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La Coctelera

Categoría: articulos de CECILIA LANZA

Monumentos del "boom subterráneo"

Posteado por: educamposv el 15 ene En: POBREZA Y DESIGUALDAD RELACIONES INTERNACIONALES ECONOMIA Y SOCIEDAD HISTORIA MUJER Y POLITICA articulos de CECILIA LANZA - sin comentarios

Publicado por: oxgenobolivia.com

Por: Cecilia Lanza Lobo @majabarata

Hace seis o siete  años, cuando los migrantes a España todavía no habían regresado y enviaban sus ahorros a sus familias en el país, el camino al Valle Alto en Cochabamba comenzaba a poblarse de “eurocasas”. Casitas de dos o más pisos, construidas con los euros de la migración forzosa en busca de trabajo. Las reconocías facilito. Construidas al lado de algún resto de pequeña construcción de adobe. Alegres, llenas de piedritas de colores en los muros y techos de teja, como casitas de chocolate. Bonitas y ostentosas, contrastaban demasiado con las casitas vecinos, cuyos propietarios no migraron.

Ahora estas casas ya no contrastan. Son parte del paisaje dominante en toda el área periférica de Cochabamba, en Quillacollo y Sacaba, pero también en buena parte de El Alto, en La Paz, con una particularidad: Consecuentes con su altitud, las “eurocasas” alteñas quedan encima de algún edificio, cual cherries de una torta matrimonial. Bah! Cosas de la vanguardista arquitectura popular.

El caso es que a la multiplicación de las “eurocasas” se ha sumado la proliferación de grandes edificios, ya no tan pop ni tan kitch, sino modernísimos, minimalistas y demás exquisiteces. Un estudio al respecto, encargado por SOBOCE, dice que la cantidad de metros cuadrados de construcciones nuevas en el país equivalen a 24 edificios de 100 pisos cada uno.

Mi percepción no estaba equivocada. En La Recoleta, en Cochabamba, hay dos edificios en construcción ¡en cada cuadra! No uno, dos. Según datos de la Oficialía Mayor de Planeamiento de la Alcaldía valluna, en la ciudad hay 719 edificios de más de cuatro pisos. Sólo en La Recoleta, San Pedro y Cala Cala, hay 528. El 40% de las nuevas construcciones del país están en Cochabamba.

Yo, cochabambina paceñizada hace más de 25 años, pensaba que mi llajta, como gran parte de los departamentos del país, buscaba empujar su desarrollo quizás a imagen y semejanza de los edificios del centralismo paceño. Demasiada pedantería capitalina y por supuesto ingenuidad. Porque el “boom” de la construcción, no sólo en Cochabamba sino en el país, nada tiene que ver con asuntos de competitividad sino con una cuestión de economía pura. Pero también de ética y política.

Los economistas y entendidos en construcción explican este “boom” desde la inadecuada planificación urbana, desde las facilidades crediticias, desde la migración campo-ciudad, desde las remesas de los migrantes y desde un dato que sueltan en voz baja: la economía “subterránea” del mercado negro, es decir, el dinero del contrabando y el narcotráfico. De hecho, el estudio de SOBOCE señala también un dato curioso: “aproximadamente siete de cada diez personas adquieren los departamentos al contado y sin respaldo de alguna entidad financiera”.

Pero el problema no es sólo que esas centenas de nuevas construcciones colapsen pronto las redes de servicios básicos, ni que inflen el mercado con una burbuja que abulta las estadísticas de empleo, calidad de vida o crecimiento de una clase media circunstancial. El problema es la ostentación con aires ochenteros de una realidad que pocos o nadie se anima tocar.

Y es que ¿cómo le dices a alguien que tiene la bragueta abierta? O ¿cómo le dices a alguien que su casa es un antro y él ni cuenta se da? Primero lo harás con cuidado, suponiendo que la bragueta y la casa enquilombada son un accidente del que su propietario no tiene idea. Pero ¿qué pasa cuando el aludido ni se inmuta? Es que aquello no es un accidente.

Porque ¿cuántas de esas nuevas construcciones están alardeando el auge del contrabando y el narcotráfico en el país? No hay estudios específicos aunque sí algunos casos concretos registrados por la prensa. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito asegura que el lavado de dinero producto del narcotráfico en Bolivia está en 750 millones de dólares al año. Eso significa entre el 3 y 5% del PIB. ¿Será ésta razón suficiente para hacerse al loco?

