Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)
Por: Gonzalo Chávez A (*)
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Los conflictos interminables y/o la champa guerra eterna en la que están enfrascados el Gobierno, la oposición y los grupos corporativos desde siempre en Bolivia, después de provocar heridos, perdidas económicas, grandes perjuicios para la mayoría de la población y algunas lamentables muertes, al final, terminan en una mesa de negociaciones.
Es conocido que desde 1982 hasta la fecha se han registrado miles de conflictos sociales. Con tanta experiencia en confrontaciones deberíamos haber desarrollado grandes capacidades de negociación y pacto, porque muchos de estos problemas sociales, políticos, económicos, regionales y de otra índole se superaron, diluyeron, resolvieron, o, en la mayoría de los casos, se pospusieron, pero la sangre de la violencia extrema nunca llegó al río, estoy pensando en una guerra civil, por ejemplo.
Entonces la pregunta central que guía a este artículo es: ¿sabemos negociar los bolivianos después de tanto jaleo? ¿Podemos realizar pactos de largo plazo con tantos años de experiencia en conflictos? En este domingo de azul invierno le propongo realizar un simulación de negociación para que, desde un ejercicio concreto, usted responda a estas preguntas. Para ello, en casa o en la oficina, divida a la familia, sus amigos o compañeros de trabajo en dos grupos. Digamos los verdes y los guindos. Recomiendo que se siga al pie de la letra las instrucciones porque el ejercicio le puede ser muy útil en el amor, las actividades privadas y sobre todo si es devoto de la religión del cambio y está en el árbol del poder. También puede utilizar este artículo en una clase para enseñar técnicas de negociación.
Imagínese que están en juego 40 coquetas naranjas, de ésas que dan ganas de pellizcarlas por su atrevido color. Cada uno de los grupos quiere 30 cítricos. Pues bien, que comience la negociación y la posición es clara: el grupo verde debe buscar llevarse 30 naranjas y el guindo, la misma cantidad.
Para ser efectivo en la negociación, ahórrese todo el desgate inútil de las descalificaciones y acusaciones de su contraparte. Generalmente en el país, una negociación de cualquier tipo comienza con amenazas, amedrentamientos, huelgas, marchas y acusaciones entre las partes. Un argumento común es que detrás de la búsqueda de las naranjillas están los gringos, la oposición, los con y sin miedo e inclusive la FIFA. Siguiendo esta tradición es probable que en el medio de la negociación se lancen algunas de las naranjas. También aparecerán las maniobras políticas, los engaños, las cachañas de estudiante universitario. Pero al final de todos los juegos pirotécnicos igual deberá sentarse a negociar.
Un segundo paso en este tipo de negociaciones en el país es afirmar, con tono profesoral, que el problema es más complejo que las 30 naranjas. Desde el trono de la falsa sapiencia se dirá: “Este es un reduccionismo economicista. A rigor de verdad lo que se debe discutir es la calidad del suelo donde nacen la naranjas, la cantidad de árboles que hay en el país, el ciclo climático de los cítricos, los recursos invertidos en la producción, el modelo neoliberal que, en realidad, está detrás de la cosecha de los frutos”. El siguiente paso es formar varias comisiones, uno por cada tema e iniciar interminables discusiones declarando varios cuartos intermedios. Pero después de la chachara, los grandes discursos sobre el imperialismo y las naranjas, la denuncia de los enemigos de no sólo las naranjas, sino también las mandarinas, las bases piden sus 30 cítricos y punto.
El espíritu de Salomón se hace presenta en la negociación y con gran sabiduría dice: 20 naranjitas para cada grupo y se acabó la discusión, pero nada. Ninguna de las partes quiere ceder, porque el “mita y mita” es una perdida para ambos.
Seguramente a estas alturas usted se ha dado cuenta que está atrincherado en una guerra de posiciones. No hay forma humana de salir de este entuerto. Los grupos están a punto de agarrarse de las mechas. Pero que ocurriría si cada grupo se pregunta: ¿para qué necesitamos las naranjas? Es decir ¿cuáles son los verdaderos intereses en la negociación? Estas son preguntas difíciles de responder. Profundizando el análisis. ¿Qué pasaría en la negociación si el grupo verde manifiesta que necesita las naranjas para hacer jugo con ellas y el grupo guindo las requiere para hacer mermelada con las cáscaras? ¿Cambiarían sus estrategias de negociación? ¿A que tipo acuerdo llegarían? ¿Con cuántas naranjas se quedaría cada grupo? Bueno, que tal si nos damos hasta mañana para poner las respuestas a las interrogantes en mi blog Villazón Business School (chavezbol.blogspot.com) o también mandarme un correo electrónico con su solución a chavezbol@hotmail.com. Al final de la tarde, su humilde escribidor de domingo pondrá una posible solución mostrando cuán buenos o malos son los bolivianos para negociar en el blog y en el Facebook. Mientras tanto, que siga el máscara contra cabellera, pero amable lector piense que en una buena negociación se debe separar los intereses de las posiciones.
Por: Gonzalo Chávez (*)
Por: Gonzalo Chavez (^)
Por: Gonzalo Chávez A.*




