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La Coctelera

PLATAFORMA DE DISCUSIÓN DEMOCRÁTICA

Democracia, Equidad y Desarrollo

Categoría: articulos de ARMANDO MENDEZ

18 Abril 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Armando Méndez Morales (*)

    En nuestro país es conocido el hecho de que hay problemas de límites entre departamentos y entre municipios. Entre ellos Beni y Cochabamba, y entre Oruro y Potosí. El primero está en la congeladora porque ha sido sustituido con el problema de la construcción del camino que cruzará el TIPNIS, territorio precisamente que comparten ambos departamentos. El segundo está activo. Dicen que el 90% de los municipios (327) tiene fronteras difusas entre ellos. ¿Por qué?

    En el pasado incaico y en el colonial no había claros derechos de propiedad. Los pueblos consideraban la propiedad de la tierra como un hecho natural, no jurídico, que alcanzaba hasta donde llegaba la vista de quien gobernaba el pueblo. Las naturales disputas que esto conllevaba se resolvían mediante la “negociación política” o seguramente de manera más habitual, mediante la guerra.

    Tocqueville, en su obra La democracia en América dice que en inmensos desiertos habitaba gente, la gente erraba. Tribus que existían en Norteamérica y estaban a las orillas del mar fueron obligadas a internarse, otras desaparecían y con ello su lenguaje. 

    Los europeos introdujeron las armas de fuego, el hierro y el aguardiente. Les sustituyeron su vestidura con tejidos que los indios no fabricaban. A cambio daban las pieles de los animales que mataban. La caza pasó de ser sólo para satisfacer necesidades de alimento también para hacer el intercambio con los conquistadores.

    Los indios, apenas encontraban medios de subsistencia lo que dificultaba el hacer intercambio con los europeos. Sin animales la caza se les hizo muy difícil. “Se ve entonces a esos desventurados vagar como lobos hambrientos por sus bosques desiertos”, dice Tocqueville. Sólo encuentran miseria y muerte. Por esta razón se decidieron a emigrar a otras tierras más lejanas. 

    “Cuando la población europea comienza a aproximarse al desierto ocupado por una nación salvaje, el Gobierno de los Estados Unidos envía generalmente a esta última una embajada solemne: los blancos reúnen a los indios en una gran llanura y, después de comer y beber con ellos, le dicen: ‘¿Qué hacéis en el país de vuestros padres? Pronto tendréis que desenterrar sus huesos para vivir: ¿Por qué la comarca que habitáis ha de valer más que otra? ¿Acaso no hay bosques, pantanos y praderas más que donde os halláis? Al otro lado existen vastas regiones donde las bestias salvajes aún se encuentran en abundancia; vendednos vuestras tierras e id a vivir felices a esos lugares”. Pronunciado ese discurso, -dice Tocqueville- se exhiben ante los ojos de los indios armas de fuego, vestidos de lana, barriles de aguardiente, collares de vidrio, pulseras de estaño, arrancadas y espejos. “Si a la vista de todas estas riquezas aún se muestran vacilantes, se les insinúa que nada lograrían negando el consentimiento que se les pide, y que muy pronto el Gobierno mismo no podría ya garantizar sus derechos. ¿Qué hacer? En parte convencidos, en parte obligados, los indios se alejan; van a poblar nuevos desiertos donde los blancos no les dejarán vivir ni diez años”

    Lo acontecido en el pasado hoy se repite en Bolivia. Una noticia periodística informa que la ministra de Desarrollo Rural y tierras ha convalidado que las tierras del ayllu Huaylluma, que se encontraban en el departamento de Oruro, pasen a poder de los comunarios de Chullpa de Potosí, como consecuencia de un error cometido por el INRA, a cambio de ofrecerles la construcción de viviendas para las familias que fueron afectadas con la transferencia de sus terrenos a Potosí. La reacción de los afectados, según el jiliri malku de la provincia Dalence, Domingo Alegre, en representación de los comunarios de Huaylluma dice: “Nos han echado de nuestras tierras y ahora dicen que volvamos donde nuestros primos. Eso no se puede hacer, porque los del INRA han cometido el error”.

    Recién surgió otro conflicto de limites, que llevó al enfrentamiento con un saldo de 59 heridos, esta vez entre pobladores de tres comunidades de las provincias Arque y Tacaparí del departamento de Cochabamba.

    El TIPNIS sigue como tema pendiente. ¿Será que los colonizadores, cuyo centro de acción se ubica en el Chapare cochabambino, seguirán introduciéndose a esas tierras obligando a sus originarios a replegarse más adentro? ¿Este proceso se realizará sin sangre? 

    El problema del campo, en países atrasados como Bolivia, es que no existen derechos de propiedad claros ni de pueblos ni individuales. Mucho menos límites entre pueblos porque éstos se mantuvieron siempre en la nebulosa. En el pasado esto se resolvía mediante la guerra. El pueblo vencedor ampliaba sus fronteras hasta allí donde podía garantizar que otro pueblo no irrumpa. ¿Ahora cómo deberían resolverse?

    (*) Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

7 Marzo 2012

Publicado por: Hoy Bolivia.com

Alberto Bonadona, continuando su reflexión crítica sobre lo que es una economía de mercado, escribió dos interesantes artículos titulados: “La lógica del propio interés” y “La moral del mercado”. En el primero recuerda el planteamiento de Adam Smith, que le permite concluir acertadamente que “el propio interés creó imperios industriales y financieros y todavía lo sigue haciendo en el capitalismo moderno”. En el segundo, me interpreta mal. Mi aclaración, los valores del protestantismo, hoy, son los principios de la buena educación, no es que la educación esté bajo la tutela religiosa. También hace una afirmación extrema: “el mercado por naturaleza es salvaje, elemental, darwiniano, brutal, inmisericorde con resultados negativos o positivos dependiendo del momento histórico”. 
Esto se puede interpretar como que en la antigüedad el mercado dio resultados positivos pero en la modernidad tiene resultados negativos. ¿Porque antes no estaba concentrada la riqueza y ahora lo está? En verdad, antes no había riqueza si comparamos con la que ahora hay. Y la poca que había estaba concentrada en pocos. El 98 por ciento de la población era pobre. Es cierto que detrás de la quimera de la ideología socialista están estos prejuicios.

