Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bo0livia)

    Por: Fernando Salazar Paredes
    A tiempo de firmar el acuerdo con la OEA que posibilitará la realización de la próxima asamblea general del organismo regional en Bolivia en junio del 2012, el canciller del Estado ha manifestado, con prosopopeya: “Lanzaremos una propuesta para salvar al planeta, Bolivia ha planteado que la declaración de Cochabamba sea de Seguridad Alimentaria con Soberanía, además de discutir los temas como migración y narcotráfico, el tema central será de los alimentos, los países desde ahora trataremos estos temas que preocupan al hemisferio”.

    Hacen 32 años se realizó en Bolivia, con gran éxito, una similar asamblea general, cuyo tema central, como era natural y patriótico, era el problema marítimo boliviano. El éxito de dicha reunión se reflejó en la aprobación de una resolución que declara que “es de interés hemisférico permanente encontrar una solución justa y equitativa que proporcione a Bolivia acceso soberano y útil sobre el océano Pacífico”.

    Para el jefe de la diplomacia boliviana, esta vez el tema central será el de los alimentos, mas concretamente la seguridad alimentaria con soberanía. En su declaración, hizo total abstracción del tema marítimo, elemento fundamental de nuestra política exterior.

    Según la FAO existe seguridad alimentaría si “todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para satisfacer sus necesidades alimentarías”.

    No es un secreto que Bolivia exhibe serios problemas en cuanto a la cantidad y calidad de su alimentación, especialmente en los sectores de menores ingresos. La situación alimentaria ha tenido un progreso muy lento, no acorde con el acelerado incremento poblacional que, además, es más urbano que rural, por lo que la producción de alimentos es menor pero su necesidad, mayor.

    Curiosamente, la creciente producción de coca incide negativamente en la seguridad alimentaria porque contribuye al deterioro de los suelos, afecta la cobertura vegetal con los chaqueos que propicia y su rentabilidad genera desincentivos para otros productos.

    En el océano Pacífico hay una gran riqueza de biodiversidad animal y vegetal; alguien ha denominado a esta riqueza del mar como “una despensa gigantesca”. Nuestro forzado enclaustramiento marítimo nos impide aprovechar de los beneficios de esa despensa. Esta desventaja afecta nuestro desarrollo y tiene un impacto directo en nuestra seguridad alimentaria.

    Si tuviéramos acceso libre al mar, nuestra seguridad alimentaria estaría, efectivamente, en mucho mejores condiciones que ahora. 

    Consecuentemente, el tema marítimo en una asamblea general de la OEA que se realiza en Bolivia no puede ser relegado a un segundo o tercer plano, máxime si hay el antecedente de 1979, cuyos resultados esgrimimos como muestra fehaciente de la efectiva solidaridad continental a nuestro objetivo de reintegración marítima.

    La única razón que justificaría el desprecio del tratamiento del tema sería la falta de apoyo que tendría el país para reeditar el éxito de 1979, en cuyo caso no sería aconsejable que la asamblea se lleve a cabo en Bolivia. Un fiasco en esta materia en una asamblea que se realiza en Bolivia tendría un impacto negativo en lo que se denomina como la “multilateralización” del problema marítimo boliviano. 

    Entre “salvar el planeta” –frase retórica y pretenciosa, que no condice con nuestras políticas alimentarias internas– y mantener latente nuestro clamor de justicia por la causa marítima, la inclinación boliviana no tiene dónde perderse. 

    Cuando todos los bolivianos tengan, en efecto y en todo momento, acceso físico y económico a suficientes alimentos para satisfacer sus necesidades alimentarías, entonces hagamos propuestas rimbombantes al respecto.

    Seguridad alimentaria con salida al mar sería –retórica aparte– un eslogan mas acertado y patriótico en boca del señor canciller. Sería, además, propugnar con sensatez una incontrastable seguridad alimentaria con soberanía.