso es visibilizar que el problema central en Bolivia es la falta de trabajo, y que éste debe la prioridad tanto del sector privado como de la acción publica. Para lograr esto se requiere un diluvio de acciones, que a continuación las menciono de manera desordenada por culpa de mi entusiasmo desdemedido sobre el tema y la tremenda pena que siento por lo de Huanuni. Al igual que todas las mañanas en los noticiosos, se anuncia la cotización del dólar, se debería mencionar cuántos empleos fueron creados en el día. Deberíamos hacer campañas para visibilizar y reconocer a empresa, sectores, organizaciones no gubernamentales, municipios, agencias públicas que crearon o ayudaron a crear fuentes de trabajo. Éstas son las (os) nuevas (os) magníficas (os) del empleo. Organizar foros, seminarios y debates que compulsivamente analicen y difundan programas e iniciativas para crear empleos. Semanalmente, radios y televisión deberían entrar en cadena nacional para evaluar y difundir acciones para crear empleos. Tener una especie de tribuna libre del empleo y la productividad. Crear el día nacional de empleo productivo. Reemplazar en los medios de comunicación a los políticos por los emprendedores productivos. ¡Abajo los analistas políticos y económicos¡, entre los que me incluyo, ¡vivan los agitadores productivos, los militantes de la competitividad, los activistas del empleo¡ Éste es un excelente momento económico, el contexto externo es maravilloso, el Gobierno tiene plata, la cooperación internacional está con ganas de seguir apoyando. Haga patria, cree o contribuya a crear un empleo productivo. La creación de empleo debe ser un imperativo ético. Ésta debería ser la nueva obsesión nacional. Todos con la revolución del empleo y la vida.

 *Gonzalo Chávez es economista.

2 Octubre 2006

Por: Gonzalo Chávez A.*

Donde hay dos economistas hay tres opiniones, dicen las malas lenguas que no nos quieren. El debate de por qué a la economía boliviana le va muy bien en lo que va del año, desde el punto de vista macroeconómico, parece confirmar el dictado. Para el oficialismo, el veranillo económico que vivimos es resultado de la revolución indígena en curso. Economistas de oposición sostienen que la bonanza de corto plazo se explica por un contexto externo espectacular, es decir, que la economía boliviana estaría con piloto automático, en un avión que vuela con turbinas neoliberales. Para otros profesionales del ramo, no está ocurriendo ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Vivimos un espejismo macroeconómico, cuyo origen no importa, porque no resuelve los temas de la falta de empleo y la pobreza extrema. Inclusive cuando se crece a más de 4 por ciento, como será el caso de este año, se generan 130 mil nuevos pobres y no así puestos de trabajo. Es un crecimiento económico al fósforo, concentrador de riqueza. Ante este clásico reclamo, que en su versión popular se traduce: ¿números, acaso vamos a comer?, el Gobierno responde, también con argumento muy común: “Esto es culpa de los gobiernos neoliberales, y no podemos hacer milagros en ocho meses, éste es un proceso”. Dura tarea de nuestras autoridades económicas que de hábiles vendedores de ilusiones desde la oposición, ahora enfrentan la ducha fría de la realidad que los condena, hasta ahora, a meros administradores de la impaciencia social. De piromaniáticos a bomberos de manguera corta, cada día enfrentan más incendios sociales, bloqueos de carreteras, paros, huelgas, etc. Según el Observatorio de Conflictos del CERES, que dirige el sociólogo Roberto Laserna, el promedio mensual de conflictos del gobierno del presidente Morales es 39. En el segundo gobierno de Sánchez de Lozada hubo 36 líos por mes. En la época de Siles Zuazo se llegó a 53 conflictos por mes. Estos datos parecen dar la razón a los escépticos que sostienen que el crecimiento bonsái de los últimos años no tiene efectos significativos sobre el empleo y la pobreza. La gente sigue descontenta y a pesar de los buenos datos macroeconómicos no se avanza en la gobernabilidad social. Bueno, pero hay un hecho innegable, el sector externo no podía estar mejor. Esto constituye una enorme ventana de oportunidad para el país. Hasta fin de año, las exportaciones totales podrían llegar a los 3.500 millones de dólares, todo un récord nacional. Las reservas internacionales superan los 2.700 millones dólares. Varias organizaciones internacionales y países amigos nos han perdonado la deuda externa, así que en amortizaciones de capital e intereses estamos pagando menos. Además, nuestros compatriotas, que han emigrado a varias partes del mundo, mandan como 865 millones de dólares por año. Sumando todos estos recursos, en el 2006 recibiremos de afuera en torno de 5.000 millones de dólares, más de la mitad de nuestro producto interno bruto (PIB). Esto será una causa importante para que el PIB crezca al 4,33 por ciento. Así mismo, gracias a los buenos vientos de afuera y los cambios en el sector petrolero, tendremos un superávit fiscal; quiere decir, que los ingresos del Gobierno serán mayores a sus gastos e inversiones. La inflación está controlada y el tipo de cambio se mantiene estable. Podemos decir que ésta es una revolución con suerte y plata, pero debe pasar del discurso a la acción creadora de empleo. Las condiciones macroeconómicas no podían ser mejores para realizar una revolución productiva. Dónde están las principales amenazas al paraíso revolucionario del verbo feliz. Primero, que haya un cambio brusco en las tendencias económicas mundiales, en especial que a la China, que crece al 9 por ciento al año, le vaya como la mona, y que de la noche a la mañana, desacelere su economía y que deje de comprar minerales. Esto es poco probable, el efecto Fu-Manchu parece que perdurará por algunos años. Segundo, que las inversiones privadas no vuelvan a la velocidad suficiente, especialmente en el sector hidrocarburos. La inversión es fundamental para la formación bruta de capital de un país, que constituye la base del crecimiento futuro. Si las inversiones son bajas hoy, el desarrollo no se sustenta en el futuro. Quiere decir que la aceleración de crecimiento que estamos viviendo ahora, debido a un contexto externo muy favorable, no tendrá bases estructurales de sustentación si la tasa de inversión es baja. Tercero, que los problemas de gestión del Gobierno sean estructurales y que, por lo tanto, los niveles bajos de inversión pública no se recuperen. Así mismo, puede ser un problema que las políticas públicas de la actual administración no salgan del papel, especialmente que no se creen los empleos prometidos. Cuarto, que el clima político se deteriore mucho más y afecte a la economía. Hasta ahora vivimos un fenómeno raro de cierta independencia saludable entre lo que pasa en la economía y los quilombos de la política. Quinto, que los conflictos distributivos entre los diversos grupos corporativos, especialmente sobre la renta del gas, lleven a un descontrol de la política fiscal y financiera. En este último caso, que la deuda interna podría dispararse, por ejemplo.

*Gonzalo Chávez es economista.

chavezbol@hotmail.com

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