En el primer artículo, Bonadona destaca que siempre en la vida existieron pillos y, es cierto, que los apetitos del enriquecimiento rápido de alguna gente engendran “lores del narcotráfico y príncipes de la estafa en la bolsa de valores”, pero no dice que estos comportamientos se califican como delincuenciales, que en toda sociedad organizada moderna son actitudes prohibidas. La eliminación del crimen es una profunda aspiración en la modernidad, y todos los gobiernos tratan, de una manera u otra, impedir su expansión. Concluir, a partir de esa sesgada visión, que el capitalismo es la historia de las “redes de mafias” porque, en la concepción smithiana, “no hay prójimo por quién preocuparse, ni religión ni familia”, considero una errada interpretación del pensamiento de Smith, quién dice que lo que mueve el mundo son los intereses personales.

En su libro “Teoría de los sentimientos morales”, Adam Smith, se refiere a las motivaciones que están presentes en las personas y que son las siguientes: el deseo de libertad, el sentido de propiedad, el hábito del trabajo, la tendencia al intercambio, el egoísmo, la benevolencia y la conmiseración, inclinaciones que se manifiestan en una economía de mercado y que conducen a la armonía social. Smith, identifica egoísmo con interés personal, por lo que es una actitud positiva y no negativa, como sería la inclinación del hombre a delinquir, por ejemplo. Por tanto, debemos concluir que el delinquir no es un rasgo natural que caracteriza a los humanos, y menos aún que sea el “capitalismo” el que incentive la delincuencia. Delinquir es la excepción, no la regla. También habría que incluir otro tipo de motivaciones como el de la competencia, el ahorro, el conocimiento, la búsqueda del triunfo y de reconocimiento, que están presentes en los mercados.

No hay que olvidar que Adam Smith se dedicó al estudio del comportamiento moral del hombre, lo que le permitió llegar a la conclusión de que eran los intereses  de las personas los que movía a la gente para hacer algo, y que esto es bueno, bajo el entendido de que se trata de intereses legítimos.

Para la gente en general, la palabra egoísmo tiene una connotación negativa por lo que hay que gente que rechaza la búsqueda del interés individual como valor positivo, sin embargo, ya Jesucristo tenía claro este hecho cuando predicó: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. En mi opinión, el que mejor ejemplifica el interés individual es Milton Friedman, quién dice: “El científico que intenta ensanchar las fronteras de su disciplina, el misionero que se esfuerza por convertir  a los infieles a la verdadera fe, el filántropo que trata de aliviar los sufrimientos del necesitado, todos ellos procuran  colmar su interés personal de acuerdo con sus propios valores.” Por esta razón es que unos son industriales y comerciantes y otros son sacerdotes.

Por tanto, el interés que expresan las personas no sólo es el económico sino también de otra índole y que está en relación con los valores que profesan. Un comerciante o un banquero no tienen los mismos valores que la Madre Teresa de Calcuta. Y cuando nos referimos a la actividad económica en una economía de mercado, debemos destacar que aquí lo que interesa es obtener el mayor ingreso posible con el menor costo, en un ambiente de competencia, dadas todas las restricciones técnicas y de precios, así como también las morales. Economía de mercado no significa que se puede hacer lo que a uno le da la gana. Siempre están presentes las restricciones.

La concepción moral del hombre y la concepción del mercado como un hecho natural, llevó a Adam Smith, en lo económico, apoyar la libertad comercial, tan bloqueada en sus tiempos por las barreras comerciales del proteccionismo político impuestos por los estados nacionales. Lo que se necesita –según Smith- es un sistema económico que canalice positivamente los intereses personales y ese no es otro que una economía de mercado libre, abierta y competitiva. En este sistema se deja a la gente a buscar sus propios intereses y, de esta manera, los individuos promueven los intereses de la sociedad “de una manera más efectiva que si estos estuvieran en sus designios”. Ningún individuo participaría libremente en un intercambio sabiendo que terminaría en peor situación que antes. En el comercio las partes ganan.

Smith también se percató que los intereses personales son los que también impiden el desarrollo libre de los mercados, porque hay la tendencia de buscar el privilegio. El dijo: “Esperar que en Gran Bretaña se establezca en seguida la libertad de comercio es tanto como prometerse una Utopía. Se oponen a ello, de una manera irresistible, no sólo los prejuicios del público, sino los intereses privados de muchos individuos”. Cuan acertado estuvo Smith, ya hace más de 200 años, con respecto a los países europeos y cuan acertado está hoy si nos referimos a lo que piensan las elites en Bolivia.

Precisamente, son los intereses privados que se imponen sobre los gobiernos de los estados para imponer políticas que directamente les favorecen, en desmedro de otros, más de las veces adornadas con el  discurso populista de empresarios que dicen que su objetivo es defender la industria nacional y así dar empleo a la gente, cuando lo que buscan es el amparo del estado para ganar más de lo que obtendrían si estuviesen sujetos a la competencia internacional y al comercio verdaderamente libre.

Lo natural en la vida en sociedad es el conflicto de intereses. Todo oferente quiere el precio más alto de lo que ofrece y toda demandante lo contrario. Sin embargo, estos conflictos se resuelven pacíficamente en los mercados. No cómo en la política, que muchas veces los conflictos de intereses llevan a la guerra.