El aludido es el gobierno que evade la presencia contundente de ambas lacras y sus consecuencias (la creciente violencia es otra evidencia). Del secreto a voces hemos pasado a la ostentación. Y de la ostentación a la complicidad y al grave riesgo de acomodarnos en un país narco como quien se tumba plácida(o resignada)mente en un sillón.

http://www.oxigenobolivia.com/o2/opinion/dd4166695cb4e6b88502
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LOS CELOS

Posteado por: educamposv el 29 ago En: POLITICA Y DEMOCRACIA SOCIEDAD Y CULTURA articulos de CECILIA LANZA - sin comentarios

Por: Cecilia Lanza*

Celos. Sentimiento que nace en el amor y que es producido por la creencia de que la persona amada prefiere a otro. (Littré). Entonces, ya que ellos suelen referirse con frecuencia a su amada patria —los políticos, los gobernantes—, asumamos esto como una cuestión de amores. Si eso es así, no debo estar tan equivocada. Y el primer amante no puede sino ser el presidente Morales que en esos territorios es, hasta donde se sabe, algo escurridizo y misterioso. Pero una cosa son los amores bajo sábanas y otra los amores cocinados al fuego de la política. Así, si Fernando Savater tiene razón (Los diez mandamientos en siglo XXI), Evo Morales se contradice. No sólo porque el socialismo tiene, cuando menos, una relación distante con la religión y hoy Evo marea la perdiz, sino porque él —Evo— encarna, cada vez con más entusiasmo, la imagen del autoritarismo patriarcal heredera de los deseos de aquel dios cristiano que deseaba ser amado con carácter de exclusividad. Un dios celoso. Un dios, por tanto, excluyente y acaso intolerante. Entonces, poco democrático. Una imagen adoptada desde entonces a lo largo de la historia, no sólo por los inquilinos del Gobierno eventual, sino como gesto del poder mismo. Un poder ciertamente totalitario que no hace sino ratificar mi temprana decepción. Evo, mata pasiones. Debe ser cierto. Y absurdo, pero realmente cierto. El poder del poder es un afrodisíaco perverso porque te engatusa, no te seduce para una entrega, digamos, amorosa. O sea, te mama. Porque en la seducción política no pierdes la cabeza —que para el caso nacional ya es bastante grave—, sino los estribos. A fin de cuentas, perder la razón no estaría nada mal si por ello se entiende el dogma del discurso político inamovible, ese corsé que no admite discrepancias (y que pensándolo bien, por otra parte, sigue a pie juntillas el socialismo más primario). Debe ser ése el motivo de la confusión asumida como certeza. Los dioses confunden amor con sumisión y con un extraño sentido de propiedad o de pertenencia (eres mía/mío, y eso me otorga derechos sobre ti) propios del celoso. De allí que equivoquen también autoridad con capricho y pretendan, por tanto, obediencia ciega e indiscutible. Quién cuernos dijo que quien gobierna es nuestro dueño y manda más. Quién cuernos dijo que con el voto nos endosamos a un amo circunstancial. Evo socialista no sólo cede ante el poder de la Iglesia, sino que adopta para sí la actitud institucional acaparadora del poder. Evo endiosado ratifica la tradición paternalista nacional que prescinde de todos y resuelve las cosas solo; mientras el pueblo, ese menor de edad, reclama religiosamente su mesada y espera el milagro. Evo, primer amante de la nación, es celoso. Sospecha, teme que su amada prefiera a otros, no lo admite y despotrica. Qué vaina. Yo que creí que, más allá de todo, la presencia de Evo Morales era no sólo necesaria, sino urgente para resolver el entuerto nacional de los eternos desencuentros. Es más, todavía creo que su llegada fue buena, más aún cuando de vez en cuando veo a esos jóvenes de mirada rayban Mitsubishi, envueltos en todo el volumen posible para potenciar la sordera, además de la ceguera, ante un país que luego de Morales no quieren ni ver ni oír. Paciencia, turbulenta paciencia. Porque para que aquello cambie habrá que esperar un par de generaciones más porque acabamos de empezar. Pero de pronto miro al Presidente celoso, ese que no admite el disenso, y siento que la cosa no funciona. Que no se trata de invertir los roles y tomarse la revancha. Que esto de los amores celosos tiene demasiada historia y a nosotros las modas nos llegan demasiado tarde. Porque para aprender a democratizar nuestros amores y compartirlos, y trascender la tontera de los celos, pasarán 100 años y mil cuerpos que lo resistan. Pero como éste es un sentimiento que nace en el amor, habrá que consolarse creyendo que Evo es celoso porque nos ama. Finalmente, como dice Roland Barthes, quien sufre es el celoso: porque está celoso, porque se reprocha de estarlo, porque teme que sus celos hieran a su amada y porque se deja someter a esa nadería. El celoso sufre por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser ordinario.

*Comunicadora

cingalesa@hotmail.com

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