Sin embargo, el orden natural, que es la economía de mercado, de manera libre o distorsionada por la política y los gobiernos, se abre campo de manera espontánea, en contra de la voluntad de las personas e incluso de las políticas de los estados cuando la entorpecen.

La Paz, 7 de marzo de 2012

Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=37869&tit=la_ley_de_interes_personal

23 Febrero 2012

Publicado por: Hoy Bolivia.com

Por: Armando mendez Morales (*)

Ni en Cuba ni en lo que se conoció como bloque soviético, o en la China de Mao, no se generó un nuevo sistema económico llamado “socialismo” alternativo al capitalismo o economía de mercado porque en verdad no existe, es una quimera. Lo que se hizo en esas sociedades es impulsar el capitalismo de estado llegándose a extremos en la eliminación de los mercados libres, junto a gobiernos totalitarios.

En 1968, Fidel Castro confiscó y estatizó 60,000 pequeñas y medianas empresas que estaban en manos privadas, como parte del proceso socialista. De esta manera acabó con productores y vendedores de comida, sastres, carpinteros, barberos, etc. Dicen que: “los tres logros más grandes de la revolución cubana son la salud, la educación y la baja tasa de mortalidad infantil, y que sus tres fracasos más grandes son el desayuno, el almuerzo y la cena”.

Una mala pasada le jugó la ancianidad a Fidel Castro, cuando a sus 84 años se sinceró inoportunamente señalando que el “modelo cubano (socialismo) no funcionaba ni siquiera para la isla”. Era el presagio de lo que se vino a continuación.

A 53 años de la fracasada revolución socialista cubana, el castrismo trata de salvar su modelo político dictatorial a cambio de reiniciar el clásico desarrollo capitalista bajo planteamientos como el de reactivar el aparato productivo (crecimiento insuficiente), atracción de la inversión extranjera, reducción de la deuda externa, disminución de los subsidios generalizados y disminución del número de trabajadores públicos. Para nada se habla del “vivir bien”.

Ahora los empleados públicos en Cuba son “relocalizados” y se transforman en trabajadores privados con el propósito de eliminar medio millón de burócratas (en la dramática Grecia tienen que eliminar 150.000).  Tendrán que dedicarse a actividades tales como la carpintería, tapicería, zapatería, cerrajería, fotografía, venta de equipos eléctricos y electrónicos, venta de productos al consumidor, etc. Es decir, tendrán que constituir lo que se denomina, en el mundo capitalista: MyPes (micros y pequeñas empresas). Tendrán el derecho de negociar los precios de lo que ofrezcan. El Estado les alquilará sus tiendas y equipos que posee. Más de un millón de hectáreas de tierras estatales ociosas se están entregando a los campesinos en usufructo.

Junto a estas decisiones puntuales se anuncian políticas para todo: macroeconómicas y sectoriales; de inversiones, ciencia y tecnología, social, industrial y agroindustrial, energética, turismo, transporte, vivienda, etc. siguiendo las equivocadas enseñanzas que la economía mixta ha dejado en el mundo en su paso, unas pocos veces exitosa y las más de fracaso. Estas decisiones estarán orientadas a atender los requerimiento de la “nueva clase” que realizaron su “acumulación primitiva de capital” durante medio siglo al amparo del Partido Comunista de Cuba, desconociendo el supuesto socialista de que no existe acumulación privada de riqueza en el socialismo. En verdad, como el mismo Raúl Castro ha reconocido, esta acumulación es consecuencia de la generalizada corrupción en la isla.

Después de cincuenta años la gente readquiere el derecho de comprar y vender casas, departamentos y vehículos. De esta manera se piensa reducir el alto déficit habitacional. Se eliminó la prohibición del uso de celulares. La banca estatal comienza a otorgar créditos a los particulares y ya no sólo a las empresas estatales, como fue la norma en el tiempo del “paraíso socialista”. Las MyPes podrán contratar gente como se lo hace en cualquier sociedad capitalista. Ya no será el Estado el único empleador como fue lo dominante en medio siglo de socialismo. Las MyPes harán negocios con las empresas estatales. Veremos como va la corrupción de ahora en adelante.

El  Estado Cubano continuará dándole prioritaria atención -como también lo hará el Presidente Morales en Bolivia- a la exploración y explotación petrolera asociándose a empresas capitalistas transnacionales, para que hagan el difícil trabajo en aguas marítimas profundas.

Cuba en 1889 fue el primer país en Iberoamérica que contó con un sistema de alumbrado público. El año 1900 el primer tranvía y el primer automóvil que llegaron a Latinoamérica fue para La Habana. En 1906 fue la primera ciudad del mundo en tener telefonía con discado directo, sin necesidad de operadora. En 1922 Cuba fue la segunda nación del mundo en inaugurar una emisora de radio. En Iberoamérica tuvo siempre un papel destacado. En 1950 fue el segundo país que introdujo la televisión. En 1955 Cuba ocupaba el segundo lugar con menor mortalidad y en 1956 se le reconoce como al segundo país con menos analfabetismo. En 1957 se le reconoce ser el país con mayor cantidad de médicos por habitante. Esta fue la Cuba antes del experimento castrista, que sustituyó a la dictadura de Baptista que duró siete años.

No existe información económica sobre el periodo revolucionario hasta el año 1985, como existe para cualquier país de la región. A partir de ese año CEPAL registra alguna información. Desde ese año hasta el año 2011 el producto interno bruto de América Latina creció a una tasa acumulada anual del 3 por ciento, siendo Chile el que mejor comportamiento tuvo y con una destacada tasa de 5,4 por ciento y Cuba la peor sólo con 1,5 por ciento, superando sólo a la pobre Haití que prácticamente no creció nada (0,1). En términos per cápita representa un crecimiento promedio anual para Cuba en ese periodo de sólo un 0,4 por ciento.

Un periodo malo de la economía cubana visto para el segundo quinquenio de lo años 80 del siglo pasado se hace tétrico en los primeros años de la década del noventa, cuando se desmorona el imperio soviético y con ello la enorme ayuda que Cuba recibía. Este largo periodo depresivo de la economía explica su bajo crecimiento en el periodo 1986-2011. Sin embargo, este dato puede ser optimista dado que en esta primera década del siglo XXI muestra un incomprensible e inusitado crecimiento anual promedio del PIB per cápita del 4,9 por ciento, (12 por ciento años 2005 y 2006), cuando simultáneamente su inversión total a PIB no supera al 10 por ciento. Ambos datos son incompatibles. Es conocido el hecho de que las cifras económicas de los países del bloque soviético habían estado sobredimensionadas, hecho que se conoció después de su caída. Esto mismo puede estar sucediendo en Cuba.

En  1958, antes de la revolución, el producto bruto interno de Chile era superior al de Cuba en 53 por ciento, pero Cuba exportaba el doble que Chile. Para el año 2008, Chile produjo 170 por ciento más y exportó ¡21 veces más que Cuba! Un problema adicional  es que el tipo de cambio oficial del dólar americano está lejos del paralelo. En Cuba el dólar paralelo es superior en veinticinco veces al oficial, por tanto, de sincerar el valor del dólar en Cuba su producción medida en dólares caería abruptamente (el oficial es un peso cubano por un dólar, el paralelo es 25 por un dólar).

Lo que se puede esperar de ahora adelante en Cuba son acciones contradictorias e hibridas. Se mantendrá el discurso ideológico socialista, dirán que “la planificación  manda la economía y no el mercado”. Han ideado un instructivo para que la gente pueda ejercer “178 oficios y profesiones privadas”. Así por ejemplo, el 23 corresponde a la venta de libros usados y el 29 es para asistente de baños públicos, el 61 es de lustrador de zapatos y el 152 es vendedor de quioscos, etc.

Se espera que el crecimiento económico de ahora adelante venga del sector privado y ya no del sector público que fue el rasgo de la revolución socialista cubana. Pero este proceso será lento. Hay que tomar en cuenta que por medio siglo se impidió la iniciativa privada y el surgimiento del espíritu empresarial, y esto deja secuelas. Puede extenderse el descontento social ante la generalizada reducción de los subsidios. La prestigiosa columnista disidente cubana,  Yoany Sánchez, a quién el gobierno cubano le impide realizar viajes al exterior, confirmando que Cuba es una tajante dictadura, dice: “Un kilogramo de frijoles sigue costando el salario de tres días y en 2012 el país tendrá que gastar 1,700 millones de dólares en importar alimentos”, tres veces más de lo que Bolivia importa.

La Paz, 22 de febrero de 2012

(*) Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=37825&tit=retorno_del_capitalismo_en_cuba

16 Febrero 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

Por: Armando Mendez Morales (*)

    El ministro De la Quintana tiene el propósito de reestructurar el Poder Ejecutivo. En una entrevista con el periódico digital Oxígeno dijo: “Sinceramente creo que debemos cambiar esa arquitectura, es insuficiente la gestión posterior de los conflictos. Este Estado requiere una nueva arquitectura para resolver la conflictividad”. 

    Él cree que la solución es disponer de un gabinete intersectorial. “Hoy la mirada es sectorial, cuando requerimos de una mirada trans e intersectorial”. Tiene la razón en este diagnóstico. Sin embargo, la solución no es política, la generación de redes intersectoriales e interespaciales, con sus respectivos nodos, es una tarea que sólo los mercados libres pueden hacerlo debido a su excesiva complejidad.

    También dijo, refiriéndose a lo que se espera vaya a acontecer durante al año 2012: “No me gusta ejercer el oficio de pitoniso, pero no se puede ignorar. Va a haber conflicto, por supuesto. Y le insisto, como en cualquier otra sociedad”. En este último punto es conveniente aclarar que toda sociedad que le otorga al Estado el papel predominante en la asignación de recursos y en la actividad económica es siempre más conflictiva que una economía de mercado, donde estas decisiones las toma la gente. 

    Un proceso revolucionario que quiere construir una sociedad idílica llamada socialismo: “para cada quien de acuerdo a sus necesidades, a cada quien de acuerdo a su capacidad”, cuyo objetivo supremo es imponer la “igualdad económica” en el seno del pueblo, enfrenta dos alternativas: o deja correr el conflicto destructivo y permanente, lo que lleva a levantar las manos a sus promotores, en algún momento para encauzar, otra vez, a la sociedad hacia el desarrollo de la economía de mercado como sistema pacífico de solución de conflictos o decidirse abiertamente por imponer el autoritarismo. No hay otras alternativas.

    Lo último es lo que hizo la ex URSS y su bloque durante 70 años. Pero no es fácil imponer el autoritarismo en las sociedades, más en una como Bolivia caracterizada por su permanente indisciplina social y atomización política.

    El intento de establecer un sistema económico alternativo a la economía de mercado denominado socialismo incluye cuatro comportamientos consustanciales, que son: el estatismo, el rentismo, el corporativismo y el clientelismo, todos ellos en continuo conflicto. Estatismo porque ubica al Estado como al principal responsable de la asignación de recursos económicos, consecuencia de esto es que la gente aprende que puede tener acceso a ingresos que administra el Estado, dando lugar al rentismo; corporativismo porque sólo cuentan los “movimientos sociales” y no los individuos, cada uno de ellos buscando imponer sus intereses sobre los demás, y clientelismo porque la forma de acceder a las rentas estatales es apoyando y poniéndose al servicio del Gobierno de turno.

    Los socialistas enfrentados a una continua demanda de la sociedad para que el Gobierno resuelva sus problemas, no saben por dónde encontrar las soluciones. En primer lugar siempre piensan que éstas son políticas, luego piensan que son problemas de organización, como la planteada por el ministro de la Presidencia: “una nueva arquitectura para resolver la conflictividad”.

    Charles Bettelheim, un marxista francés, encontró que el problema fundamental en la ex URSS y su bloque fue el divorcio entre la “instancia jurídica y la instancia de la realidad”. Este pensador se dio cuenta lo difícil que es normar y reglamentar todo, creyendo que con hacer eso la realidad cambia. Está demostrado que la realidad no cambia por más que así lo disponga la ley jurídica. Es lo que Marx enseñó: la superestructura no manda sobre la estructura económica. En última instancia predomina la estructura económica sobre la superestructura. O en otras palabras: las fuerzas productivas no se desarrollan ni cambian las “relaciones sociales de producción” porque existan leyes. Cuando esto se entiende, también se entiende por qué la economía de mercado se ha impuesto en el mundo como el orden natural en constante y pacífica evolución.

    El ministro de la Presidencia, con la experiencia ya adquirida en temas de gobernabilidad, dice que las gobernaciones y alcaldías deben asumir la responsabilidad que les corresponde en resolver conflictos y no sólo en recibir recursos del Gobierno central. Sin duda alguna es un paso importante reconocer que el Gobierno central no tiene la capacidad para resolver todos los problemas, pero tampoco tienen esas instancias de Gobierno más cerca de la gente. Por esta situación la respuesta óptima es dejar que los problemas se resuelvan en los mercados, en un marco de Estado de derecho. Las leyes no cambian la realidad, la realidad cambia las leyes.

    (*) Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

8 Febrero 2012

Publicado por: Pagina Siete (La Paz - Bolivia)

    Por: Armando Mendez Morales (*)
    Mi buen amigo y colega Alberto Bonadona escribió un artículo titulado: “Ciencia económica y moral”, siendo el elemento central de su reflexión el mercado. Aprecio que él ingrese al debate sobre lo que es una economía de mercado. Los economistas y Bolivia requieren que se discuta ya que el país, nos guste o no, es una economía de mercado. 

    El mercado no es punto de partida de la sociedad humana ni la vida misma. La producción lo es. El hombre desde que es hombre se ha enfrentado al reto de tener que conseguir sus alimentos para sobrevivir. En las primeras etapas el hombre producía por sí mismo lo que necesitaba o lo obtenía violentamente de algún otro quitándole o expropiándole. La civilización -la modernidad- se caracteriza porque la única manera de obtener algo que se necesita privadamente es por medio del intercambio voluntario, lo cual se conoce como economía de mercado.

    En una economía de mercado la gente no piensa todo el día en “hacer dinero”. Lo que la gente hace todo el día es trabajar, porque es la manera dominante mediante la cual se obtienen ingresos para intercambiarlos en los mercados y de esa manera satisfacer sus necesidades. 

    En la medida en que los mercados de trabajo se desarrollan se observa la inmensa variedad de la calidad del factor trabajo y las grandes diferencias salariales. Los trabajadores en las empresas son como los equipos de fútbol, colaboran y compiten. Ambos requieren reglas y que se cumplan. La competencia y la colaboración son inexorables. Todos ganan pero unos ganan más que otros. Esto está bien si es consecuencia de la competencia.

    La acumulación de capital, que fue una condición para el éxito de la revolución industrial, es sin duda un valor para toda aquella persona que quiere ser empresario. Sin capital no se va a ninguna parte. Y de seguro que este personaje “piensa desde la mañana cómo hacer dinero, al medio día cómo hacerlo crecer y por la noche cómo acumularlo”. 

    En la actividad económica, vale decir en el intercambio, todas las personas queremos obtener el máximo ingreso de lo que hacemos con el menor costo posible. Y aquí entra la moral y los valores. Individuos sin moral son los que se dedican al intercambio delincuencial, como es el de los mercenarios, tráfico de órganos, trata de blancas, de niños, etc., pero éstos no son los más, son los menos como todo lo delincuencial. Este nefasto tipo de intercambio se elimina con la educación moral de la gente o por el acuerdo social de su prohibición, que se expresa en una ley.

    Es también cierto que la gente no sólo busca ingresos en su vida, también busca otras miras. Se observa, en la medida que la gente se enriquece, comportamientos altruistas. Fortunas que son donadas a universidades o para actividades benéficas en favor de los pobres. 

    Hace poco los 40 más grandes ricos del mundo han decidido donar la mitad de sus fortunas, entre ellos Bill Gates.

    Mientras la conducta de los empresarios exitosos los lleva a la acumulación de capital, hay otras personas que ante todo buscan “el reconocimiento de su propio valor, de su intrínseca dignidad”. Entre éstos se destacan quienes buscan la gloria, están los héroes de guerra, los auténticos revolucionarios de todos los tiempos que se alzan en armas con el propósito de construir la utopía en la tierra, pero mientras sobreviven también matan a muchos inocentes, escudados en su doble moral.

    Por tanto, la moral y el mercado son ámbitos diferentes de la vida del hombre, pero que se encuentran.

    El mercado es el orden social por excelencia que se desarrolla desde lo simple a lo complejo, desde el intercambio esporádico hasta el generalizado. Es un sistema económico que responde a sus propias leyes, una de ellas es la competencia cuyo éxito está en su eficiencia, históricamente demostrado como el mejor sistema económico creador de la riqueza porque se asienta en el principio más importante del hombre que es la libertad, lo que le lleva a desarrollar sus iniciativas y creatividad. A los oferentes no siempre les gusta competir, sean empresarios o sean trabajadores, prefieren ingresos seguros que les pueden otorgar la intervención gubernamental, que los inseguros que otorga el mercado, o alternativamente actúan de manera monopólica, sin serlo, porque tienen el amparo del Estado, y que es la forma de concentrar el ingreso.

    La moral corresponde al mundo de la ética. Mientras el mercado enseña a la gente a ser eficiente, la moral le enseña a desarrollar su actividad económica eligiendo el bien y no el mal. Hombres morales y eficientes dieron el salto histórico en la Inglaterra del siglo XVIII amparados en la religión protestante. Hoy, a esto se llama educación.

    (*) Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

30 Noviembre 2011

Publicado por: Hoy Bolivia (Santa Cruz - Bolivia)

Por: Armando Mendez Morales

Con este título presento la obra académica de toda una vida dedicada a la cátedra universitaria, gracias al patrocinio de la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativa y Financieras, como así de su Unidad de Postgrado, de la Universidad Gabriel René Moreno de Santa Cruz, y del Instituto Boliviano de Comercio Exterior.

Este libro sigue la visión moderna de la economía que dice que los fundamentos de la ciencia económica se encuentran en la microeconomía, en el estudio de los mercados, y que la macroeconomía es la parte siguiente que se ocupa de estudiar a los mercados agregados. Toda mi experiencia de docente universitario me ha demostrado que los estudiantes de economía en Bolivia tienen una formación muy débil en microeconomía, en la comprensión del funcionamiento de un sistema de mercado. Es por este motivo que inicio el libro con un capítulo destinado a explicar lo que es un sistema de mercado. He llegado a la conclusión que no tienen ningún sentido estudiar economía monetaria si previamente no se tiene una muy buena comprensión de lo que es una economía de mercado.

Es importante distinguir la diferencia existente entre mercado y sistema de mercado. El primero está presente en todas las sociedades ya desde tiempos muy remotos, en cambio, el sistema de mercado es un hecho reciente como consecuencia de la proliferación del intercambio en los mercados. Cuando esto sucede el sistema de mercado se convierte en un coordinador en gran escala que se basa en los ajuste mutuos para enfrentar el problema fundamental de la economía, que es el de la escasez de recursos. El sistema de mercado coordina de manera libre y cooperativa las actividades humanas de la sociedad por medio de interacciones mutuas que toman  la forma de intercambios. Una economía de mercado se distingue por la existencia de precios monetarios, entendidos éstos como las valoraciones que oferentes y demandantes realizan en los mercados y que se expresan en unidades monetarias.

El libro contiene trece capítulos, el primero está dedicado a una presentación  de los que es una economía de mercado en el mundo de la modernidad, lo que es un sistema de precios, los principios y fines del mercado, su estructura, sus limitaciones y las dos principales corrientes que son la economía libre de mercado y la economía social de mercado. El propósito es dejar establecido que el  sistema denominado economía de mercado es el único sistema eficiente para la creación de la riqueza en el mundo moderno compatible con la libertad, objetivo supremo de la humanidad.

El segundo está dedicado al estudio de lo que es el dinero, sus funciones y definiciones. En el tercero se desarrolla la teoría cuantitativa del dinero tanto en su versión clásica como en su versión desarrollada. El cuarto presenta el mercado monetario y la determinación del nivel de precios y de la tasa de interés. El quinto aborda las teorías sobre la tasa de interés y el sexto hace una presentación de los principales modelos macroeconómicos donde se estudia el comportamiento del sector monetario. A partir del capítulo séptimo que se dedica a un análisis de lo que son las economías nacionales deficitarias, por una parte, y dolarizadas, por otra, se presenta un material más especializado. El capitulo ocho aborda el tema de la inflación y las diferentes teorías existentes al respecto. Se ha considerado oportuno darle preferente atención a la hiperinflación boliviana de los años ochenta del siglo XX que ilustra muy bien cómo se aplican en la realidad las teorías sobre la inflación. El nueve presenta las diferentes teorías sobre la demanda de dinero. El décimo se refiere a la oferta de dinero y demuestra quienes son creadores de este bien artificial al interior de las economías nacionales. El capítulo 11 se refiere a tópicos monetarios y el 12 a la política monetaria.

En el último tiempo se introdujo un capítulo más, el 13. En estos años se vivió un acontecimiento fundamental cual es la primera crisis financiera mundial del Siglo XXI y que ha dado lugar también a la primera recesión económica. No podía dejar de referirme a este hecho, porque considero que sus causas son monetarias.

La Paz, 30 de noviembre de 2011

* Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=37601&tit=economia_monetaria

23 Noviembre 2011

Publicado por: La Prensa (La Paz - Bolivia)

El Gobierno recibe actualmente los réditos de las bases económicas que dejaron otros y gracias a los precios internacionales de las materias primas. No son fruto de su administración, sino de varios hechos favorables

¿Cómo observa la política económica del Gobierno nacional?
Para empezar, las reservas bolivianas representan el 60 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), al igual que en China. La diferencia es que las reservas del gigante asiático son propias, mientras que Bolivia está endeudada. Hay un principio económico, cuando uno tiene un déficit, debe recurrir a los préstamos, pero ahora, los ingresos son mayores que los gastos. No requerimos endeudarnos.
Bolivia tiene en su poder un exceso que no se está utilizando, que está en bancos y sin embargo el presidente Morales sigue endeudando al país.
¿Qué significa esto?
No logro comprender esta forma de actuar, por qué el Gobierno se endeuda teniendo superávit fiscal. Ha crecido la deuda de Bolivia pese al perdón de la deuda que recibió el país.
Algo que tiene que estar claro, nuestras reservas internacionales ganan muy poco interés, sin embargo, Bolivia paga intereses altos por los préstamos que se contrae. El Gobierno se presta teniendo plata guardada en el chanchito. No es razonable. 
¿Qué puede decir sobre la bonanza económica que tiene Bolivia?
Bolivia tiene el mejor comportamiento de toda su historia. En nuestra pobreza, el país está bien porque el capitalismo mundial, sistema que predomina en el mundo, durante estos años ha generado precios altos de las materias primas. 
¿Es favorecida Bolivia por el capitalismo?
Debemos decir que el presidente Morales ha tenido la suerte de recibir un buen legado de los diabólicos neoliberales. Sucede que éstos dejaron buenos contratos para vender gas al Brasil, producto de la capitalización. Ese proyecto se implementa a principios de 2000. Vendemos al Brasil volúmenes cada vez más crecientes, acompañado de eso viene un precio magnífico. Hoy estamos vendiendo a precio de nueve dólares promedio. En principio, el gas se vendía a un dólar.
¿Es el incremento en los precios internacionales el artífice de la bonanza económica del país?
Exactamente, hay unos ingresos formidables que han permitido al Gobierno, como nunca, que tenga ingresos fiscales. Antes de esta época, la historia era de déficit fiscal. A partir del Gobierno de Morales, todo es superávit por la bonanza económica en la que estamos, gracias a los precios de los hidrocarburos.
¿En qué circunstancias asumió el mando el presidente Evo Morales?
El presidente Morales tuvo la suerte de subir al carro en el ciclo ascendente. Justamente viene a gobernar cuando la economía está en pleno boom por la subida de los precios internacionales. Entonces, los réditos los ha recibido él.
Ahora, hablemos de la economía interna, el nivel microeconómico…
El Gobierno ha tomado actitudes negativas, como la prohibición a las exportaciones, lo que no le hace bien al país. 
Ésta es una situación delicada, es un suicidio para la economía nacional. Bolivia necesita producir, necesita mercados para tener un desarrollo sostenible.
Se está retornando a la economía primaria, las materias primas.
¿Cómo ve la política monetaria del Gobierno?
Se ha actuado razonablemente bien en materia de política monetaria, prueba de ello es que la inflación no se ha disparado.
Sin embargo, el tipo de cambio tendría que haberse mantenido fijo y no jugar con las minidepreciaciones del dólar.
Bolivia, dada las particularidades, debería continuar con un tipo de cambio fijo, porque las variaciones hacen daño. Esto genera falsas expectativas, hay mucha gente que ha dejado de acumular dólares y se ha dedicado a comprar departamentos, lo que tarde o temprano influirá en la inflación. El país logró crear con éxito un sistema cambiario fijo administrado adecuadamente por el Banco Central de Bolivia. Todo país puede mantener un cambio de tipo fijo con una condición, tener reservas fuertes.

“Bolivia, en estos seis ultimos años, debía haber pagado la deuda externa, no prestarse ni un solo peso porque no necesita, como los gobiernos anteriores”.

"Todo lo que es economía monetaria, el dinero, es ayudar a que los mercados funcionen, se conecten. La economía es dinero, es la base que hace funcionar el mundo".

“Se endeuda para adquirir un satélite. Se presta 300 millones de dólares cuando podía pagar al contado y no endeudarse. Pide créditos cuando hay dinero que se puede utilizar”.

http://www.laprensa.com.bo/diario/actualidad/economia/20111123/%E2%80%9Cbolivia-no-necesita-endeudarse-ahora%E2%80%9D_12755_21111.html

29 Julio 2011

Publicado por: Hoy Bolivia (Santa Cruz -Bolivia)

Por: Armando Mendez Morales

Como podría titular de esta manera un artículo cuando los revolucionarios socialistas del mundo sostienen que se está viviendo una grave crisis alimentaria mundial ocasionada por el modelo "neoliberal", que es la forma actual de denominar al capitalismo, sistema que -según ellos- ha ocasionado el calentamiento global, que eleva el precio del petróleo y que ha ocasionado la explosión demográfica, todo lo que está llevando a un fuerte crecimiento de los precios de los alimentos. Una primera contradicción que se debe aclarar. Es cierto que la población aumentó vertiginosamente en el último tiempo. Mientras en 1750 la población mundial estaba en el orden de los 800 millones de habitantes, hoy está en los 6,850 millones, con todos los costos que ello implica. Si el sistema capitalista ha generado la explosión demográfica entonces quiere decir que ha producido los suficientes alimentos para que la gente no se muera como era lo habitual en las sociedades precapitalistas. Thomas Malthus sostenía que la población no se expandiría más precisamente por la falta de alimentos. Además, el capitalismo ha permitido el avance de la medicina por lo que se ha reducido abruptamente la morbilidad y mortalidad. Primera conclusión, el capitalismo es bueno.

Los extremistas socialistas dicen que hay una "globalización de la pobreza", que se inició en la década de los años ochenta del siglo XX cuando América Latina vivió la crisis de la deuda externa, que llevó a la imposición de desastrosas reformas -según ellos- por parte del Fondo Monetario Internacional. Con ligereza sostienen que el "nuevo orden mundial se alimenta de la pobreza mundial y de la destrucción del orden natural". La información estadística a nivel mundial, señala que más bien cada año se reduce la pobreza.

Los extremistas socialistas del mundo se rasgan sus vestiduras cuando dicen que hay insuficiencia de producción de alimentos, pero se oponen militantemente en contra al uso de transgénicos para la producción, cuando es la forma eficiente de aumentarla sostenidamente. Expresan un rechazo visceral a la producción de biocombustibles diciendo que esto es un "crimen contra la humanidad", porque destina territorios para producir productos agropecuarios que alimentan a los automóviles y no a los hombres. Por un lado gritan al cielo su rechazo al incremento de precios de los hidrocarburos y por otra se oponen a que se busque alternativas de producción de energéticos, que impidan la expansión del precio del petróleo y, con el tiempo, obligue a su reducción. Esto abarataría toda la cadena productiva de alimentos.

A nivel mundial se ha impuesto el denominado sistema capitalista, el otro nombre de la economía de mercado. Como no existe otro sistema económico en ningún país del mundo, todo los avances económicos, conjuntamente sus costos, se  tiene que atribuir al capitalismo. Pero los socialistas sólo le atribuyen los costos, no así los beneficios. Habría que preguntarles: ¿cuál el sistema económico que permite que cada año la producción mundial aumente sostenidamente para que la gente viva mejor, para que disponga de una mayor cantidad de bienes y de servicios, goce de una mejor salud, aumente la esperanza de vida de la gente y disminuya la mortalidad infantil?

El problema en los pueblos subdesarrollados del mundo es que son sociedades de muy baja productividad, que no tienen la capacidad de producir los alimentos que requieren, de la misma manera como aconteció en las sociedades precapitalistas en el pasado.  Esas sociedades reciben alimentos de los países desarrollados en calidad de donación, de lo contrario su gente moriría de hambre. La pregunta que hay que responder con rigurosidad es: ¿Por qué ciertos países, en particular los africanos, ofrecen un patético comportamiento económico? ¿Por qué no puede desarrollarse el capitalismo en esos países, como lo han hecho los europeos, los asiáticos y los americanos? Las sociedades capitalistas avanzadas tienen poca gente trabajando en la agricultura y producen todo lo que necesita su población para alimentarse muy bien, ofrecen abundantes insumos que requieren sus actividades industriales, exportan e incluso regalan.

La revolución industrial, que es otro nombre que tiene el capitalismo y la economía de mercado, permitió a los países que ingresaron a ese proceso un crecimiento positivo del producto por habitante. Hasta esa entonces, la producción crecía al mismo ritmo que la población, manteniéndose constante el producto per capita. Inglaterra, cuna de este proceso presentó un inusual crecimiento promedio per cápita anual del 1,3 por ciento en la primera mitad del siglo XIX. En las últimas tres décadas, China está creciendo a la increíble tasa del 9 por ciento.

Karl Marx sostuvo que irremediablemente la clase obrera se empobrecería. El Premio Nobel de Economía Paul Samuelson, en su libro, tan completo, titulado "Economía", sostiene que para 1900 el salario real estaba creciendo, no bajando, en el mundo occidental. Desde entonces, en los EEUU, este salario creció sostenidamente mientras disminuía el número de horas trabajadas. Este mismo destacadísimo economista, profesor de varias generaciones de economistas, al momento de realzar los inventos, tanto en procesos de producción que han incrementado la productividad como en productos, que se ha dado al interior del capitalismo, subraya entre los primeros a: "la máquina de vapor, la generación de electricidad, los antibióticos, el motor de combustión interna, el avión de fuselaje ancho, el fax" ; entre los segundos: "el teléfono, la radio, el automóvil, el avión, el fonógrafo, la televisión, el microprocesador y el magnetoscopio".

La difusión de estos productos entre la gente corriente es impactante. Según datos procesados por Samuelson, para los EEUU, los automóviles, cuya difusión empieza  para principios del siglo XX, llega al 80 por ciento de hogares para el año 1930. El uso de energía eléctrica, que beneficiaba al 10 por ciento de los hogares para 1910, llega al 100 por ciento para el año 1955. El televisor, que aparece a fines de los años 40, en diez años abruptamente llega a todos. Los teléfonos celulares, que aparecen en 1985, de manera exponencial se difunde su uso, tal que para el año 2000 su uso abarcaba ya el 70 por ciento de los hogares. Finalmente, el uso de computadoras personales, que para el año 1985 llegaba al 10 por ciento de los hogares, a fines del siglo pasado ya estaba en el orden del 40 por ciento. Si estos datos se actualizasen con lo acaecido durante la primera década del siglo XXI veríamos que ya estamos en los máximos. Este proceso se ha dado en todo el mundo capitalista desarrollado. Incluso, en países con bajo desarrollo económico, como Bolivia, hoy se confirma que el 50 por ciento de los hogares tiene un automóvil, el uso del televisor y de los celulares esta generalizado.  Todo este proceso es consecuencia del sistema económico capitalista. No del socialismo fracasado, sistema alternativo que se trató de construir en la ex URRS y en Cuba. Por esto, ambas sociedades comienzan a recorrer el inexorable camino de la construcción del capitalismo.

Según un personero de Google, hoy hay cinco mil millones de aparatos telefónicos en el mundo cuando el año 2000 había 907 millones. Sólo en Pakistán hay 100 millones de celulares frente a 300 mil de hace una década. Los usuarios de Internet han pasado de 361 millones a más de dos mil millones en este mismo periodo.

Hoy, la presencia del cada vez más generalizado del uso del Internet, pone a disposición del que quiera la biblioteca universal virtual, y con ello todo tipo de conocimiento. Las redes sociales, como Facebook, Twiter y otras, el e-mail y el chat, permiten que millones de personas se comuniquen a través del mundo, dando a conocer lo que saben y sienten. La misma gente que despotrica contra el sistema económico que les permite comer y vivir bien, gozan de una libertad de expresión nunca antes alcanzada, gracias al avance del capitalismo. No requieren que ningún periódico "oligarca" les publique lo que piensan, pueden difundirlo con total libertad por Internet.

¿Cómo se puede estar en contra del capitalismo, cómo se puede querer hacer la revolución para detener este maravilloso sistema económico, desarrollado en los últimos tres siglos? Por supuesto que la economía siempre tiene problemas. Si no fuera así no habría economistas ni necesidad de estudiar economía. Si no sería así no habría necesidad del desarrollo de la tecnología.  Hay pobreza en el mundo, pero hoy este problema abarca a menos del 20 por ciento de la población mundial, cuando antes de la llegada de este sistema abarcaba a la mayoría, seguramente a más del 90 por ciento.
La Paz, 27 de julio de 2011

*Miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas

http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=37188&tit=maravilloso_capitalismo

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